Nietzsche: Crítica a la Metafísica y la Moral Occidental

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Contexto de El Crepúsculo de los Ídolos

El Crepúsculo de los Ídolos es una obra escrita por Nietzsche en 1888 que tiene como subtítulo “Cómo se filosofa con el martillo”. El título de la obra pretende ironizar contra el compositor Wagner, que había publicado El Crepúsculo de los Dioses. En esta obra presenta Nietzsche sus ideas ontológicas más importantes.

En primer lugar, la obra comienza con más de cuarenta aforismos de carácter crítico (acerca de la mujer, los filósofos, la ciencia…). En el segundo apartado, el filósofo alemán trata de nuevo el problema de Sócrates, tema central de El Nacimiento de la Tragedia. Ya en el apartado tercero, “La razón en la filosofía”, se aborda el tema central de la obra. Nietzsche critica la metafísica y al filósofo que ha existido hasta ese momento, al filósofo típico, por su odio a la vida. Para Nietzsche la razón es la causa de que se falsifique el testimonio de los sentidos. En los siguientes apartados critica la filosofía desde Platón hasta él y la moral, a la que considera como algo antinatural. Nietzsche, además, afirma la existencia de cuatro errores psicológicos que tienen graves consecuencias morales: el error de la causa con la consecuencia; el error de la causalidad falsa; el error de las causas imaginarias y el error de la voluntad libre. También aborda en esta obra una descripción de Alemania y su población, elogiándolos, y criticando la nueva forma de política del país.

Para finalizar, en el penúltimo apartado, Nietzsche lleva a cabo un ajuste de cuentas con distintos personajes históricos (Rosseau, Kant, Schopenhauer…); y el último es un fragmento de autobiografía. Desde el punto de vista del contenido, esta obra abarca una gran variedad de los problemas estudiados por Nietzsche y, desde el punto de vista de la forma, es un muestrario bastante completo de los estilos en que él llegó a ser maestro. Trata cuestiones minuciosa y repetidamente desde diversas perspectivas y utiliza el aforismo.

Los Cuatro Períodos de la Obra de Nietzsche

En la obra de Nietzsche podemos distinguir cuatro períodos:

  1. Romántico: Nietzsche se halla muy influido por Wagner y Schopenhauer y por los filósofos griegos, alabando a los presocráticos y teniendo una opinión muy negativa sobre Sócrates y Platón. Entre sus obras destacan principalmente dos: El Nacimiento de la Tragedia (1870), donde hace una crítica radical a la filosofía socrática y platónica, a las que considera decadentes; y Sobre la Verdad y la Mentira en Sentido Extramoral, en la cual se aborda el problema de la verdad.
  2. Positivista: Nietzsche se aparta de las influencias de Schopenhauer y Wagner, y se inspira en ilustrados franceses, adoptando una actitud positivista donde critica la metafísica tradicional, el arte, la religión… Destacan: Humano, Demasiado Humano; Aurora y La Gaya Ciencia.
  3. Original: En su tercer período, donde aparecen sus ideas más originales, escribió Así Habló Zaratustra, obra quizá más poética, donde trata el tema de la muerte de Dios y teorías positivas (la voluntad de poder, el eterno retorno y la teoría del superhombre). Se sirve de una especie de “fábula” cuyo protagonista es Zaratustra, que se retira a la montaña y, cuando alcanza su sabiduría, baja a predicarla a los seres humanos.
  4. Crítico: La filosofía del martillo, donde ataca duramente a la filosofía, la religión y la moral tradicionales. Pertenecen a este período, además de El Crepúsculo de los Ídolos: Más Allá del Bien y del Mal, El Anticristo y Ecce Homo.

Objetivo de la Obra de Nietzsche

La obra de Nietzsche pretende hacernos ver que el camino recorrido por la filosofía hasta su época no es el adecuado, y la urgente necesidad de dar marcha atrás y renunciar a todo lo que ha sido considerado como “lo bueno” hasta ese momento. Nietzsche es uno de los tres a los que Paul Ricoeur denominó “los maestros de la sospecha”, junto a Freud y Marx. Su pensamiento representa una crítica extrema hacia la religión, la filosofía, la ciencia y la moral; es decir, hacia las nuevas formas de vida alcanzadas en la sociedad europea.

Vida de Nietzsche

En cuanto a su vida, nació en una ciudad alemana cercana a Leipzig, en octubre de 1844. Su padre, quien murió cuando Nietzsche sólo tenía cinco años, y sus dos abuelos eran pastores protestantes. Nietzsche recibió una sólida formación humanista, y mostró una gran sensibilidad por la música. Estudió a partir de 1864 en la universidad de Bonn teología y filología clásica. Cuatro años después será nombrado catedrático y conocerá a Wagner, que le influyó mucho, aunque después se separaría del compositor alemán. Desde 1878 hasta 1888 desarrolló prácticamente toda su obra, y un año después le diagnostican “reblandecimiento cerebral”, muriendo diez años después.

Contexto Filosófico del Siglo XIX

La gran corriente filosófica del siglo XIX es el idealismo alemán. Dominó el pensamiento en la primera mitad del XIX como un intento de superar la filosofía kantiana. Destaca Hegel, quien concibió la totalidad de lo real como sujeto, llegando así al idealismo absoluto. Tras él, los filósofos se clasifican en hegelianos, como Bauer, y antihegelianos, como Schopenhauer (irracionalismo), Comte y Nietzsche.

Influencias en el Pensamiento de Nietzsche

En el pensamiento de Nietzsche influye, en primer lugar, el pesimismo cósmico de Schopenhauer y, en concreto, su obra El Mundo como Voluntad y Representación. En esta obra, Schopenhauer afirma que, mientras que el fenómeno es la apariencia, ilusión y sueño; el noúmeno es la realidad que se oculta detrás del sueño y la ilusión. Schopenhauer considera que ha encontrado la vía de acceso al noúmeno, que no es otro que la voluntad infinita, que el filósofo considera devoradora de sí misma: es esencialmente desdicha y dolor. Para liberarnos de ella, piensa Schopenhauer, lo mejor es el ascetismo, pues se deja de amar la vida y se siente una gran indiferencia por todo. También tienden a liberarnos de la voluntad de vivir la resignación, la pobreza y el sacrificio.

También influye en Nietzsche Wagner, quien pretendió renovar la estética teatral de su tiempo mezclando música, poesía, escenografía y recitado. Entre sus obras destacan Lohengrin, El Crepúsculo de los Dioses, Parsifal, etc.

En Alemania se produjo una revalorización de la cultura clásica, propiciando el surgimiento de una generación de estudiosos de este mundo clásico, lo que hizo que, algunos de ellos, influyeran en la fascinación de Nietzsche por el mundo clásico.

Repercusiones del Pensamiento de Nietzsche

Respecto a las repercusiones de su pensamiento, Nietzsche no ha dado lugar a una escuela filosófica claramente establecida, pero sus ideas están presentes en muchos pensadores contemporáneos. Influyó, incluso, a doctrinas políticas opuestas como el nazismo y el anarquismo. Su pensamiento se deja ver en autores como Jaspers, Heller y Heidegger, en doctrinas vitalistas y en España en la filosofía de Ortega y Gasset. Es uno de los filósofos de la sospecha, junto a Marx y Freud.

