Movimientos y obras clave del arte: Romanticismo, Realismo, Impresionismo y vanguardias

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Romanticismo, Realismo e Impresionismo: características y evolución

Romanticismo: el romanticismo se opuso a la rigidez histórica y formal del clasicismo. En los cuadros se muestra el espíritu del artista. Las características del romanticismo son el individualismo, la libertad, la oposición al progreso científico-tecnológico, la supremacía del sentimiento y el instinto frente a la razón, la exaltación de la naturaleza, del pueblo y del nacionalismo. Existe una tensión dramática en las composiciones, de las que desaparece la simetría a favor de perspectivas atmosféricas. La pincelada es suelta y agitada; el color gana protagonismo frente al dibujo. Las luces son vibrantes y los temas suelen ser históricos, paisajes, retratos, escenas, etc. En algunos casos el objeto de la pintura es la oposición al hombre y a la naturaleza, y en otros las tensiones que agitan la sociedad del siglo XIX se muestran de manera dramática y exaltada. Los valores del romanticismo se convirtieron en un arte de evasión.

Realismo: apareció entonces como reacción y respuesta a los nuevos tiempos: el realismo, que valora la objetividad formal y la nueva mirada hacia la sociedad. También en la literatura se observa este fenómeno. Autores como Courbet, Millet o Corot pretendieron plasmar el mundo tal y como se ve, sin una ideología previa y sin el filtro de la subjetividad del artista. Aun así, su mirada de la realidad se convirtió en muchas ocasiones en una crítica de las desigualdades sociales. El valor objetivo de sus paisajes se convirtió en inspiración para los impresionistas. Reivindican el papel social del artista y el valor del presente, del progreso y de las tensiones sociales como tema para las obras.

Impresionismo

Impresionismo fue un movimiento pictórico que surgió en Francia a finales del siglo XIX como reacción contra las normas rígidas de la Academia Francesa de Bellas Artes y las exposiciones oficiales del Salón de París. En 1863, Édouard Manet presentó Le Déjeuner sur l'herbe, obra que causó gran escándalo entre los sectores tradicionales y entusiasmo entre los artistas innovadores. Más adelante, un grupo de pintores organizó una exposición independiente en el estudio del fotógrafo Nadar. Allí se expuso la obra “Impresión”, cuyo título dio origen al término “impresionistas”.

El objetivo principal del impresionismo era captar la percepción visual inmediata, representando la luz y el color tal como se perciben en un instante concreto, en lugar de narrar historias o representar escenas idealizadas. Entre sus antecedentes destacan pintores como Rembrandt, Diego Velázquez, Francisco de Goya, etc., además de la influencia del arte japonés, especialmente en el uso del color plano y el tratamiento de la luz. Aunque inicialmente fueron rechazados y criticados, el reconocimiento internacionalizó que su estilo acabara siendo valorado. El impresionismo supuso una ruptura con la pintura tradicional y marcó el inicio del arte moderno del siglo XX.

Elementos y técnicas del impresionismo

  • El tema más repetido es el paisaje, considerado anteriormente un tema secundario.
  • La luz es uno de los elementos fundamentales. En varias ocasiones se representa un mismo objeto con la finalidad de captar los cambios de la luz sobre dicho elemento.
  • La pincelada es rápida, suelta y vigorosa. Prefieren la mancha pastosa y gruesa.
  • Emplearon la teoría de los colores, eliminaron el contorno y el dibujo perdió importancia. La sombra nunca es negra en un cuadro, sino del color complementario correspondiente.
  • La fotografía ejerció una gran influencia en la pintura. Los ángulos captados por la cámara de fotografía fueron copiados en varias ocasiones.

Obras destacadas y sus características

Niño jugando con gato — Mary Cassatt (1908)

Niños jugando con un gato (1908) es una obra de Mary Cassatt que no se encuentra en ningún museo público y suele aparecer en subastas y reproducciones del arte. Mary Cassatt es una de las pocas mujeres vinculadas al impresionismo. La pintura muestra a un niño y una niña jugando con un gato, representando la curiosidad y la alegría propias de la infancia.

