Modernización de Infraestructuras y Cambios Culturales en la España del Siglo XIX y Principios del XX

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Modernización de las Infraestructuras: El Impacto del Ferrocarril

Tradicionalmente, el transporte en España era dificultoso debido al relieve, a lo que se unieron los conflictos bélicos, el bandolerismo y la falta de financiación. La existencia de una red de transportes era vital para la integración de la economía nacional.

La Construcción de la Red de Ferrocarriles

  • Regulado por primera vez por la Real Orden sobre creación de ferrocarriles en 1844. El gobierno hizo concesiones a grupos financieros particulares españoles afines al partido moderado, que en gran parte se dedicaron a especular en bolsa. No construyeron nada, y en 1859 casi todos habían renunciado a sus derechos. La única línea construida en 1848 fue Barcelona-Mataró, seguida de Madrid-Aranjuez en 1851 y Gijón-Langreo en 1853.
  • Se modificaron las condiciones durante el Bienio Progresista, ofreciendo ventajas económicas a las compañías que se decidieran a construirlas (Ley General de Ferrocarriles, 1855). Además:
    • Se fijaba un plano radial a partir de Madrid, reflejo de la mentalidad centralista de los liberales españoles.
    • Se optaba por un ancho de vía diferente del europeo, 1,63 m (23 cm más ancho).
  • Se consigue el efecto deseado: entre 1850 y 1875, se pasó de tener en explotación 28 km a 6.124 km, con un año récord en 1865 (929 km).
  • Se construyó tarde y demasiado deprisa, con una planificación irracional.
  • La crisis de 1866 hizo caer las acciones del ferrocarril en la Bolsa y paralizó la construcción. A partir de 1876 continuaron las construcciones a menor ritmo.

La Financiación de la Red Ferroviaria

Fue seguramente la inversión de capital más importante del siglo. Se explica por las ventajas económicas:

  1. El Estado garantizaba una rentabilidad mínima del 6% anual.
  2. Autorizaba la libre importación de toda clase de productos relacionados con la construcción de líneas de ferrocarril.

El Estado aportó, como subvenciones, el 16% del capital. El dinero provino en gran medida de los ingresos de la desamortización de 1855. Además, se permitía importar sin aranceles todos los materiales de construcción hasta 1887. Por ello, el ferrocarril no sirvió de locomotora de la demanda de la siderurgia como había ocurrido en otros países. La parte más importante la pusieron las sociedades de crédito francesas.

Conclusión

La construcción del ferrocarril se hizo con capital público y privado (sobre todo francés). El estado subvencionó la construcción con la condición de que las líneas férreas construidas pasaran a ser propiedad estatal transcurridos 99 años. Como consecuencia de las condiciones impuestas, las empresas utilizaron materiales de baja calidad que continuamente debían ser reparados, motivo por el cual apenas obtuvieron beneficios. La industria española tampoco se benefició del ferrocarril, ya que gran parte del material fue comprado a empresas belgas, francesas e inglesas.

La expansión del ferrocarril tuvo una repercusión positiva a largo plazo: se mejoraron las comunicaciones, aumentaron los puestos de trabajo, contribuyó a la consolidación de un mercado nacional, conectando diferentes espacios económicos, uniendo centros de producción con centros de consumo y facilitando el desplazamiento tanto de mercancías como de la población.

El ferrocarril marcó la pauta del progreso económico de España.

Transformaciones Culturales y Cambios en las Mentalidades

En España, desde el siglo XIX, la mentalidad católica impregnaba las prácticas sociales, siendo un país relativamente uniforme en cuanto a mentalidades, con escasa formación cultural y pasividad en la vida de los pueblos y ciudades.

La situación de la mujer continuó con sus pocas posibilidades de formación, independencia e incluso de libertad personal. La ideología conservadora relegaba el papel de la mujer al de esposa, madre y administradora de la casa. No se les reconocía ninguna capacidad política. A comienzos del siglo XX comenzó en España el movimiento feminista debido al aumento de las mujeres en el mundo laboral (especialmente en enseñanza y enfermería). Las mujeres participaban en las asociaciones de clase media, católicas y liberales, así como en partidos republicanos (por ejemplo, la abogada Clara Campoamor), y también en el movimiento obrero (la anarquista Teresa Claramunt, las socialistas Margarita Nelken o Victoria Kent). A partir de 1918, la Asociación Nacional de Mujeres Españolas reunió a sufragistas y feministas españolas. En 1930, la mujer representaba el 19% de la población activa (la mitad que en Suecia), pero en Cataluña alcanzaba el 40%. El analfabetismo en la mujer, más alto que en los hombres en una sociedad tradicional, había descendido al 50% y había 1700 universitarias (frente a 1 en 1900 y un 70% en 1900). Los lugares de sociabilidad, en una sociedad española cada vez más urbana, eran diferentes para las distintas clases sociales.

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