Obras Maestras del Barroco en Roma: Bernini y Caravaggio

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El Éxtasis de Santa Teresa de Bernini

  • Localización: Capilla Cornaro, Santa María de la Victoria (Roma, Italia).
  • Cronología: Mediados del siglo XVII.
  • Estilo: Arte Barroco.

Justificación y descripción de la obra

Bernini consigue unir arquitectura, escultura y pintura en un magistral espacio escenográfico. La capilla, un derroche de mármoles y jaspes de colores, recuerda a un teatro. Santa Teresa en trance espera que el ángel traspase de nuevo su corazón con la lanza de fuego. La cara del ángel se muestra entre maliciosa y beatífica.

La emoción se palpa en el éxtasis de la santa: en su cuerpo desmayado, la cabeza hacia atrás, los ojos cerrados y la boca entreabierta en un quejido inaudible. Ilumina la escena una ventana de cristal amarillo oculta, que ayuda a crear la ilusión de que el sol se materializa en el haz de rayos dorados que envuelve a los personajes.

En la parte superior del conjunto, un fresco representa un paraíso bendiciendo la escena. Los miembros de la familia Cornaro se asoman a unos balcones laterales en las paredes de la capilla. Con lo cual, se transforman esas tumbas de la pared en los palcos de un teatro, contemplando la escena.

La Vocación de San Mateo de Caravaggio

  • Localización: Iglesia de San Luis de los Franceses (Roma, Italia).
  • Cronología: Principios del siglo XVII.
  • Estilo: Pintura Barroca.

Justificación y contexto histórico

Mateo Contarelli, importante comerciante francés, compró para su gloria eterna la Capilla Contarelli de la iglesia de San Luis de los Franceses en Roma con la intención de ser enterrado allí. Encargó un completo programa de pinturas y esculturas dedicadas al santo que le daba nombre: San Mateo.

La Vocación de San Mateo presenta siete personajes que han de organizarse coherentemente y en profundidad en un espacio arquitectónico que ya no puede ser eludido por el pintor en una suerte de fondo neutro perdido en la oscuridad. Sin embargo, Caravaggio no renunció en absoluto a sus recursos plásticos, y de nuevo la luz es la que da estructura y fija la composición del lienzo.

Así, tras la figura de Cristo que acaba de penetrar en la taberna, brilla un potente foco de luz. La luz ha entrado en las tinieblas con Cristo y rasga el espacio diagonalmente para ir a buscar a la sorprendida figura de Mateo, quien se echa para atrás y se señala a sí mismo dudando que sea a él a quien busca. El rayo de luz reproduce el gesto de Cristo, alargando de manera magistral su alcance y simbolismo. Un compañero de Mateo, vestido como un caballero fanfarrón de la Roma que conocía tan bien Caravaggio, se obstina en no ver la llamada y cuenta con afán las monedas que acaban de recaudar.

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