Contexto Histórico del Siglo XIX

Durante el siglo XIX se produce una profunda transformación en Europa. En el plano económico, se extiende la revolución industrial surgida en el siglo anterior en Inglaterra. En la ciencia, destaca el físico Laplace, defensor del determinismo y empeñado en lograr una explicación matemática acerca de la unificación del mundo. En 1859 aparece la teoría de Darwin, en El Origen de las Especies. En el plano político, se producen revoluciones liberales en la primera mitad del siglo y se inicia el movimiento obrero en la segunda mitad. Se produce la unificación de Alemania de la mano de Otto von Bismarck, iniciando el II Reich Alemán. En el terreno artístico, el siglo XIX es el del romanticismo, un movimiento antilustrado que exalta el sentimiento y la imaginación, y revaloriza lo antiguo y la Edad Media.

Los Sentidos y el Cuerpo

La metafísica tradicional, desde Platón, se ha construido, aparte de sobre la contraposición ser-devenir, sobre la oposición razón-sentidos. El ser es objeto de la razón, el devenir de los sentidos. Se considera el ser como lo real, mientras que se entiende el devenir como realidad aparente. La razón, dado su carácter no cambiante, se califica por su inmutabilidad; por otro lado, como las sensaciones nunca son idénticas, se piensa que los sentidos captan el devenir, que es calificado como lo aparente. Para Nietzsche, ser y devenir no son separables, el ser es voluntad de poder que es devenir incesante.

Nietzsche muestra su respeto por Heráclito, él fue el único de los filósofos que consideró que el devenir, el cambio, era la esencia de la realidad, aunque también se equivocó, al igual que Parménides, Platón, Kant y el cristianismo, cuando creyó que los sentidos nos engañaban.

Los sentidos, piensa Nietzsche, no nos engañan nunca. Hace una exaltación de estos frente a la razón también cuando afirma que los sentidos son el instrumento adecuado para construir la realidad.

En el texto, Nietzsche alude a que los sentidos no sólo han sido considerados engañosos por la tradición occidental, sino también inmorales: “Tiene que haber una ilusión, un engaño en el hecho de que no percibamos lo que es: ¿dónde se esconde el engañador? —Lo tenemos, gritan dichosos, ¡es la sensibilidad! Estos sentidos, que también en otros aspectos son tan inmorales, nos engañan acerca del mundo verdadero”.

En el capítulo del Zaratustra titulado “De los despreciadores del cuerpo”, Nietzsche establece una separación entre el hombre ingenuo que dice que el cuerpo es el yo y el alma, y el hombre del conocimiento que afirma que el cuerpo es el yo íntegramente y ninguna otra cosa; y alma es sólo una palabra para designar algo en el cuerpo.

En efecto, para Nietzsche el hombre es, ante todo y frente a todo, cuerpo (vivo), y en él nada hay que nos pueda llevar a pensar en una sustancia espiritual, alma, o derivados. Todo lo presente en el hombre es cuerpo. Nietzsche afirmará que el cuerpo es expresión de la voluntad de poder. El cuerpo es también evocado por otro término, el “Sí mismo”, que contiene tanto el sentido como el espíritu.

Las nociones de “yo”, “sustancia”, “espíritu”, “alma”, en cuanto hacen referencia a algo idéntico e inmutable, son ficciones necesarias para aquellos hombres que no soportan el devenir. Por esto Nietzsche presenta en el pasaje que comentamos el rechazo al cuerpo como una consecuencia del rechazo al devenir o del egipticismo que caracteriza a los filósofos: “¡Y, sobre todo, fuera el cuerpo, esa lamentable idée fixe de los sentidos!, ¡sujeto a todos los errores de la lógica que existen, refutado, incluso imposible, aun cuando es lo bastante insolente para comportarse como si fuera real!...”

Nietzsche reivindica un punto de partida opuesto al que escoge la filosofía moderna a partir de Descartes. Mientras que este partió del alma, Nietzsche parte del cuerpo.

El Arte Trágico y lo Dionisíaco

Estas nociones están íntimamente unidas en el pensamiento nietzscheano, ya aparecen en su primera obra, El Nacimiento de la Tragedia.

Nietzsche piensa que el arte ha de ser el medio de la filosofía, pues la intuición del artista capta más adecuadamente que la razón y el concepto el ser de la realidad y el sentido de la existencia, y el arte por antonomasia es la tragedia, que es la verdad más profunda. El arte trágico es el lugar de la verdad y la mejor forma de acercarse al ser del hombre y del mundo. Para él, la ciencia está subordinada al arte, es la ciencia la que tiene la función de elaborar las intuiciones que originan y sostienen el arte.

El nacimiento del arte está ligado a dos principios contrapuestos que expresan precisamente esa irreductibilidad del fondo de lo real a la razón, que son lo apolíneo y lo dionisíaco. Lo apolíneo representa las características que siempre se han atribuido a lo clásico: la proporción, el equilibrio, la serenidad, lo individuado, la luminosidad, lo racional, características que se manifiestan predominantemente en las artes plásticas. Lo dionisíaco representa lo báquico, la embriaguez, lo indiferenciado, lo nocturno, lo pasional, que se expresan más plenamente en la poesía y en la música, de las cuales ha brotado la tragedia. Toda obra de arte se considera como el resultado de la unión de estos dos principios y es en la tragedia donde aparecen más sintetizados.

El fondo dionisíaco es lo que explica que una verdadera escultura, por ejemplo, a pesar de la perfección de sus formas, no sea algo frío, sino capaz de despertar fuertes emociones, y lo apolíneo es lo primero, lo que nutre y da vida a lo dionisíaco. Pero donde estos dos principios aparecen más adecuadamente sintetizados es en la tragedia, que es el arte por excelencia. La tragedia nos muestra, en primer lugar, que en el hombre lo instintivo, lo pasional, la vida, antecede a lo racional, por lo que la razón ha de subordinarse a la vida. Lo dionisíaco representa el fondo último de la realidad que es la vida. La vida es ese fondo oscuro, opaco-incomprensible, no irreductible a la razón, lo Uno primordial, que se desgarra en diversas figuras que son los seres individuales y concretos, por ello es el dolor y sufrimiento, pero tiende a reunificarse por medio de la muerte, que entonces no es aniquilamiento, sino reincorporación a su fuente originaria y que dará lugar a nuevas formas de vida. El distinto talante de Nietzsche respecto a Schopenhauer le conduce a sustituir el pesimismo por el sentido trágico. El hombre trágico es el que acepta la vida como es, asumiendo lo que en ella hay de terrible y doloroso, asumiendo la muerte, sabiendo que no hay victoria final de la vida (optimismo) ni de la muerte (pesimismo). Con Sócrates murió la tragedia en su auténtico sentido clásico, algo que Nietzsche valora como una pérdida terrible. Nietzsche retoma la metáfora de lo dionisíaco en la última etapa de su obra, desaparecida la noción de lo Uno primordial presente en su época romántica, tanto para referirse al ser del mundo, es decir, para identificarlo como la voluntad de poder, como para hacer alusión a la auténtica actitud ante la vida: la actitud de aceptación de la vida.

Los “Conceptos Supremos” y el Concepto “Dios”

Nietzsche habla en varias obras acerca de la formación de los conceptos. En Sobre Verdad y Mentira en Sentido Extramoral, Nietzsche explica que las cosas fuera de nosotros nos producen una excitación nerviosa que se traduce en una imagen mental para cuya designación el hombre hace uso de un sonido articulado o término. Esta designación supone, primero, la transposición de una excitación nerviosa a una imagen (primera metáfora) y luego, una nueva transformación de la imagen en un sonido articulado (segunda metáfora). Además, toda palabra se convierte en un concepto en cuanto designa innumerables experiencias parecidas pero diferentes.

En la realidad no existen géneros, formas o conceptos, sino cosas inaccesibles para nosotros. La realidad es más rica y llena de contradicciones de lo que nosotros podemos conocer.

