De la Monarquía Constitucional a la Caída de Napoleón Bonaparte
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La Reforma Financiera y la Desamortización
Finalmente, con el objetivo de solucionar la crisis financiera, se expropiaron los bienes propiedad de la Iglesia, que fueron declarados bienes nacionales (desamortización) y vendidos a particulares. En contrapartida, el Estado aseguró el mantenimiento del culto, y una Constitución Civil del Clero separó la Iglesia y el Estado.
La Monarquía Constitucional y las Opciones Políticas
Las reformas del periodo 1789-1791 satisfacían a los grupos burgueses (monárquicos constitucionalistas), al concederles derechos políticos y libertad económica. Pero el nuevo régimen contaba con muchos opositores:
- La nobleza, que deseaba recuperar sus privilegios.
- El clero, descontento ante la desamortización.
- La monarquía, que conspiraba para derribar a la Asamblea.
Los sectores populares también mostraron su descontento ante la restricción del sufragio a los que poseían bienes o dinero y el encarecimiento del coste de la vida. Entre los revolucionarios destacaban los girondinos y, sobre todo, los jacobinos y los cordeliers, que contaban con el apoyo de los sans-culottes, milicias populares de París que aspiraban a profundizar en las reformas y proclamar la república.
El Fracaso de la Monarquía Constitucional
La oposición de la familia real a la revolución se manifestó a raíz de su huida de París para unirse al ejército austriaco, que planeaba invadir Francia y establecer el absolutismo (Fuga de Varennes, junio de 1791). El monarca, desprestigiado, fue devuelto a la capital, evidenciándose su rechazo al proceso revolucionario.
En abril de 1792, la Asamblea Legislativa declaró la guerra a Austria. Los austriacos invadieron Francia y llegaron a las puertas de París. La situación originó un clima de revuelta entre los sans-culottes, quienes, el 10 de agosto de 1792, asaltaron el palacio real, encarcelaron al monarca y proclamaron la república (septiembre de 1792).
La Caída de Napoleón
Los ejércitos napoleónicos actuaron como conquistadores, sometieron a las naciones ocupadas y favorecieron los intereses materiales de Francia por encima de los ideales revolucionarios (cobrar impuestos, hacer negocios o apropiarse de las riquezas). Todo ello desencadenó en los territorios ocupados fuertes sentimientos nacionales contra la Francia invasora.
Así, paradójicamente, los ideales de libertad expandidos por los franceses se convirtieron en el sustento ideológico con el que los patriotas de numerosos países se opusieron a la presencia francesa. El levantamiento protagonizado por los españoles en 1808 contra la invasión e imposición de un rey extranjero (José Bonaparte), fue el primero y el que marcó el declive del Imperio Napoleónico.
En 1814, tras ser vencido en Rusia y en España, Napoleón abandonó el poder. A pesar de un efímero retorno, en 1815 fue derrotado en Waterloo y desterrado a la isla de Santa Elena, donde murió en 1821. En Francia y en toda Europa parecía inevitable la vuelta al Antiguo Régimen.