La Obligación Ética del Psicólogo: Fomentando la Autonomía y Dignidad del Paciente
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La Obligación Moral del Psicólogo: Fomentando la Autonomía del Sujeto
"La obligación moral del psicólogo es poner al sujeto en el lugar de decidir por sí mismo."
Principios Fundamentales de la Psicoética
Esta profunda cita nos invita a reflexionar sobre los pilares éticos que rigen la práctica psicológica. Se refiere directamente al principio de beneficencia, el cual se vincula intrínsecamente con otros principios fundamentales como la autonomía y la justicia. A continuación, exploraremos cómo estos principios se entrelazan y cuál es el valor supremo que defienden.
El Principio de Beneficencia y el Desafío del Paternalismo
El principio de beneficencia implica la necesidad del profesional de incrementar en la persona su conciencia, su autonomía y su capacidad de convivir con los demás. Esto se traduce en beneficiar al individuo al hacer todo aquello que aumente su vida de relación con los demás y su capacidad de vivir consciente y libremente de acuerdo con sus valores y deseos.
Sin embargo, la aplicación del bien se mezcla a menudo con el concepto de paternalismo. Esta es la actitud ética que considera justificado obrar contra o sin el consentimiento del paciente para maximizar su bien y evitar el perjuicio de la propia persona o de terceros. La dificultad radica en discernir cuándo una acción paternalista está moralmente justificada.
Tipos de Paternalismo en la Práctica Profesional
Se distinguen principalmente dos tipos de paternalismo:
- Paternalismo Débil: Se justificaría para impedir la conducta referente a uno mismo o a terceros, siempre que dicha conducta sea notoriamente involuntaria o irracional; o cuando la intervención de un profesional sea necesaria para comprobar si la conducta es consciente o voluntaria.
- Paternalismo Fuerte: Es aquella actitud ética que justifica la manipulación forzosa de las decisiones de una persona consciente y libre cuyas conductas no están perjudicando a otros, pero que, a juicio profesional, son irracionales o perjudiciales para el propio paciente.
En el contexto de la psicología, un paternalismo débil podría manifestarse en la actitud del psicólogo que considera que las personas no están en condiciones de decidir sobre las posibilidades que estiman adecuadas con respecto al tipo de intervención que se les va a aplicar. Por otro lado, un paternalismo fuerte implicaría aplicar técnicas de condicionamiento en contra de la voluntad de la persona con la intención de hacerle el bien (por ejemplo: liberarlo de una secta).
El Principio de Autonomía: La Capacidad de Decidir por Sí Mismo
La cita inicial también se vincula directamente con el principio de autonomía. Este principio establece que todo individuo tiene la capacidad de gobernarse a sí mismo. El ser humano posee un valor intrínseco: el de ser siempre un fin en sí mismo y nunca un medio para otro objetivo. Por lo tanto, toda persona merece ser respetada en sus decisiones, siempre y cuando estas no sean perjudiciales para otros.
El Principio de Justicia: Igualdad de Oportunidades y Derechos
Finalmente, la obligación moral del psicólogo también se conecta con el principio de justicia. Este principio exige garantizar el derecho de todo ciudadano a la igualdad de oportunidades para buscar la satisfacción de sus necesidades básicas, tales como la vida, la salud y la libertad.
La Dignidad Humana: Valor Supremo de la Psicoética
Es crucial entender que estos tres principios —el respeto por la autonomía, el principio de hacer el bien (beneficencia) y el de justicia— son inseparables. Juntos, delinean los deberes primarios de todo ser humano y los derechos inherentes a las personas y los pueblos. Esta trinidad de principios debe articularse de manera coherente para establecer una relación ética apropiada entre el profesional, la persona y la sociedad. Solo así se puede alcanzar el valor ético supremo que subyace a toda la psicoética: la dignidad de la persona.