En el texto, Nietzsche se refiere a los “conceptos supremos”, los conceptos más generales. En ellos no queda nada de la realidad, son puros esquemas mentales vacíos de contenido. Por otra parte, los filósofos, al conferir a estos conceptos el grado supremo de realidad, piensan que no pueden venir de lo inferior, de ahí que los consideren como incausados (causa sui). “Ponen al comienzo, como comienzo, lo que viene al final — ¡por desgracia!, ¡pues no debería siquiera venir! —los “conceptos supremos”, es decir, los conceptos más generales, los más vacíos, el último humo de la realidad que se evapora.”

Para Nietzsche, el último extremo de las locuras de los filósofos es la construcción del concepto “Dios”. Es el concepto más alto, el más general, construido con todos los conceptos supremos, entre los que se postula que no puede haber ninguna contradicción, y puesto que es el más general, no puede provenir de otro, y es declarado “ens realissimum”, causa de la realidad de los otros seres. Al tomar en serio este cúmulo de insensateces, la humanidad ha tenido que pagar un alto precio.

Cuando Nietzsche se refiere a Dios, se refiere al dios de la religión, particularmente del cristianismo, pero también a todo aquello que puede sustituirle.

Dios es la metáfora para expresar la realidad absoluta, la realidad que se presenta como la Verdad y el Bien, como el supuesto ámbito objetivo que puede servir de fundamento a la existencia por encontrarse más allá de ésta y darle un sentido.

Cuando Nietzsche declara que Dios ha muerto, quiere indicar que los hombres viven desorientados, que ya no sirve el horizonte último en el que siempre se ha vivido, que no existe una luz que nos pueda guiar de modo pleno. Esta experiencia de la finitud, del sentirse sin remedio desorientado, es necesaria para empezar un nuevo modo de vida. La aceptación de la frase “Dios ha muerto” es lo que permite a los hombres comportarse como “espíritus libres” que han de emprender la tarea del cambio de los valores.

Nietzsche nos muestra que es necesario que desaparezca todo cuanto haya podido ser falseado por el espectro de Dios.

Vitalismo en la Filosofía de Nietzsche

La filosofía de Nietzsche es una filosofía vitalista, una filosofía para la que la vida es irreducible a cualquier categoría extraña a ella misma. El término "vitalismo" es muy amplio y poco preciso, y con él se hace referencia a teorías filosóficas muy distintas. Aunque muchos autores señalan la presencia de teorías muy vitalistas anteriores al siglo XIX, es más común en la segunda mitad de ese siglo y en las primeras décadas del XX. En este periodo se dan dos grandes líneas del vitalismo: el vitalismo en la ciencia (defiende que existe una diferencia esencial entre seres orgánicos y no orgánicos, y que los primeros no pueden reducirse a los segundos, sino que hay un principio propio en los seres vivos) y el vitalismo en la filosofía (contraria al racionalismo). Este gira en torno a la temporalidad, la historia, el cambio, la muerte... y dentro de ella también hay diversas corrientes según su concepto de vida. Dos de estas formas de entender la vida son: la vida en sentido biológico y la vida en sentido biográfico o histórico. Se puede entender la filosofía de Nietzsche como el intento más radical de hacer de la vida lo absoluto. La vida tiene valor en sí misma, interpretada como creación y destrucción, y entendida fundamentalmente en su dimensión biológica, instintiva, irracional. Nietzsche desarrolla de ella una doble vertiente:

  • Negativa, crítica: en este sentido, Nietzsche creyó posible medir el valor de la metafísica, la teoría del conocimiento y la moral a partir de su oposición o afirmación respecto de la vida.
  • Positiva: que se resuelve en el intento de comprensión y explicación de la vida como el trasfondo profundo del que todo surge, y lo hace a partir de unos temas que surgen a lo largo de su obra, y entre los que pueden considerarse fundamentales los de la voluntad de poder, el superhombre y el eterno retorno.

La Voluntad de Poder

Por medio de la voluntad de poder, Nietzsche explica su concepción de la realidad. Identifica el mundo, la tierra, fuerza eternamente creadora con la vida. Para Nietzsche, la vida es esencialmente voluntad de poder. La voluntad de poder es algo cósmico, es el mundo, este mundo, el único que hay, y es fuerza, energía inmensa pero finita, y como tal fuerza en continua transformación, cambio, movimiento, devenir.

El término “Voluntad” lo toma a partir de Schopenhauer, quien había designado con ese término el principio metafísico de lo real, y quizá también para significar que esa energía no está precedida de un “logos” o razón, antecede a la razón.

“De poder”, porque esa energía sin forma (informe) tiende a conformarse en algo concreto, en seres que percibimos y en nosotros mismos, cuya relación mutua es una relación de poder, en la que unos tienden a imponerse sobre los otros, pero no por el mero hecho de imponerse, sino por realizar el pleno desplegarse de las fuerzas que los constituyen.

Esta voluntad de poder no es el ser sólo de lo orgánico, pero se hace más asequible a nosotros en el mundo biológico, en el fenómeno de la vida, donde se ve claramente que el imponerse no es una lucha por dominar, sino la lucha por ser cada uno.

El hombre es una forma de vida, la más evolucionada y, por ende, la más compleja, es también voluntad de poder, juego de fuerzas, una pluralidad de instintos, que se contraponen y se subyugan, que se afirman o niegan, y se expresan en formas de vida, no biológicas, sino culturales que pueden ser afirmativas (sanas) o reactivas (enfermas), según favorezcan la vida, afirmando la diferencia, el devenir, el ser más, lo que implica la lucha y con ella la muerte, o, por el contrario, negando la vida, buscando el igualitarismo, coartando los instintos, la vitalidad, la lucha, en nombre de un mundo superior eterno e inmutable, que adormece las conciencias con falsas promesas de paz y sosiego. De ahí la valoración negativa que Nietzsche hace de la cultura occidental.

Nietzsche defiende que la actitud que ha de tomar ante la vida no ha de ser ni el optimismo ni el pesimismo (indicio de una actitud de resignación y, por tanto, es un signo de debilidad espiritual) ni el nihilismo. La correcta actitud ante la vida la denominó “sentimiento trágico” (actitud dionisíaca o vitalidad), que consiste en la afirmación de la vida, el decir sí a la vida incluso en sus problemas más extraños y duros.

El Superhombre

Nietzsche desarrolla el tema del superhombre en Así Habló Zaratustra. El superhombre no es todavía una realidad, es una esperanza como debería ser el ser humano del futuro. El opuesto de este “superhombre” es “el último hombre”. Este es el hombre del nihilismo pasivo, que no cree ya en nada, en el que se ha extinguido la potencia creadora del ser humano; sólo vegetar, aunque dispone de una cultura muy amplia; que no es ya una tarea para sí mismo. Ya no tiene entusiasmo, “tiene su pequeño placer para el día y su pequeño placer para la noche: pero honra la salud”. Con una mordacidad corrosiva dibuja Nietzsche la imagen de nuestra vida moderna: el último hombre somos nosotros. El último hombre es el mediocre hombre moderno incapaz de realizar grandes acciones y tareas, capaz de pequeñas alegrías y tristezas, que rinde culto a la felicidad y a la satisfacción moderada. Además de estas características por contraste, Nietzsche ofrece algunas características positivas del superhombre. Las tres fundamentales son:

