Oratoria y retórica en la antigua Roma: características, Cicerón y Quintiliano

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Características de la oratoria y la retórica

La oratoria es el arte de utilizar la palabra en público con corrección y belleza para agradar y persuadir al mismo tiempo. Tuvo en Roma un uso temprano y prolongado. Favoreció su desarrollo el sistema político de la República; este arte se mantuvo vivo mientras subsistió la Constitución republicana. En una cultura como la romana, eminentemente oral, la oratoria impregnaba casi toda la vida pública, y su valor era reconocido en los tribunales, el foro y en algunas manifestaciones religiosas.

La oratoria comienza a practicarse en una época muy temprana; el primer discurso es el pronunciado por Apio Claudio el Ciego, con motivo de la guerra contra Pirro. Durante estos primeros años, la historia se desarrolla teniendo como elemento fundamental la improvisación; más tarde empiezan a ponerse por escrito los discursos.

La oratoria antes de Cicerón

Los dos últimos siglos de la República, y muy especialmente el primero de ellos, en el que destaca la figura de Cicerón, conocen el desarrollo extraordinario de la oratoria; sin embargo, sabemos que antes de Cicerón ya destacaron en Roma algunos oradores brillantes. Entre ellos podemos mencionar a Catón el Censor, autor de unos 150 discursos, de los que solo nos han llegado fragmentos; a Lelio o a Escipión Emiliano; a Tiberio y a Cayo Graco, y a Marco Antonio y Craso.

Cicerón (I a. C.)

Con la aparición de Cicerón, la oratoria romana alcanza su punto más alto. Marco Tulio Cicerón (106-43 a. C.) nació en Arpino. Su familia pertenecía a la pequeña nobleza local. Marchó a Roma al final de los años 90 del siglo I, donde recibió una excelente educación, y, tras una muy breve carrera militar y tres años de experiencia como abogado en los tribunales de justicia, viajó a Grecia y Asia para continuar sus estudios. Regresó a Roma en el 77 a. C. y comenzó su carrera política hasta que en el 74 a. C. se incorporó al Senado. Fue elegido cónsul en el 64 a. C. Durante su consulado denunció y reprimió la conjura de inspiración social de su antiguo rival por el consulado, Lucio Sergio Catilina, y hubo de exiliarse en el 58 a. C. Apoyó a Pompeyo contra César en la guerra civil, porque le parecía más republicano. Sin embargo, al vencer César finalmente, en el 48 a. C. Cicerón comprendió que era inútil toda oposición, y César le perdonó por su gran prestigio como escritor. No obstante, Cicerón declinó toda actividad política y se dedicó a escribir. Murió asesinado por los partidarios de Marco Antonio el año 43 a. C.

Cicerón fue autor de una amplia obra oratoria y retórica, que suele dividirse en dos grupos:

  • Discursos judiciales y políticos: como abogado escribió numerosos discursos de distinta naturaleza: discursos judiciales de defensa, como Pro Archia poeta y Pro Milone (este último es, quizá, la mejor pieza de oratoria latina); discursos judiciales de acusación como las Verrinas (contra Verres) y las Filípicas.
  • Tratados retóricos: sus investigaciones sobre cuestiones retóricas se recogen en los siguientes libros: De Oratore, donde reflexiona sobre la formación del orador; y Orator, donde hace un retrato del orador ideal.

En cuanto al estilo, muestra un estilo cambiante. Cicerón pretende hacer creer que su estilo no es ni asianista ni aticista, sino rodio.

Durante el Imperio

Durante el Imperio, la oratoria empieza a perder su carácter de utilidad pública: la oratoria judicial y deliberativa experimenta un retroceso, porque el Senado estaba cada vez más sometido a la voluntad del emperador.

Marco Fabio Quintiliano

Nuestro segundo autor, Marco Fabio Quintiliano, era natural de Calahorra (La Rioja), aunque, como muchos otros escritores, se educó en Roma. Volvió como maestro a su ciudad natal, pero el emperador Galba se lo llevó de nuevo a Roma nada más ocupar el trono en el año 68.

Su obra principal, Institutio Oratoria, dividida en doce libros, se basa en un vasto conocimiento teórico y, sobre todo, en su propia experiencia en la escuela y su práctica como orador. El fin de Quintiliano es convertir su obra en un plan de enseñanza oratoria dentro del marco de un programa de educación y formación general.

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