Narrativa novecentista y vanguardista en la literatura española: autores y obras clave
Enviado por Chuletator online y clasificado en Lengua y literatura
Escrito el en
español con un tamaño de 4,17 KB
La narrativa novecentista
El primer tercio del siglo XX se caracteriza por la sucesión de distintos movimientos literarios que coinciden en algunos aspectos. De ahí que, durante la época de apogeo del novecentismo, se produzca la convivencia de diversas tendencias. Junto con la pervivencia de la novela realista-naturalista o de la novela erótica, aparecen otras corrientes, como la novela humorística, representada por Wenceslao Fernández Flórez. Pero destacan, sobre todo, Gabriel Miró y Ramón Pérez de Ayala, que van a continuar la renovación novelística iniciada por los autores modernistas.
Gabriel Miró (1869-1930)
Gabriel Miró (1869-1930) evolucionó desde una novela formalista de carácter modernista hacia la novela propiamente lírica, en la que la captación de sensaciones y ambientes elimina totalmente la trama narrativa. De la primera etapa destaca la novela Las cerezas del cementerio (1910). En su segunda etapa es en la que compuso las novelas líricas centradas en el ambiente opresivo de Oleza, trasunto novelesco de Orihuela. Se trata de Nuestro Padre San Daniel (1921) y de El obispo leproso (1926).
Ramón Pérez de Ayala (1880-1962)
Las cuatro primeras novelas de Ramón Pérez de Ayala (1880-1962) pueden encuadrarse dentro de la renovación de la novela realista. Se trata de novelas protagonizadas por Alberto Díaz de Guzmán, un personaje desorientado que es el trasunto del propio autor. En su segunda etapa compuso novelas intelectuales. Las novelas intelectuales de Pérez de Ayala —Belarmino y Apolonio (1921), Tigre Juan y su segunda parte, El curandero de su honra (1926)— destacan por la importancia del componente reflexivo y por el tono irónico.
La narrativa vanguardista y los prosistas del 27
Al término de la Primera Guerra Mundial, casi coincidiendo con el novecentismo, se desarrolló la novela vanguardista. Se trata de una novela que juega con el lenguaje, siendo más transgresora que la novela formalista, pero que a la vez juega con el hecho de que la novela es un relato ficticio contado por un narrador. De ahí que carezcan propiamente de estructura narrativa: no hay historia y el tiempo no es lineal. En su lugar, se centran en episodios insólitos —por ejemplo, humorísticos— o en el empleo de metáforas modernas. Fue José Ortega y Gasset quien se convirtió en el líder de este tipo de novela mediante su ensayo Ideas sobre la novela (1925) y la colección de novelas Nova novorum, donde aparecieron las novelas vanguardistas más importantes.
Ramón Gómez de la Serna (1888-1963)
El precursor de la novela vanguardista fue Ramón Gómez de la Serna (1888-1963) con obras como El novelista (1923), en la que establece un juego con el lector: se narra cómo un novelista escribe una novela, que es la propia obra que está leyendo el lector. Este tipo de obras muestran la visión caótica que tenían de la realidad los autores vanguardistas.
Benjamín Jarnés (1888-1943) y Enrique Jardiel Poncela (1901-1952)
Otro autor destacado es Benjamín Jarnés (1888-1943), sobre todo por su obra Locura y muerte de nadie (1929), una novela vanguardista sobre un personaje desorientado e indeciso. Por su parte, Enrique Jardiel Poncela (1901-1952) escribió novelas humorísticas, como Amor se escribe sin hache (1929).
De la vanguardia a la novela social
El paso de los felices años veinte a los hoscos años treinta supondrá el final de la deshumanización del arte. Los sentimientos vuelven a aparecer en la literatura y se postula que el artista debe comprometerse con los problemas de su tiempo. Estas novelas, conocidas como novelas sociales, utilizan recursos de la novela realista para desarrollar la acción y presentar a los personajes y los espacios. Además, el estilo es sencillo. Ramón J. Sender (1902-1982) destacó con novelas como Imán (1930), centrada en la guerra de Marruecos.