  • La mundanidad supone el rechazo de todo más allá con el que se calumnia a este mundo. Sólo ha de aceptar este mundo, no se inventa otros ni intenta trascenderse a sí mismo, ni con Dios ni con ideas platónicas. Platón, al separar el mundo de las ideas del mundo sensible, convierte a este en falso y aparente, y siendo aquel el verdadero y valioso. Nietzsche, al predicar al superhombre, afirmaría estar cerrando el largo error de la metafísica y afirmando el mundo sensible como el único. El superhombre es el “sentido de la tierra”. Es conocedor y capaz de asumir que “Dios ha muerto”, capaz de asumir que se debe acabar con “el mundo verdadero”, con la metafísica y aceptar que nada ha de ponerse en su lugar. Es necesario este hombre para que permita la curación de la desgarradura que divide al hombre y lo escinde, representa una reconciliación entre el cuerpo y el alma.
  • La vitalidad del superhombre se afirmará en su aceptación y afirmación dionisíaca del mundo.
  • El superhombre tiene, además, la tarea de la creación de valores nuevos, la transvaloración de los valores; hay que invertirlos. En Zaratustra nos cuenta tres transformaciones del espíritu: cómo el espíritu se transforma en camello, el camello en león y, finalmente, el león en niño. El camello representa el momento de la humanidad que sobreviene con el platonismo y que llega hasta finales de la modernidad; su característica básica es la humildad, el sometimiento, el saber soportar con paciencia las pesadas cargas, la carga de la moral del resentimiento hacia la vida. El león representa al hombre como crítico, como nihilista activo que destruye los valores establecidos, toda la cultura y estilo vital occidental. Y el niño representa al hombre que sabe de la inocencia del devenir, que inventa valores, que toma la vida como juego, como afirmación, es el sí radical al mundo dionisíaco.

El Eterno Retorno

La doctrina del eterno retorno expresa la concepción nietzscheana del tiempo. Esta concepción se opone a la cristiana. La concepción cristiana del tiempo sostiene la linealidad de éste: Dios crea el tiempo que apunta hacia un sentido, una finalidad; una vez alcanzada dicha finalidad, también debe acabarse el tiempo mismo. Nietzsche, por el contrario, defiende que el tiempo es circular y eterno. Formuló la doctrina del eterno retorno como una hipótesis física que sostenía que si hay leyes estrictas habrá un momento en el que todo volverá (“eterno retorno”) y aparece como una fórmula para expresar la afirmación de la vida, pues implica que la acepta tal y como es, sin correcciones ni enmiendas, idéntica una y otra vez. Esto, que puede parecer sensible para el hombre corriente, para el hombre superior le impone el imperativo de que sus actos sean lo bastante nobles y grandiosos para merecer esa eternidad.

Crítica de Nietzsche a la Cultura Occidental

La totalidad de la filosofía de Nietzsche se puede entender como el intento más radical de hacer de la vida lo absoluto. El filósofo alemán pertenecía a la corriente del vitalismo.

En el aspecto positivo de la filosofía de Nietzsche, se critica a la moral occidental que, según él, ha nacido del resentimiento, del odio al superior. En el ámbito de la religión, critica al monoteísmo (“el monótonoteísmo”) por su menosprecio a los sentidos y la máxima hostilidad a la naturaleza y a la voluntad de vida. Critica, en especial, al cristianismo y afirma que el concepto de Dios representa los valores negativos y contrarios a la vida.

La crítica más importante llevada a cabo por Nietzsche sobre la cultura occidental es a la filosofía. Dice que el entendimiento y el conocimiento es el principal objeto de orgullo para el hombre. Sin embargo, es paradójico que el intelecto produzca este orgullo cuando sólo es un recurso para la conservación en la existencia de seres débiles. Este orgullo hace a los hombres engañarse sobre el valor de su existencia. Utiliza Nietzsche un ejemplo, que consiste en que el mimetismo de animales les permite escapar de sus enemigos y el intelecto como medio de conservación actúa fingiendo. El hombre se defiende no del medio en general sino de los individuos de su misma especie.

El individuo tiende a fingir con el objetivo de conservarse frente a lo demás, pero puesto que el hombre tiende a vivir en sociedad ha de evitar esta guerra de todos contra todos y para ello acepta un lenguaje. Así, para Nietzsche, la verdad depende del lenguaje, pues se consigue al utilizar las designaciones correctas y al clasificar correctamente, respetando las jerarquías. El lenguaje ni expresa la realidad ni las designaciones de las cosas, sino que designa las relaciones de las cosas con los hombres y convierte estas designaciones en válidas. Las cosas fuera de nosotros nos producen una excitación nerviosa que se traduce en una imagen mental para cuya designación el hombre hace uso de un sonido articulado. Esta designación supone, por lo tanto, primero, la transposición de una excitación nerviosa a una imagen (primera metáfora) y después, otra transformación de la imagen en un sonido articulado (segunda metáfora).

Toda palabra se convierte en un concepto cuando no designa la experiencia singular en la que basa su origen, sino innumerables experiencias parecidas pero diferentes. De estos conceptos surgen las teorías de la existencia de un arquetipo del cual las cosas individuales son copias imperfectas, y éste es su causa (como el Platonismo). La naturaleza no conoce de formas, conceptos o géneros; únicamente cosas inaccesibles para nosotros. Aunque se intente subordinar unos a otros o clasificarlos, la verdad consiste en usar cada concepto según su designación, en no violar su jerarquía.

La consideración de que la verdad no es más que una ilusión, “aquel tipo de error sin el cual no puede vivir un individuo de una especie determinada” se trata de una ficción útil, esto es, justificada desde el punto de vista biológico. Nietzsche llama a estas ficciones perspectivas, y un ejemplo sería el nacimiento y el desarrollo de la lógica. Así, la voluntad de verdad consiste en esto, en la voluntad de engaño, y al mismo tiempo olvidar tales ficciones. El hombre ha de darse cuenta de que la realidad auténtica es el devenir y de que nuestra razón no puede abarcarlo ni simplificarlo en las categorías.

El Crepúsculo de los Ídolos: Crítica a la Ontología

La crítica a la filosofía occidental va a culminar en El Crepúsculo de los Ídolos. Nietzsche ataca fundamentalmente a su aspecto ontológico.

El Problema de Sócrates

En el apartado dos (El Problema de Sócrates) Nietzsche critica la imagen del griego. Afirma que se trataba de un hombre plebeyo y muy feo, de tal modo que para ganarse a los jóvenes griegos los fascinaba mediante el descubrimiento de la dialéctica.