La composición centra la atención en la interacción entre los niños y el animal. Cassatt utiliza colores suaves y luminosos, con pinceladas sueltas que transmiten movimiento e inmediatez, características del impresionismo. El gato, más oscuro, destaca dentro de la escena. La obra refleja el interés habitual de Cassatt por la vida cotidiana, especialmente la infancia y el mundo femenino. También se aprecia la influencia del japonismo en la composición. En conjunto, la pintura captura un momento íntimo y sencillo, resaltando la inocencia y la esencia de la niñez.

Bodegón: Manzanas y naranjas — Paul Cézanne (1895-1900)

Bodegón: Manzanas y naranjas (1895-1900). Óleo sobre lienzo (74 x 93 cm). Museo de Orsay.

Representa un bodegón en el que las frutas se disponen sobre un plato, una fuente y directamente sobre el mantel blanco de numerosos pliegues; al fondo vemos un lienzo de tela decorada. El bodegón es un género de larga tradición en la pintura. Cézanne se sirvió de este para investigar las formas y los volúmenes de los objetos, que el impresionismo había desintegrado. Para recuperar las formas, ilumina los contornos con trazo oscuro, obteniendo figuras casi geométricas. De esta manera, por ejemplo, ha convertido las frutas en sencillas esferas y los pliegues del mantel resultan angulosos.

Por otra parte, las múltiples pinceladas facetadas de color le sirven para obtener el volumen. La intensa policromía de las naranjas y manzanas, en contraste con el mantel blanco, resalta aún más su solidez. La perspectiva es totalmente subjetiva, no científica: hay varios puntos de vista, lo que provoca cierta deformación en los objetos. La línea de horizonte y el drapeado del fondo acentúan la sensación de desorden. En cambio, el mantel y el frutero central equilibran la composición. Esta obra pertenece a la época madura del pintor, cuando trabajaba en su taller de París. Realizó una serie compuesta por seis bodegones muy similares.

La noche estrellada — Vincent van Gogh (Óleo sobre tela)

La noche estrellada. Óleo sobre tela (73 x 92 cm). 1899.

Van Gogh pintó esta obra durante su estancia en el hospital psiquiátrico de Saint-Rémy, en Provenza. No obstante, el paisaje que vemos no es el pueblo real, sino una recreación del propio artista. El tema de la noche estrellada enlazaba con sus creencias sobre la muerte y la eternidad: la muerte no era más que un viaje a las estrellas, y el cielo estrellado era una especie de mapa en ese viaje. La presencia del ciprés, árbol relacionado con los cementerios y lo eterno, intensifica el mensaje.

La obra destaca por su horizontalidad. Solo las líneas verticales de los cipreses y la torre de la iglesia dirigen nuestra vista hacia arriba. El cielo es el protagonista y ocupa casi todo el lienzo; Van Gogh no pinta un cielo negro, sino que lo embellece de color. En el cielo azul destacan las estrellas blancas y un enorme suelo amarillo. El amarillo y el azul serán, junto con el verde, sus colores favoritos. El cielo está pintado con pinceladas gruesas, curvas y agitadas, que contrastan con la quietud y linealidad del pueblo en la parte inferior.

Guernica — Pablo Picasso (1937)

Guernica es un cuadro pintado en 1937 por Pablo Picasso. Es un óleo sobre lienzo de gran tamaño que se encuentra en el Museo Nacional Centro de Arte Reina Sofía.

La obra representa el bombardeo de la ciudad vasca de Guernica en 1937, durante la Guerra Civil Española. Fue un encargo del gobierno republicano para la Exposición Internacional de París de 1937, con el objetivo de denunciar los horrores de la guerra. Cuando terminó la guerra y comenzó la dictadura de Franco, el cuadro fue trasladado al Museo de Arte Moderno de Nueva York y no regresó a España hasta 1981, durante la transición democrática.

