El ocaso de la dictadura de Primo de Rivera y el nacimiento de la Segunda República
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La oposición a la dictadura y la caída de Primo de Rivera
La oposición al régimen era amplia y heterogénea, integrando a liberales, conservadores, republicanos, socialistas y sectores estudiantiles. Una de las claves fundamentales fue el creciente descontento en el Ejército debido a las arbitrariedades cometidas por Primo de Rivera.
Tras el crash de la Bolsa de Nueva York en 1929, se agudizaron los problemas económicos. El descontento social, manifestado a través de huelgas y la devaluación de la peseta, incrementó la oposición a la dictadura. Sin apoyos sociales, el 27 de enero de 1930, Primo de Rivera presentó su dimisión, la cual fue aceptada por el monarca; el dictador fallecería dos meses después en París.
De la monarquía a la República
Tras la dimisión, Alfonso XIII nombró jefe del Gobierno al general Berenguer, iniciando el periodo conocido como la "Dictablanda", donde se intentó infructuosamente retornar a la situación política anterior a 1923. Los partidos tradicionales, liberales y conservadores, se mostraron incapaces de articular un sistema de partidos aceptable, y solo figuras desprestigiadas colaboraron con Berenguer.
El Pacto de San Sebastián
Las libertades constitucionales fueron restablecidas lentamente, lo que fue aprovechado por la creciente oposición. En agosto de 1930, republicanos y socialistas, entre otros, firmaron el Pacto de San Sebastián con el objetivo de derrocar la monarquía e instaurar una democracia. Para coordinar este movimiento, crearon un comité revolucionario presidido por Niceto Alcalá-Zamora, republicano conservador.
El colapso del sistema monárquico
Alfonso XIII se encontraba cada vez más aislado, mientras que sectores militares comenzaron a ver con buenos ojos la República, apoyada incluso por la CNT. El 15 de diciembre de 1930 fracasó una sublevación militar republicana en Jaca. Sus líderes, Galán y García Hernández, fueron juzgados y ejecutados. Casi todo el Comité Revolucionario fue detenido en medio de un clima de profundo descontento antimonárquico.
Berenguer dimitió el 14 de febrero de 1931, dando paso al gobierno de Aznar, quien convocó elecciones municipales para el 12 de abril con el fin de retornar a la legalidad constitucional. Sin embargo, estos comicios se convirtieron en un plebiscito sobre la monarquía. El triunfo aplastante de las candidaturas republicanas y socialistas en las zonas urbanas precipitó la abdicación del rey y la proclamación de la República el 14 de abril de 1931.