La Razón en la Filosofía

”, se aborda el tema central de la obra. Nietzsche critica la metafísica y al filósofo que ha existido hasta ese momento, al filósofo típico, por su odio a la vida. Para Nietzsche la razón es la causa de que se falsifique el testimonio de los sentidos. En los siguientes apartados critica la filosofía desde Platón hasta él y la moral, a la que considera como algo antinatural. Nietzsche, además, afirma la existencia de cuatro errores psicológicos que tienen graves consecuencias morales: el error de la causa con la consecuencia; el error de la causalidad falsa; el error de las causas imaginarias y el error de la voluntad libre. También aborda en esta obra una descripción de Alemania y su población, elogiándolos, y criticando la nueva forma de política del país. Para finalizar, en el penúltimo apartado, Nietzsche lleva a cabo un ajuste de cuentas con distintos personajes históricos (Rosseau, Kant, Schopenhauer…); y el último es un fragmento de autobiografía. Desde el punto de vista del contenido esta obra abarca una gran variedad de los problemas estudiados por Nietzsche y desde el punto de vista de la forma es un muestrario bastante completo de los estilos en que él llegó a ser maestro. Trata cuestiones minuciosa y repetivamente desde diversas perspectivas y utiliza el aforismo. En la obra de Nietzsche podemos distinguir cuatro períodos. En primer lugar, el romántico. Nietzsche  se halla muy influido por Wagner y Schopenhauer y por los filósofos griegos, alabando a presocráticos y teniendo una opinión muy negativa sobre Sócrates y Platón. Entre sus obras destacan principalmente dos obras: El nacimiento de la tragedia (1870), donde hace una crítica radical a la filosofía socrática y platónica a las que considera decadentes; y Sobre la verdad y la mentira en sentido extramoral , en la cual se aborda el problema de la verdad. En el período positivista, Nietzsche se aparat de las influencias de Schopenhauer y Wagner y se inspira en ilustrados franceses, adoptando una actitud positivista donde critica a metafísica tradional, arte, religión… Destacan: Humano, demasiado humano ; Aurora y La Gaya ciencia. En su tercer período, donde aparecen sus ideas más originales, escribió Así habló Zaratustra,  obra quizá más poética, donde trata el tema de la muerte de Dios y teorías positivas (la voluntad de poder, eterno retorno y teoría del superhombre). Se sirve de una especie de “fábula” cuyo protagonista es Zaratustra que se retira a la montaña y cuando alcanza su sabiduría baja a predicarla a los seres humanos. Por último, su período crítico, la filosofía del martillo, donde ataca duramente a filosofía, religión y moral tradicionales. Pertenecen a este período, además del Crepúsculo de los ídolos: Más allá del bien y del mal, El anticristo y Ecce Homo. La obra de Nietzsche pretende hacernos ver que el camino recorrido por la filosofía hasta su época no es el adecuado, y la urgente necesidad de dar marcha atrás y renunciar a todo lo que ha sido considerado como “lo bueno” hasta ese momento. Nietzsche es uno de los tres a los que Paul Ricoeur denominó “los maestros de la sospecha”, junto a Freud y Marx. Su pensamiento representa una crítica extrema hacia la religión, filosofía, ciencia y moral; es decir, hacia las nuevas formas de vida alcanzadas en la sociedad

europea. En cuanto a su vida, nació en una ciudad alemana cercana a Leipzig, en octubre de 1844. Su padre, quien murió cuando Nietzsche sólo tenía cinco años, y sus dos abuelos eran pastores protestantes. Nietzsche recibió una sólida formación humanista, y mostró una gran sensibilidad por la música. Estudió a partir de 1864 en la universidad de Bonn teología y filología clásica. Cuatro años después será nombrado catedrático y conocerá a Wagner, que le influyó mucho, aunque después se separaría del compositor alemán. Desde 1878 hasta 1888 desarrolló prácticamente toda su obra, y un año después le diagnostican “reblandecimiento cerebral”, muriendo diez años después. La gran corriente filosófica del siglo XIX es el idealismo alemán. Dominó el pensamiento en la primera mitad del XIX como un intento de superar la filosofía kantiana. Destaca Hegel, quien concibió la totalidad de lo real como sujeto llegando así al idealismo absoluto. Tras él los filósofos se clasifican en hegelianos, como Bauer y antihegelianos, como Schopenhauer (irracionalismo), Comte y Nietzsche. En el pensamiento de Nietzsche le influye, en primer lugar, el pesimismo cósmico de Schopenhauer y en concreto por su obra El mundo como voluntad y representación. En esta obra, Schopenhauer afirma que, mientras que el fenómeno es la apariencia, ilusión y sueño; el noúmeno es la realidad que se oculta detrás del sueño y la ilusión. Schopenhauer considera que ha encontrado la vía de acceso al noúmeno, que no es otro que la voluntad infinita, que el filósofo considera devoradora de sí misma: es esencialmente desdicha y dolor. Para liberarnos de ella, piensa Schopenhauer, lo mejor es el ascetismo, pues se deja de amar la vida y se siente una gran indiferencia por todo. También tienden a liberarnos de la voluntad de vivir resignación, pobreza y sacrificio. También influye en Nietzsche Wagner, quien pretendió renovar la estética teatra de su tiempo mezclando música, poesía, escenografía y recitado. Entre sus obras destacan Lohengrin, El crepúsculo de los dioses, Parfisal, etc. En Alemania se produjo una revalorización de la cultura clásica, propiciando el surgimiento de una generación de estudiosos de este mundo clásico, lo que hizo que, algunos de ellos, influyeran en la fascinación de Nietzsche por el mundo clásico. Respecto a las repercusiones de su pensamiento, Nietzsche ha dado lugar a una escuela filosófica claramente establecida, pero sus ideas están presentes en muchos pensadores contemporáneos. Influyó, incluso, a doctrinas políticas opuestas como el nazismo y el anarquismo. Su pensamiento se deja ver en autores como Jaspers, Heler y Heidegger , en doctrinas vitalistas y en España en la filosofía de Ortega y Gasset. Es uno de los filósofos de la sospecha, junto a Marx y Freud. Durante el siglo XIX se produce una profunda transformación en Europa. en el plano económico, se extiende la revolución industrial surgida en el siglo anterior en Inglaterra. En la ciencia, destaca el físico Laplace, defensor del determinismo y empeñado en lograr una explicación matemática acerca de la unificación del mundo. En 1859 aparece la teoría de DARWIN, en "El origen de las especies". En el plano político: se producen revoluciones liberales en la primera mitad del siglo y se inicia el movimiento obrero en la segunda mitad.

Se produce la unificación de Alemania de la mano de Otto von Bismarck, iniciando el II Reich Alemán. En el terreno artístico, el siglo XIX es el del romanticismo, un movimiento antilustrado que exalta el sentimiento y la imaginación, y revaloriza lo antiguo y la Edad Media

