Nihilismo y la muerte de Dios: religión, cultura occidental y voluntad de poder en Nietzsche

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La religión, la voluntad y la decadencia

La religión va unida al concepto de Dios, y Dios representa la renuncia a la vida. El origen de Dios y de las religiones es la gran dolencia de la voluntad. Cuando el ser humano no puede mandarse a sí mismo, cuando es incapaz de activar su voluntad de poder totalmente, cuando necesita que sea mandado, se vuelve creyente.

Los creyentes inventan su criatura y luego le rinden culto. Ser creyente es síntoma de decadencia, debilidad y falta de voluntad de poder. No hay necesidad de Dios: solo los débiles lo necesitan, pues sin él no podrían soportar su existencia.

La falacia de las consecuencias adversas

Es la falacia de las consecuencias adversas: las consecuencias que derivarían ya para las vidas de algunos, la no existencia de Dios, afirman su existencia. Los religiosos prefieren la fe que calma, la ficción que tranquiliza, a enfrentarse con la realidad y a convivir con la tragedia del mundo.

La cultura occidental y la mentira

La cultura occidental está basada en la mentira, y sus valores aún tienen referencia a un mundo ficticio. Cuando se descubra esta mentira, la cultura occidental no podrá salvarse, cuando se vea que su logos no era más que mito. En ese instante se encontrará sin sentido, sin meta.

Sujetos indiferentes, de débil voluntad, aburridos, sin capacidad creadora, invadirán la tierra. Gente sin meta ni función. Se producirá la desvalorización de los valores tradicionales, con todo perdido, tendrá solo a la nada: se producirá el nihilismo pasivo.

Nihilismo pasivo y nihilismo activo

Esto es el resultado de la lógica de los valores e ideales de nuestra cultura, es el resultado de la decadencia fisiológica. Además, el intento de los inferiores de neutralizar a los superiores, que se ha desarrollado, provoca que los pocos superiores pierdan la seguridad en sí mismos y se vuelvan también nihilistas. La cultura acaba huérfana e incapaz de generar individuos superiores.

El nihilista pasivo se ve representado en el camello, símbolo de obediencia ciega, sacrificio, resignación y humillación, que se arrodilla ante su amo. Ha de ser eliminado.

Aquí interviene el nihilismo activo, la voluntad de poder destruyendo los viejos valores, ya que el ser humano fuerte está en condiciones de crear nuevos desde el principio. El nihilista activo es el león, el gran negador, el crítico, el destructor. Derrumbará los cimientos de la cultura occidental, será el encargado de anunciar la muerte de Dios.

Matar a Dios

Matar a Dios no significa solo matar al Dios cristiano, sino eliminar todo aquello que provenga de un mundo metafísico: razón, verdad, ideal ascético, costumbres burguesas. La muerte de Dios es la muerte de toda la cultura occidental.

Sin embargo, el nihilista activo es incapaz de crear nuevos valores, ya que está dominado por la venganza. Simplemente pretende ser libre, pero no sabe para qué, ya que todo su pensamiento se dirige a devorar al camello.

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