En cuanto a la composición, tiene una estructura similar a un tríptico. En el centro aparece un caballo herido y una mujer con una lámpara; a un lado, una madre con su hijo muerto y un toro; al otro, una mujer atrapada en un edificio en llamas. Picasso utiliza tonos grises y negros para aumentar el dramatismo. La obra combina rasgos del cubismo (formas geométricas y varios puntos de vista a la vez) y del expresionismo (gestos exagerados y gran carga emocional). Los símbolos principales son el toro (brutalidad), el caballo (víctima inocente), la paloma (paz rota) y la bombilla (avance técnico destructivo).

Fuente — Marcel Duchamp (1917)

Fuente es una obra creada en 1917 por Marcel Duchamp. Consiste en un urinario de porcelana firmado como “R. Mutt” y es una pieza clave del arte encontrado o ready-made, que consiste en convertir objetos cotidianos en obras de arte al cambiar su contexto.

Con esta obra, Duchamp revolucionó el arte y el vanguardismo al demostrar que cualquier objeto podía considerarse artístico si el creador lo presentaba como tal en un museo o galería. Aunque las normas de la exposición donde se presentó indicaban que todas las obras serían aceptadas, Fuente fue rechazada. La pieza original se perdió, pero fue fotografiada por Alfred Stieglitz, lo que ayudó a difundirla. Más tarde se realizaron varias réplicas. Hoy se considera un hito fundamental del arte del siglo XX.

El grito — Edvard Munch (1893)

El grito es una obra realizada por Edvard Munch en 1893. Está hecha con óleo al temple y pastel sobre cartón. Existen cuatro versiones; la más conocida se conserva en la Galería Nacional de Oslo. La obra es una de las más importantes del expresionismo.

El cuadro muestra en primer plano una figura andrógina que grita, símbolo de la angustia y la desesperación del ser humano moderno. Al fondo aparece un paisaje de Oslo visto desde la colina de Ekeberg, con un cielo rojizo y ondulante. También se distinguen dos figuras lejanas casi fuera de escena. Munch utiliza colores intensos, especialmente rojizos y oscuros, y distorsiona las formas para transmitir emoción y tensión psicológica. La obra refleja tanto la angustia personal del artista —marcada por una infancia difícil y la muerte de su madre y hermana— como una posible crítica a las injusticias sociales durante la Revolución Industrial. El grito destaca por su gran fuerza expresiva y su profundo impacto emocional.

Torre Eiffel — Gustave Eiffel (1889)

Torre Eiffel. Autor: Gustave Eiffel. Construida hacia 1889, en París.

La torre alcanza una altura de más de trescientos metros y su planta biaxial tiene 125 m de lado. En su momento fue el edificio más alto del mundo. Está construida en hierro, con más de 18.000 piezas prefabricadas. Aunque pesa más de 100.000 toneladas, da alta sensación de ligereza, lo que se logra por la transferencia, que hace imposible distinguir entre el interior y el exterior, y su afinamiento a medida que se eleva. Se fija al suelo con cuatro pilares hechos con barras de hierro que se estrechan hasta unirse en la cúspide rematada con una antena, formando una esbeltísima pirámide con aristas cóncavas. Su interior hueco consta de tres niveles o plataformas, dos intermedias y un mirador superior, a los que se accede por escaleras o ascensores.

Era el gran arco de entrada para la Exposición Universal de 1889. Fue levantada en dos años y es la obra más emblemática de la arquitectura del hierro. Desde sus comienzos fue polémica, ya que muchas personas la consideraron antiestética por carecer de piedra. No fue demolida gracias al enorme alcance de su antena, de vital importancia durante la Primera Guerra Mundial. Hoy es el monumento más visitado del mundo y símbolo universal de París.