Los sentidos y el cuerpo.La metafísica tradicional, desde Platón, se ha construido, aparte de sobre la contraposición ser-devenir, sobre la oposición razón-sentidos. El ser es objeto de la razón, el devenir de los sentidos. Se considera el ser como lo real, mientras que se entiende el devenir como realidad aparente. La razón, dado su carácter no cambiante, se califica por su inmutabilidad; por otro lado, como las sensaciones nunca son idénticas, se piensa que los sentidos captan el devenir, que es calificado como lo aparente. Para Nietzsche ser y devenir no son separables, el ser es voluntad de poder que es devenir incesante. Nietzsche muestra su respeto por Heráclito, él fue el único de los filósofos que consideró que el devenir, el cambio, era la esencia de la realidad, aunque también se equivocó, al igual que Parménides, Platón, Kant y el cristianismo, cuando creyó que los sentidos nos engañaban. Los sentidos, piensa Nietzsche, no nos engañan nunca. Hace una exaltación de estos frente a la razón también cuando afirma que los sentidos son el instrumento adecuado para construir la realidad.En el texto Nietzsche alude a que los sentidos no sólo han sido considerados engañosos por la tradición occidental, sino también inmorales: “Tiene que haber una ilusión, un engaño en el hecho de que no percibamos lo que es: ¿dónde se esconde el engañador? —Lo tenemos, gritan dichosos, ¡es la sensibilidad! Estos sentidos, que también en otros aspectos son tan inmorales, nos engañan acerca del mundo verdadero.” En el capítulo del Zaratustra titulado “De los despreciadores del cuerpo”, Nietzsche establece una separación entre el hombre ingenuo que dice que el cuerpo es el yo y el alma y el hombre del conocimiento que afirma que el cuerpo es el yo íntegramente y ninguna otra cosa; y alma es sólo una palabra para designar algo en el cuerpo.En efecto, para Nietzsche el hombre es, ante todo y frente a todo, cuerpo (vivo), y en él nada hay que nos pueda llevar a pensar en una sustancia espiritual, alma, o derivados. Todo lo presente en el hombre es cuerpo. Nietzsche afirmará que el cuerpo es expresión de la voluntad de poder. El cuerpo, es también evocado por otro término el “Sí mismo” que contiene tanto el sentido como el espíritu. Las nociones de “yo”, “sustancia”, “espíritu”, “alma”, en cuanto hacen referencia a algo idéntico e inmutable son ficciones necesarias para aquellos hombres que no soportan el devenir. Por esto Nietzsche presenta en el pasaje que comentamos el rechazo al cuerpo como una consecuencia del rechazo al devenir o del egipticismo que caracteriza a los filósofos: “¡Y, sobre todo, fuera el cuerpo, esa lamentable idée  fixe de los sentidos!, ¡sujeto a todos los errores de la lógica que existen, refutado, incluso imposible, aun cuando es lo bastante insolente para comportarse como si fuera real!...”Nietzsche reivindica un punto de partida opuesto al que escoge la filosofía moderna a partir de Descartes. Mientras que este partió del alma, Nietzsche parte del cuerpo.El arte trágico y lo dionisiaco.Estas nociones están íntimamente unidas en el pensamiento nietzscheano, ya aparecen en su primera obra, “El nacimiento de la tragedia”. Nietzsche piensa que el arte ha de ser el medio de la filosofía, pues la intuición del artista capta más adecuadamente que la razón y el concepto el ser de la realidad y el sentido de la existencia, y el arte por antonomasia es la tragedia que es la verdad más profunda. El arte trágico es el lugar de la verdad y la mejor forma de acercarse al ser del hombre y del mundo. Para él la ciencia está subordinada al arte, es la ciencia la que tiene la función de elaborar las intuiciones que originan y sostienen el arte. El nacimiento del arte está ligado a dos principios contrapuestos que expresan precisamente esa irreductibilidad del fondo de lo real a razón que son los apolíneo y lo dionisíaco. Lo apolíneo representa las características que siempre se han atribuido a lo clásico: la proporción el equilibrio, la serenidad, lo individuado, la luminosidad, lo racional, características que se manifiestan predominantemente en las artes plásticas. Lo dionisíaco representa lo báquico, la embriaguez, lo indiferenciado, lo nocturno, lo pasional, que se expresan más plenamente en la poesía y en la música de las cuales han brotado la tragedia. Toda obra de arte se considera como el resultado de la unión de estos dos principios y es en la tragedia donde aparecen más sintetizados. El fondo dionisíaco es lo que explica que una verdadera


escultura, por ejemplo, a pesar de la perfección de sus formas, no sea algo frio, sino capaza de despertar fuertes emociones, y lo apolíneo es lo primero lo que nutre y da vida a lo dionisíaco. Pero donde estos dos principios aparecen más adecuadamente sintetizados es en la tragedia, que el es el arte por excelencia. La tragedia nos muestra, en primer lugar, que en el hombre lo instintivo, lo pasional, la vida, antecede a lo racional, por lo que la razón ha de subordinarse a la vida. Lo dionisíaco representa el fondo último de la realidad que es la vida. La vida es ese fondo oscuro, opaco-incomprensible, no irreductible a razón-, lo Uno primordial, que, se desgarra en diversas figuras que son los seres individuales y concretos, por ello es el dolor y sufrimiento, pero tiende a reunificarse por medio de la muerte, que entonces no es aniquilamiento, sino reincorporación a su fuente originario y que dará lugar a nuevas formas de vida. El distinto talante de Nietzsche respecto a Schopenhauer le conduce a sustituir el pesimismo por el sentido trágico El hombre trágico es el que acepta la vida como es, asumiendo lo que en ella hay de terrible y doloroso, asumiendo la muerte, sabiendo que no hay Victoria final de la vida (optimismo) ni de la muerte (pesimismo) Con Sócrates murió la tragedia en su auténtico sentido clásico, algo que Nietzsche valora como una pérdida terrible. Nietzsche retoma la metáfora de lo dionisíaco en la última etapa de su obra, desaparecida la noción de lo Uno primordial presente en su época romántica, tanto para referirse al ser del mundo, es decir, para identificarlo como la voluntad de poder como para hacer alusión a la auténtica actitud ante la vida: la actitud de aceptación de la vida.Los “conceptos supremos” y el concepto “Dios”.

Nietzsche habla en varias obras acerca de la formación de los conceptos. En “Sobre verdad y mentira en sentido extramoral”, Nietzsche explica que las cosas fuera de nosotros nos producen una excitación nerviosa que se traduce en una imagen mental para cuya designación el hombre hace uso de un sonido articulado o término. Esta designación supone, primero, la transposición de una excitación nerviosa a una imagen (primera metáfora) y luego, una nueva transformación de la imagen en un sonido articulado (segunda metáfora). Además toda palabra se convierte en un concepto en cuanto designa innumerables experiencias parecidas pero diferentes. En la realidad no existen géneros, formas o conceptos, sino cosas inaccesibles para nosotros. La realidad es más rica y llena de contradicciones de lo que nosotros podemos conocer. En el texto Nietzsche se refiere a los “conceptos supremos”, los conceptos más generales. En ellos no queda nada de la realidad, son puros esquemas mentales vacíos de contenido. Por otra parte, los filósofos, al conferir a estos conceptos el grado supremo de realidad, piensan que no pueden venir de lo inferior, de ahí que los consideren como incausados ("causa sui"). “Ponen al comienzo, como comienzo, lo que viene al final — ¡por desgracia!, ¡pues no debería siquiera venir! —los “conceptos supremos”, es decir, los conceptos más generales, los más vacíos, el último humo de la realidad que se evapora.”Para Nietzsche el último extremo de las locuras de los filósofos es la construcción del concepto “Dios”. Es el concepto más alto, el más general, construido con todos los conceptos supremos, entre los que se postula que no puede haber ninguna contradicción, y puesto que es el más general, no puede provenir de otro, y es declarado “ens realissimum”, causa de la realidad de los otros seres. Al tomar en serio este cúmulo de insensateces, la humanidad ha tenido que pagar un alto precio. Cuando Nietzsche se refiere a Dios se refiere al dios de la religión, particularmente del cristianismo, pero también a todo aquello que puede sustituirle. Dios es la metáfora para expresar la realidad absoluta, la realidad que se presenta como la Verdad y el Bien, como el supuesto ámbito objetivo que puede servir de fundamento a la existencia por encontrarse más allá de ésta y darle un sentido. Cuando Nietzsche declara que Dios ha muerto quiere indicar que los hombres viven desorientados, que ya no sirve el horizonte último en el que siempre se ha vivido, que no existe una luz que nos pueda guiar de modo pleno. Esta experiencia de la finitud, del sentirse sin remedio desorientado es necesaria para empezar un nuevo modo de vida. La aceptación de la frase “Dios ha muerto” es lo que permite a los hombres comportarse como “espíritus libres” que han de emprender la tarea del cambio de los valores.Nietzsche nos muestra que es necesario que desaparezca todo cuanto haya podido ser falseado por el espectro de Dios.

