La Monarquía Centralista y el Despotismo Ilustrado en la España del Siglo XVIII
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Reformas en la organización del Estado: La Monarquía Centralista
La forma de gobierno de la España del siglo XVIII fue el absolutismo ilustrado. Para los ilustrados, se debía iniciar una reforma dirigida por un rey filósofo e ilustrado para restaurar el poder en España. Se acuñó la máxima: “Todo para el pueblo, pero sin el pueblo”.
Con este objetivo, la reforma debía alcanzar tres grandes ámbitos:
- Reforma de la organización del Estado.
- Reforma de la vida económica.
- Reforma de la vida cultural y científica del país.
Así, en el interior se impuso una política de reformas con el objetivo de fortalecer el poder de la monarquía absoluta a través de la reforma de la administración, la reforma de la Hacienda y el regalismo.
Reforma de la Administración
La finalización de la Guerra de Sucesión permitió una nueva organización de la monarquía en los reinos derrotados, la antigua Corona de Aragón: Aragón, Cataluña, Valencia y Mallorca.
La abolición de los fueros en cada territorio fue seguida del desmantelamiento de sus instituciones y de la implantación de una monarquía absoluta fuertemente centralizada.
Esta nueva forma de gobierno se articuló mediante los denominados Decretos de Nueva Planta, que suprimieron el gobierno propio de cada uno de estos territorios. Desde entonces, los territorios de la antigua Corona de Aragón se organizaron siguiendo el modelo de las instituciones castellanas, con algunas influencias francesas:
- Los virreyes fueron sustituidos por capitanes generales, que desempeñaban funciones militares.
- Las Audiencias se encargaban de los asuntos judiciales y de asesorar a los capitanes generales.
- Los Intendentes, figura de origen francés, tenían funciones económicas.
- Se implantaron nuevos tipos impositivos.
Reforma de la Hacienda
Se produjo una simplificación de los impuestos. También se crearon nuevas fuentes de ingresos, como la Lotería.
El gran proyecto de los ilustrados era la llamada Contribución Única, que impulsó la creación del Catastro (impuesto proporcional a la capacidad económica de cada contribuyente), planteado por el Marqués de la Ensenada en 1759. Sin embargo, este proyecto quedó sin concluir ante la oposición de los grupos privilegiados.
En cuanto a la base impositiva, seguía siendo la alcabala, un impuesto directo que gravaba todas las transacciones comerciales y que soportaban los grupos más desfavorecidos.
El Regalismo
Los reyes intentaron disminuir el poder temporal de la Iglesia como forma de fortalecer la iniciativa de los monarcas. Esta política se plasmó en el Regalismo, que suponía la imposición de la autoridad real sobre los asuntos religiosos.
Se firmó un Concordato con la Santa Sede, que concedía a la Corona el derecho de Patronato Universal.
La práctica del Despotismo Ilustrado: Carlos III
Las obras públicas: el ejemplo del Canal de Castilla
El reinado de Carlos III (1759-1788) fue decisivo para el desarrollo de las políticas reformistas, pues supuso la instauración en España del Despotismo Ilustrado: un sistema de gobierno en el que los reyes mantenían el absolutismo político (todo el poder en manos del rey), pero con una práctica política a favor del pueblo, resumida en la máxima: “Todo para el pueblo, pero sin el pueblo”.
Para llevar a cabo su política, el monarca se rodeó de un equipo de secretarios, que comenzaron a llamarse ministros:
- Marqués de Esquilache
- Marqués de Grimaldi
- Pedro Rodríguez Campomanes
- José Moñino, conde de Floridablanca
Durante los primeros años de reinado, la política de reformas fue impulsada por un gobierno dirigido por extranjeros; esta circunstancia levantó una fuerte oposición.