Neoclasicismo en España: arquitectura y arte clave de Sabatini, Villanueva, David y Canova

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Arquitectura española

Francisco Sabatini, autor de los proyectos de la Aduana y la Puerta de Alcalá de Madrid, sustituyó a Ventura Rodríguez en el favor real y personifica la transición definitiva hacia la generación de arquitectos decididamente neoclásicos, tanto por formación como por convencimiento.

Juan de Villanueva destaca entre ellos como uno de los arquitectos más originales y de mayor categoría del panorama europeo del momento.

Obras destacadas

  • Casita de Arriba (El Escorial)
  • Casita de Abajo (El Escorial)
  • Academia de Historia
  • Puertas monumentales del Jardín Botánico
  • Observatorio Astronómico
  • Museo del Prado

Arte y revolución

Los artistas del período neoclásico deben afrontar un reto de extraordinaria dificultad: satisfacer las necesidades de una sociedad nueva y revolucionaria a partir de la estética inspirada en los modelos grecolatinos. Esta vuelta al clasicismo, basada en los textos teóricos de autores como Winckelmann y en los espectaculares descubrimientos arqueológicos del momento, está unida al fenómeno de la Ilustración y, en consecuencia, vinculada a las clases dirigentes del Antiguo Régimen.

En principio, lo que se requiere de los artistas es una mayor sinceridad como reflejo de las ideas de moralidad civil triunfantes. La obra de arte debe ser un fiel trasunto de la nueva ideología ilustrada.

Los neoclásicos realizaban una pintura en la que predominaban los motivos éticos y, a la vez, estéticos.

Jacques-Louis David

Ya con su primera gran obra, Belisario, apuntó lo que sería la pintura neoclásica, obteniendo un importante éxito. Poco después presentó el gran cuadro manifiesto del neoclasicismo: El juramento de los Horacios.

Para David, la pintura suponía ante todo una lección de filosofía. La antigüedad clásica le ofrecía el contexto idóneo para la transmisión de los principales ideales revolucionarios. David era, ante todo, un revolucionario: fue miembro de la Asamblea Nacional y participó activamente en las actividades de la Convención. Fue la época de su obra más profunda y sobria: La muerte de Marat. Más adelante se implicaría con igual fervor en el período napoleónico, organizando las grandes ceremonias imperiales y representándolas en cuadros como La coronación de Napoleón o La distribución de las águilas.

Antonio Canova

El veneciano Antonio Canova es el gran escultor del neoclasicismo. Solo el danés Bertel Thorvaldsen podría disputarle el honor.

Canova entendió la escultura como una exaltación de las formas de la naturaleza, inspirándose en el ideal de belleza de los modelos clásicos. En consecuencia, buscó siempre la objetividad en sus obras, llegando incluso a reservar parte de la ejecución a técnicos especialistas en el trabajo del mármol.

Pese a ello, no es un escultor frío. En sus figuras se aprecia un toque de sensualidad y un componente emotivo que, unidos a su gusto por la multiplicación de puntos de vista, le convierten en un escultor equilibrado y en un precedente de la mejor escultura posterior.

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