VITALISMO:la filosofía d N es una filosofía vitalista, una filosofía para la q la vida es reducible a cualquier cateforía extraña a ella misma. El término "vitalismo" es muy amplio y poco preciso y con él se hace referencia a teorías filosóficas muy distintas. Aunque muchos autores señalan la presencia de teorías muy vitalistas anteriores al s 19; es más común en la segunda mitad de ese siglo y en las primeras décadas del 20. En este periodo se dan dos grandes líneas del vitalismo: el vitalismo en la ciencia(defiende q existe una diferencia esencial entre seres orgánicos y no orgánicos, y q los primeros no pueden reducirse a los segundoios, sino q hay un principio propieo en los seres vivos) y el vitalismo en la filosofia(contraria al racionalismo), este gira en torno a la temporalidad, historia,cambio, muerte... y dentro de ella tb hay diversas corrientes según su concepto de vida. dos de estas formas de extender la vida son: la vida en sentido biológico y la vida en sentido biográfico o histórico. Se puede entender la filosofía de N como el intento más radical de hacer de la cida lo absoluto. La vida tiene valor en sí misma, interpretada como cración y destrucción, yentendida fundamentalmente en su dimensión biológica, instintiva, irracional. N desarrolla de ella una doble vertiente: Negativa, crítica, es este sentido N creyó posible medir el valor de la metafísica, la teoría del conocimiento y la moral a partir de su oposición o afirmación respecto de la vida; Positiva que se resuelve en el intento de comprensión y explicación de la vida como el trasfondo profundo de lo que todo surge, y lo hace a partir de unos temas que surgen a lo largo de su obra, y entre los que pueden considerarse fundamentales los de la voluntad de poder, el superhombre y el eterno retorno. Por medio de la voluntad de poder N explica su concepción de la realidad. Identifica el mundo, la tierra, fuerza eternamente creadora con la vida. Para N, la vida es esencialmente voluntad de poder. La voluntad de poder es algo cósmico, es el mundo, este mundo, el único que hay, y es fuerza, energía inmensa pero finita, y como tal fuerza en continua transformación, cambio, movimiento, devenir.El término “Voluntad” lo toma a partir de Schopenhauer, quien había designado con ese término el principio metafísico de lo real, y quizá también para significar que esa energía no está precedida de un “logos” o razón, antecede a la razón.“De poder”, porque esa energía sin forma(informe) tiende a conformarse en algo concreto, en seres que percibimos y en nosotros mismos, cuya relación mutua es una relación de poder, en la que unos tienden a imponerse sobre los otros, pero no por el mero hecho de imponerse, sino por realizar el pleno desplegarse de las fuerzas que los constituyen.Esta voluntad de poder no es el ser sólo de lo orgánico, pero se hace más asequible a nosotros en el mundo biológico, en el fenómeno de la vida, donde se ve claramente que el imponerse no es una lucha por dominar, sino la lucha por ser cada uno.El hombre es una forma de vida, la más evolucionada y, por ende, la más compleja, es también voluntad de poder, juego de fuerzas, una pluralidad de instintos, que se contraponen y se subyugan, que se afirman o niegan, y se expresan en formas de vida, no biológicas, sino culturales que pueden ser afirmativas (sanas) o reactivas(enfermas), según favorezcan la vida, afirmando la diferencia, el devenir, el ser más, lo que implica la lucha y con ella la muerte, o, por el contrario, negando la vida, buscando el igualitarismo, coartando los instintos, la vitalidad, la lucha, en nombre de un mundo superior eterno e inmutable, que adormece las conciencias con falsas promesas de paz y sosiego. De ahí la valoración negativa que Nietzsche hace de la cultura occidental.Nietzsche defiende que la actitud que ha de tomar ante la vida no ha de ser ni el optimismo ni el pensimismo(indicio de una actitud de resignación y,

por tanto, es un signo de debilidad espiritual) ni el nihilismo. La correcta actitud ante la vida la denominó “sentimiento trágico” (actitud dionisiaca o vitalidad), q consiste en ka afirmación de la vida, el decir sí a la vida incluso en sus problemas más extraños y duros.Nietzsche desarrolla el tema del superhombre en Así habló Zaratustra. El superhombre no es todavía una realidad, es una esperanza como debería ser el ser humano del futuro. El opuesto de este “superhombre” es “el último hombre”. Este es el hombre del nihilismo pasivo, que no cree ya en nada, en el que se ha extinguido la potencia creadora del ser humano¸ sólo vegetar, aunque dispone de una cultura muy amplia; que no es ya una tarea para sí mismo. Ya no tiene entusiasmo, “tiene su pequeño placer para el día y su pequeño placer para la noche: pero honra la salud”. Con una mordacidad corrosiva dibuja Nietzsche la imagen de nuestra vida moderna: el último hombre somos nosotros. El último hombre es el mediocre hombre moderno incapaz de realizar grandes acciones y tareas, capaz de pequeñas alegrías y tristezas, q rinde culto a la felicidad y a la satisfacción moderada. Además de estas características por contraste, Nietzsche ofrece algunas características positivas del superhombre. Las tres fundamentales son: -La mundanidad supone el rechazo de todo más allá con el que se calumnia a este mundo. Sólo ha de aceptar este mundo, no se inventa otros ni intenta trancenderse a sí mismo, ni con Dios ni con ideas platónicas. Platón al separar el mundo de las ideas del mundo sensible convierte a este en falso y aparente, y siendo aquel el verdadero y valioso. Nietzsche, al predicar al superhombre afirmaría estar cerrando el largo error de la metafísica y afirmando el mundo sensible como el único. El superhombre es el “sentido de la tierra”. Es conocedor y capaz de asumir que “Dios ha muerto”, capaz de asumir que se debe acabar con “el mundo verdadero”, con la metafísica y aceptar q nada ha de ponerse en su lugar. Es necesario este hombre para que permita la curación de la desgarradura que divide al hombre y lo escinde, representa una reconciliación entre cuerpo y el alma.-La vitalidad del superhombre se afirmará en su aceptación y afirmación dionisíaca del mundo.-El superhombre tiene, además la tarea de la creación de valores nuevos, la transvaloración de los valores; hay que invertirlos. En Zaratustra nos cuenta tres transformaciones del espíritu: cómo el espíritu se transforma en camello, el camello en león y, finalmente, el león en niño. El camello representa el momento de la humanidad que sobreviene con el platonismo y que llega hasta finales de la modernidad; su característica básica es la humildad, el sometimiento, el saber soportar con paciencia las pesadas cargas, la carga de la moral del resentimiento hacia la vida. El león representa al hombre como crítico, como nihilista activo que destruye los valores establecidos, toda la cultura y estilo vital occidental. Y el niño representa al hombre que sabe de la inocencia del devenir, que inventa valores, que toma la vida como juego, como afirmación, es el sí radical al mundo dionisíaco. La doctrina del eterno retorno expresa la concepción nietzscheana del tiempo. Esta concepción se opone a la cristiana. La concepción cristiana del tiempo sostiene la linealidad de éste: Dios crea el tiempo que apunta hacia un sentido, una finalidad; una vez alcanzada dicha finalidad, también debe acabarse el tiempo mismo. Nietzsche, por el contrario, defiende que el tiempo es circular y eterno. Formuló la doctrina del eterno retorno como una hipótesis física q sostenía q si hay leyes estrictas habrá un momento en el que todo volverá (“eterno retorno”) y aparece como una fórmula para expresar la afirmación de la vida, pues implica que la acepta tal y como es, sin correcciones ni enmiendas, idéntica una y otra vez. Esto que puede parecer sensible para el hombre corriente, para el hombre superior le impone el imperativo de que sus actos sean lo bastante nobles y grandiosos para merecer esa eternidad.


