Obras Maestras del Postimpresionismo: Van Gogh y Gauguin en 1888
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Obras Maestras del Postimpresionismo: Un Estudio de 1888
La habitación de Arlés - Vincent van Gogh (1888)
Estilo: Postimpresionismo. Ubicación: Museo d'Orsay.
Esta obra utiliza una extraña perspectiva, inexacta pero con capacidad para sugerir la profundidad y un colorido estridente, sin apenas tonalidad. Produce una sensación de malestar, aunque Van Gogh pretendía lo contrario. Los objetos adquieren un valor simbólico; en esta etapa predominan las sillas desocupadas y las habitaciones vacías, probablemente como símbolo de su soledad y el fracaso de su intento de formar una colonia de artistas.
Características Estilísticas
- Factura empastada: Uso de capas gruesas de pintura.
- Pincelada vibrante: Dinamismo en el trazo, sin llegar a las pinceladas arremolinadas de su última etapa.
La visión después del sermón - Paul Gauguin (1888)
Estilo: Postimpresionismo. Ubicación: Galería Nacional de Escocia, Edimburgo.
Este cuadro marca la ruptura definitiva de Gauguin con sus inicios impresionistas y supone la superación de la visión realista del mundo. Gauguin se trasladó a Bretaña para alejarse de París y de lo que él creía el mundo agotado del arte aburguesado.
La Búsqueda de lo Primitivo
La búsqueda de nuevas formas artísticas que conectaran su pintura con lo primitivo lo llevan a inspirarse en las estampas japonesas, con los colores aplicados en grandes manchas de tintas planas. Siente curiosidad también por el arte de los pueblos africanos. Esta búsqueda de lo primitivo es lo que le llevará, posteriormente, a instalarse en Tahití.
Composición y Temática Religiosa
Aquí, hace su versión personal de un cuadro religioso. La escena se desarrolla en las puertas de la iglesia, donde un grupo de mujeres bretonas, impactadas aún por el sermón dominical, contemplan en un prado cercano una escena bíblica: la lucha de Jacob y el ángel.
Jacob había engañado a su padre, Isaac, para lograr la primogenitura frente a su hermano, por lo que fue condenado a vivir temporalmente lejos de su madre, hasta que se reconcilió con Dios y su familia. Aunque se trata de una escena religiosa, Gauguin la traslada al paisaje rural de la Bretaña. Intentó donar el cuadro a la parroquia, pero el cura del pueblo lo rechazó por considerarlo poco piadoso. Es una creación, no una representación; es la expresión del mundo íntimo del pintor.