Obras y arquitecturas del Barroco y del Renacimiento tardío

La vocación de San Mateo — Caravaggio

La vocación de San Mateo, de Caravaggio, situada en la Iglesia de San Luis de los Franceses, muestra el estilo revolucionario del artista, caracterizado por el uso dramático de la luz y la sombra (claroscuro), como si fuera un director de cine. Encargada por el cardenal Matteo Contarelli en 1598 para una serie sobre la vida de San Mateo, la escena representa el momento en que Cristo llama a Leví (San Mateo) mientras este trabaja como recaudador de impuestos. Jesús aparece como una figura humilde, acompañado de San Pedro, y su gesto recuerda al de La Creación de Adán de Miguel Ángel.

Caravaggio utiliza modelos reales y ambientes cotidianos, mostrando personajes humildes y escenas sin idealización. La composición, vista desde una posición baja y con fuerte contraste de luces, crea un intenso dramatismo. Su estilo naturalista y crudo no fue del gusto de todos en su época.

Triunfo de Baco y Ariadna — Annibale Carracci

Triunfo de Baco y Ariadna es un fresco realizado entre 1597 y 1600 por Annibale Carracci en la bóveda del Palacio Farnesio. Forma parte de la decoración de la Galleria Farnese y está considerada su obra maestra.

La escena representa el cortejo triunfal del dios Baco y su esposa mortal Ariadna, ocupando el centro de la bóveda con una composición densa y dinámica. La obra es un ejemplo clave del clasicismo romano-boloñés, que surge como reacción al manierismo. Retoma temas mitológicos del Alto Renacimiento y destaca por su vitalidad, armonía y sensualidad, plasmando el carácter erótico de la mitología con fuerza y equilibrio.

San Carlo alle Quattro Fontane — Francesco Borromini

San Carlos de las Cuatro Fuentes (San Carlo alle Quattro Fontane), en Roma, fue diseñada por Francesco Borromini entre 1634 y 1667 y es una de las obras más originales del barroco italiano. Construida en un solar pequeño y complicado, en un cruce con cuatro fuentes (una de las cuales debía respetarse), Borromini creó una planta elíptica e innovadora, basada en una clara geometrización del espacio.

A diferencia del barroco expansivo de Gian Lorenzo Bernini, aquí predomina un efecto de contracción y dinamismo. El interior presenta columnas agrupadas, muros ondulantes con formas cóncavas y convexas y una cúpula oval ricamente decorada con motivos geométricos que disminuyen hacia la linterna, generando sensación de movimiento y amplitud pese a sus reducidas dimensiones. La fachada es el elemento más rompedor: ondulada y fragmentaria, combina superficies cóncavas y convexas en dos pisos, creando fuertes efectos de luz y sombra. Aunque innovadora, se adapta al espacio urbano sin sobresalir de la calle. En conjunto, la iglesia representa una arquitectura dinámica, flexible y anticlásica que racionaliza el lenguaje barroco y rompe con la tradición anterior.

La Plaza de San Pedro del Vaticano — Gian Lorenzo Bernini

La Plaza de San Pedro en la Ciudad del Vaticano fue diseñada por Gian Lorenzo Bernini entre 1656 y 1657 por encargo del papa Alejandro VII, con la intención de crear un espacio capaz de acoger grandes concentraciones de fieles frente a la basílica.

La plaza está formada por dos zonas urbanas unidas: una trapezoidal, que dirige ópticamente la mirada hacia la cúpula de la basílica, y una elíptica, cuyo eje mayor es paralelo a la fachada y está remarcado por un obelisco central y dos fuentes situadas en los focos de la elipse. Los brazos ovalados de la plaza están formados por una gran columnata toscana que envuelve el espacio como si fueran “brazos que abrazan a los fieles”, un símbolo de la Iglesia acogiendo a los creyentes. Encima de estas columnas hay una balaustrada con estatuas de santos realizadas por discípulos de Bernini, representando el triunfo de la Iglesia.

La plaza, de forma teatral y monumental, no solo organiza el espacio urbano frente a la basílica, sino que también cumple una función propagandística al servicio del papado y de la Iglesia católica, especialmente en el contexto del arte barroco del siglo XVII.

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