La totalidad de la filosofía de Nietzsche se puede entender como el intento más radical de hacer de la vida lo absoluto. El filósofo alemán pertenecía a la corriente del vitalismo.En el aspecto positivo de la filosofía de Nietzsche, se critica a la moral occidental que, según él, ha nacido del resentimiento, del odio al superior. En el ámbito de la religión, critica al monoteísmo (“el monótonoteísmo”) por su menosprecio a los sentidos y la máxima hostilidad a la naturaleza y a la voluntad de vida. Critica, en especial, al cristianismo y afirma que el concepto de Dios representa los valores negativos y contrarios a la vida.La crítica más importante llevada a cabo por Nietzsche sobre la cultura occidental es a la filosofía. Dice que el entendimiento y el conocimiento es el principal objeto de orgullo para el hombre. Sin embargo, es paradójico que el intelecto produzca este orgullo cuando sólo es un recurso para la conservación en la existencia de seres débiles. Este orgullo hace a los hombres engañarse sobre el valor de su existencia. Utiliza Nietzsche un ejemplo, que consiste en que el mimetismo de animales les permite escapar de sus enemigos y el intelecto como medio de conservación actúa fingiendo. El hombre se defiende no del medio en general sino de los individuos de su misma especie.El individuo tiende a fingir con el objetivo de conservarse frente a lo demás, pero puesto que el hombre tiende a vivir en sociedad ha de evitar esta guerra de todos contra todos y para ello acepta un lenguaje. Así, para Nietzsche, la verdad depende del lenguaje, pues se consigue al utilizar las designaciones correctas y al clasificar correctamente, respetando las jerarquías. El lenguaje ni expresa la realidad ni las designaciones de las cosas, sino que designa las relaciones de las cosas con los hombres y convierte estas designaciones en válidas. Las cosas fuera de nosotros nos producen una excitación nerviosa que se traduce en una imagen mental para cuya designación el hombre hace uso de un sonido articulado. Esta designación supone, por lo tanto, primero, la transposición de una excitación nerviosa a una imagen (primera metáfora) y después, otra transformación de la imagen en un sonido articulado (segunda metáfora).Toda palabra se convierte en un concepto cuando no designa la experiencia singular en la que basa su origen, sino innumerables experiencias parecidas pero diferentes. De estos conceptos surgen las teorías de la existencia de un arquetipo del cual  las cosas individuales son copias imperfectas, y éste es su causa (como el Platonismo). La naturaleza no conoce de formas, conceptos o géneros; únicamente cosas inaccesibles para nosotros. Aunque se intente subordinar unos a otros o clasificarlos, la verdad consiste en usar cada concepto según su designación, en no violar su jerarquía.La consideración de que la verdad no es más que una ilusión, “aquel tipo de error sin el cual no puede vivir un individuo de una especie determinada” se trata de una ficción útil, esto es, justificada desde el punto de vista biológico. Nietzsche llama a estas ficciones perspectivas, y un ejemplo sería el nacimiento y el desarrollo de la lógica. Así, la voluntad de verdad consiste en esto, en la voluntad de engaño, y al mismo tiempo olvidar tales ficciones. El hombre ha de darse cuenta de que la realidad auténtica es el devenir y de que nuestra razón no puede abarcarlo ni simplificarlo en las categorías.La crítica a la filosofía occidental va a culminar en El crepúsculo de los ídolos. Nietzsche ataca fundamentalmente a su aspecto ontológico.En el apartado dos (El problema de Sócrates) Nietzsche critica la imagen del griego. Afirma que se trataba de un hombre plebeyo y muy feo, de tal modo que para ganarse a los jóvenes griegos los fascinaba mediante el descubrimiento de la dialéctica. En el apartado tres, titulado La razón de la filosofía, Nietzsche hace una crítica global a la filosofía occidental de raíz platónica, pues ha cometido dos grandes errores. Por un lado, la consideración como lo verdaderamente real (mundo de las Ideas en cualquiera de sus versiones históricas) lo que no es sino un mundo ilusorio y pensando en el mundo efectivamente real (mundo sensible espacio-temporal) como lo aparente. Nietzsche dice que es una idiosincrasia su egepticismo.Por otro lado,  la filosofía occidental ha considerado el concepto, lo último que aparece en el proceso de conocimiento, como lo primero, intentando obtener la realidad a raíz de tales conceptos. Para Nietzsche aquí se halla la otra idiosincrasia de los filósofos occidentales, en confundir lo último con lo primero. Los conceptos se originan por abstracción. A partir de las sensaciones (pluralidad de diferencias) se obtiene por este método los conceptos, y


así hasta conceptos más generales, llegando finalmente hasta los conceptos supremos. Los filósofos al conferir a estos conceptos supremos el máximo grado de realidad creen que no pueden venir de lo inferior, de ahí que los consideren como incausados “causa sui”. A partir de aquí construyen el concepto de Dios, al que llaman “ente realísimo” siendo lo existente, lo bueno, lo verdadero, lo perfecto, lo incondicionado… Para Nietzsche es en realidad el último producto del desvarío de la razón.Nietzsche resume en cuatro tesis toda la crítica a la metafísica tradicional. La primera tesis abarca las razones por las cuales el mundo sensible ha sido calificado de aparente. Estas razones no son otras que su ser captado por los sentidos como múltiple y cambiante, es decir, radicalmente temporal. Desde el punto de vista opuesto: que este mundo sensible, material, cambiante es el único que existe, se muestra cuando descubrimos que las razones por las que se ha considerado aparente son que sus características lo oponen al mundo conceptual permanente construido por la razón.

La segunda tesis afirma que lo que hasta ahora se creía el mundo verdadero es en realidad un mundo aparente que se ha construido con los atributos opuestos a los que tiene este mundo. La tercera tesis establece que la invención de todo más allá de este mundo supone una actitud negativa ante la vida. El invento del "mundo verdadero" no puede explicarse si no es por resentimiento, por venganza de la vida: se inventa un mundo distinto porque no se tiene el valor y la entereza para aceptar, para asumir, este mundo, en su profundo sentido trágico, el único real, buscando como refugio otro mundo "mejor" donde la lucha, el dolor, la vejez y la muerte no tengan cabida. La cuarta tesis pone de manifiesto que la invención de trasmundos es un síntoma de decadencia. En cambio, la actitud de estimar lo que se ha llamado apariencia y que ahora se considera realidad, incluso en lo que tiene de problemático y terrible, es la propia del artista trágico, la actitud dionisíaca, que nada tiene que ver con el pesimismo. La pregunta filosófica de los griegos era la pregunta por el ser, lo que tienen en común todas las cosas que constituyen la naturaleza . Platón explica el mundo físico recurriendo al mundo de las ideas. Este último constituye la verdadera realidad según Platón, mientras que el mundo físico sólo es una copia, es el mundo de la apariencia. Con él comienza la metafísica. De ahí que Nietzsche llama “platonismo” al intento de explicar este mundo físico recurriendo a otro mundo inventando por la razón humana, intento en el cual nuestro mundo es interpretado como aparente y el otro como verdadero mundo.Para concluir cabe decir que la crítica nietzscheana a la metafísica tiene su fundamento en la inversión que entre Razón y Voluntad de poder respecto de la tradición filosófica. Desde Platón se ha considerado que la razón (El Bien, Dios) era el principio y fundamento de todo lo real y, en consecuencia, de la vida humana; Nietzsche piensa lo contrario: el ser, lo que existe, es voluntad de poder, un conjunto de fuerzas ciegas que pugnan por imponerse unas sobre otras, voluntad de ser más, de superarse, de demostrar una fuerza siempre creciente. La razón es un mero instrumento de sólo uno de los innumerables seres vivos que existen, el hombre, que, como las garras en el depredador, ha surgido al servicio de la vida propia de éste, pero no para someterla, sino para impulsarla, para hacerla más plena; es, por tanto, ilusorio creer que la razón capta la verdad objetiva, y es signo de vida decadente, enferma, someter los impulsos vitales a la razón, en lugar de utilizarla para plenificarlos.

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