La Muerte de Dios y la Transmutación de Valores en Nietzsche: Voluntad y Superhombre
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El Problema de Dios en Nietzsche: La Vaciedad del Concepto
El problema central de Dios en Nietzsche consiste en explicar la vaciedad de este concepto. La “Muerte de Dios” es la idea reguladora de todo el proceso de limpieza y destrucción de la cultura occidental que realiza Nietzsche. La idea de Dios representa la concreción máxima de los valores de la cultura judeocristiana. La demostración de la vaciedad de tal concepto, del engaño al que nos somete y de la infravaloración de lo humano a que impulsa, nos obliga a enterrarlo.
La Transmutación de Valores
Pero tras su muerte, hay que tener cuidado de no sustituirlo por otros elementos que desempeñen las mismas funciones. Es necesario transmutar todos los valores sostenidos en el resentimiento de la moral de los esclavos, reemplazándolos por los valores de la vitalidad y la fuerza de la moral de los nobles o señores.
Voluntad de Poder y Sentido de la Vida
Desterrado el concepto de verdad, sustentado en la existencia de Dios, la voluntad es aquello que comprende y empuja el auge de la vida: acepta la Voluntad de Poder y su repetición. El sentido de la vida ya no es conocer una verdad muerta con Dios, sino reconocer que la vida por sí misma es su sentido. La fuerza del deseo y de la voluntad hace que lo que ella quiere se torne en realidad. La voluntad es un sentimiento vital que, en vez de crear verdades, crea algo de más valor: realidades.
El Nihilismo: Consecuencia de la Muerte de Dios
La conclusión inmediata de la muerte de Dios es el nihilismo.
El nihilismo no se puede entender solo como una teoría filosófica, sino como un movimiento histórico y como un proceso psicológico:
- Como movimiento histórico: Representa toda la evolución cultural de Occidente, sustentada en la metafísica platónica y la moral cristiana que despreció la ingenuidad del devenir y el valor telúrico de la vida.
El Problema Sociopolítico de Nietzsche: Crítica al Estado Moderno
En un comienzo, el Estado tuvo su papel: consagró el triunfo violento de los fuertes. Dado que este triunfo hizo posible la civilización, la gente ha olvidado el terrible origen del Estado. Nietzsche opone el Estado de los tiempos heroicos al Estado tranquilo de los modernos, al Estado del rebaño.
Condena del Estado y la Sociedad Moderna
Nietzsche condena el Estado moderno y, a la vez, la sociedad moderna. El Estado es un poderoso ídolo nuevo, mientras que el objetivo de Nietzsche es la destrucción de los ídolos. El Estado predica doctrinas universales, como los derechos del hombre, y su hueco universalismo despersonaliza al individuo.
En este orden de ideas, Nietzsche entiende como algo necesario y fatal que se destruyan todos los valores y los ídolos decadentes de Occidente, incluyendo el Estado: es una necesidad inaplazable. La única salida es la destrucción del Estado, que será la obra de los espíritus libres.
El Surgimiento del Superhombre
Estos espíritus libres deben empezar su rebelión reconquistando su libertad en medio de la sociedad del rebaño, asumiendo todas las consecuencias. Son espíritus aristocráticos con Voluntad de Poder, con coraje para intensificar el yo y para ser fieles a la vida.
El amor a la vida no es amor a la larga vida. El héroe corre sin saber si llegará a la meta; vive peligrosamente. Esto es lo dionisíaco: aceptar la vida de la desmesura.
De estos espíritus libres surgirá el Superhombre (Übermensch), el ser soberano que, puesto más allá del bien y del mal, destruye los valores decadentes y exalta la grandeza de los valores que él mismo crea.