Monarquía francesa en la modernidad: centralización, soberanía y diversidad territorial

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Francia en los inicios de la modernidad

Francia. En los inicios de la modernidad se trataba también de un reino mosaico: los señores tenían mucho poder, con jurisdicciones militares y hacendísticas. Los monarcas tenían que imponerse a múltiples soberanías y poderes concurrentes; hubo muchos conflictos jurisdiccionales, como el enfrentamiento entre el poder eclesiástico y el civil. Dominaba aún el mundo feudal, con el Rey concebido como un «primus inter pares», el primero de los señores pero reconociendo la existencia de otros. La fórmula de «señor de los señores» evidencia esa tensión: los reyes, desde el siglo XIV, intentaron situarse a la cabeza de la jerarquía, aunque nunca lograron eliminar definitivamente los poderes señoriales.

Hasta la aparición de Los Seis Libros de la República, no se consagró de forma generalizada la idea de la soberanía del monarca; esto sucede ya a finales del siglo XVI. A principios del siglo XVI, los dominios feudales habían perdido buena parte de su poder: los monarcas controlaban la recaudación de impuestos, lo que estuvo muy ligado a la capitalidad del Estado, puesto que la recaudación se hacía en dinero y no en especie. Ese dinero debía concentrarse en un lugar fijo y permitió, además, organizar levas y exigencias militares. En la práctica, los dominios feudales quedaron sometidos a la jurisdicción del príncipe, aunque siguieron siendo frecuentes los conflictos jurisdiccionales.

Diversidad territorial y soberanías compartidas

El mapa político y jurídico francés era complejo. Algunos ejemplos que ilustran esa diversidad son:

  • El centro de Francia pertenecía al condestable de Borbón.
  • Calais estaba en manos de Inglaterra.
  • Aviñón dependía del Papa.
  • El Principado de Orange correspondía a la familia Orange-Nassau.
  • Pays de Dombes, en la zona actual de Ródano-Alpes, actuaba como territorio independiente.
  • El Principado de Sedán era igualmente independiente (en la Champagne).
  • Existían soberanías compartidas, como la del vizconde de Béarn, que también era rey de Navarra.
  • L'enclos du Temple, en París, pertenecía a la Orden del Temple (templarios).
  • Algunos territorios se incorporaron muy tardíamente: Provenza y Bretaña.

A pesar de esta confusión jurídica, se formó una monarquía bastante compacta y objeto de numerosos estudios; en muchos aspectos fue más homogénea que la realidad hispánica. La preocupación esencial de los monarcas franceses fue la defensa de París, muy próxima a varias fronteras, por lo que centraron sus esfuerzos en delimitar y asegurar los límites del reino. El uso de un país de lengua francesa como base cultural contribuyó a la unificación. Entre los peligros exteriores se percibían el Emperador y los reyes de España.

Renacimiento demográfico y económico

En los primeros tiempos de la modernidad, Francia vivió un renacimiento en diversos órdenes: hubo una recuperación demográfica y económica, y un notable impulso del comercio interior, aprovechando una extensa red fluvial. El hecho de haberse quedado relativamente fuera de la lucha por el Atlántico convirtió esas redes interiores en un factor clave para la afirmación y el fortalecimiento de la monarquía.

Instituciones y organización administrativa

Las instituciones que Francia utilizó en esta compleja y crecientemente burocratizada estructura fueron, entre otras, órganos colegiales como el Consejo del Rey. Este órgano, ubicado en París, se ocupaba de la alta política, de cuestiones administrativas y, en menor medida, de funciones jurisdiccionales. A diferencia de las estructuras españolas, el Consejo del Rey estaba integrado por los pares de Francia, altos cargos de la corona y dignatarios nombrados por el monarca.

El Consejo del Rey solía ser demasiado numeroso y estaba formado por grandes señores en los que el rey no siempre confiaba. Para solucionarlo, nació el Consejo Secreto, que dependía directamente del monarca y estaba compuesto por consejeros totalmente fieles al Rey. A estos últimos les convenía mantener la ficción institucional, ya que así estaban reunidos y atendidos, mientras que el rey podía manejar asuntos delicados con un círculo de confianza más reducido.

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