Nacionalismos y la Guerra Hispano-Estadounidense: Un Análisis Histórico
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Nacionalismo Vasco
El Nacionalismo Vasco surgió en la década de 1890. En sus orígenes, se encuentra la reacción ante la pérdida de los fueros tras la derrota del carlismo y el desarrollo cultural en defensa de la lengua vasca. Su principal propulsor fue Sabino de Arana, quien percibió como un peligro la llegada de emigrantes al País Vasco. Arana creía que esta población ponía en peligro la lengua, las tradiciones y la etnia vasca. En 1895 se creó el Partido Nacionalista Vasco (PNV). Inicialmente, el PNV se declaró independentista con respecto a España, pero esta postura evolucionó hacia el autonomismo.
Andalucismo
El impulsor del andalucismo fue Blas Infante, heredero de los movimientos republicanos y federalistas del siglo XIX. En 1916, fundó un centro andaluz en Sevilla, órgano expresivo de la realidad cultural y social de Andalucía. Durante la Segunda República, el movimiento andalucista redactó el "Estatuto de Autonomía". Esta iniciativa logró poco respaldo popular y tuvo que esperar al final del franquismo para encontrar un sentimiento andalucista que defendiera la autonomía.
La Guerra de Ultramar (1895-1898)
En 1895, estalló en Cuba una nueva insurrección. Después de una corta guerra, España perdió sus últimos territorios coloniales y quedó inmersa en una gran crisis.
Cuba, la Perla de las Antillas
Tras la "Paz de Zanjón", los cubanos esperaban una serie de reformas que les otorgaran los mismos derechos de representación política en las Cortes que los españoles peninsulares: participación en el gobierno, libertad de comercio y abolición de la esclavitud. Ninguna de estas peticiones fue considerada por la administración colonial. Siguiendo el modelo bipartidista de la península, se crearon en Cuba dos partidos:
- El Partido Autonomista: Integrado por la mayoría de cubanos que pedían autonomía para la isla, propugnaba un programa de reformas políticas y económicas sin llegar a la independencia.
- El Partido Liberal de Sagasta ("La Unión Constitucional"): Llegó a concretar la abolición formal de la esclavitud. También propuso a las Cortes la aprobación de un proyecto de reformas del estatuto colonial de Cuba, pero no prosperó por las presiones de los intereses económicos españoles.
El gobierno español elevó las tarifas arancelarias para los productos importados a la isla que no procediesen de la península. El principal cliente económico de Cuba era Estados Unidos, que adquiría casi la totalidad del azúcar y el tabaco. Ante estas elevadas tarifas, Estados Unidos manifestó su protesta y amenazó con cerrar las puertas de su mercado al azúcar y tabaco cubano si el gobierno español no modificaba su política arancelaria.
La Gran Insurrección
En 1879 se produjo un nuevo intento de insurrección contra la presencia española en la isla, lo que dio lugar a la "Guerra Chiquita". En 1885, se inició un levantamiento generalizado. La rebelión se extendió rápidamente. Cánovas del Castillo envió un ejército al mando de Martínez Campos, pero no consiguió controlar la rebelión, por lo que fue sustituido por Weyler, quien inició una gran represión. En el plano militar, la guerra no era favorable a los soldados españoles, ya que se desarrollaba en la selva. El mal aprovisionamiento y las enfermedades tropicales causaron gran mortalidad. Tras el asesinato de Cánovas del Castillo, el gobierno, inconsciente del fracaso de Weyler, lo destituyó y nombró al general Blanco, quien inició una estrategia de conciliación para mantener la soberanía española. Para ello, decretó la autonomía de Cuba, el sufragio universal masculino, la igualdad de derechos entre insulares y peninsulares y la autonomía arancelaria, pero las reformas llegaron tarde. Los independentistas, que contaban con el apoyo estadounidense, se negaron a aceptar dichas reformas. La insurrección se extendió a Manila. El nuevo gobierno liberal de 1897 nombró capitán a Primo de Rivera, quien pacificó la isla momentáneamente.
La Intervención de Estados Unidos
Estados Unidos fijó su área de expansión inicial en el Caribe y, en menor medida, en el Pacífico. Su interés por Cuba lo había llevado a hacer varias proposiciones de compra de la isla, que España siempre rechazó. El compromiso estadounidense con Cuba se evidenció cuando el presidente estadounidense mostró su apoyo a los insurrectos. La ocasión para intervenir en la guerra la dio el incidente con el Maine. Estados Unidos culpó falsamente del hecho a agentes españoles y envió a España un ultimátum para que se retirara de Cuba. El gobierno español se negó y rechazó el ultimátum, amenazando con declarar la guerra en caso de invasión de la isla. Así comenzaba la guerra hispano-norteamericana.