El Mito de Prometeo y Epimeteo: El Origen de la Humanidad y la Técnica
Enviado por Chuletator online y clasificado en Griego
Escrito el en
español con un tamaño de 2,62 KB
El origen de la raza mortal y la creación divina
Hubo una vez un tiempo en que existían los dioses, pero no la raza mortal. Cuando llegó el momento determinado por el destino para su creación, los dioses formaron a los seres vivos dentro de la tierra, mezclando tierra, fuego y cuantos elementos se combinan con ellos.
Cuando estaban a punto de llevarlos hacia la luz, encomendaron a Prometeo y Epimeteo la tarea de ordenar y distribuir las capacidades para cada uno según conviniera. Epimeteo pidió a Prometeo realizar él mismo la distribución, diciendo: «Revísalas tú». Tras convencerlo, procedió a repartirlas.
La distribución de capacidades en el reino animal
Al distribuir las facultades, Epimeteo otorgó fuerza a unos, mientras proveía de velocidad a los más débiles; a otros los equipó con una naturaleza inerme, procurándoles alguna otra capacidad para su salvación:
- A los más pequeños les atribuyó una huida alada o una morada subterránea.
- A los que aumentó el tamaño, los salvó mediante esa misma cualidad.
Con el fin de evitar que ninguna especie fuera aniquilada, ideó medios para huir de las destrucciones mutuas y una destreza frente a las estaciones de Zeus. Los cubrió con pelos espesos y pieles robustas, apropiadas para protegerse del invierno y del calor ardiente, sirviéndoles además como ropa natural al descansar.
Asimismo, calzó a unos con cascos y a otros con pieles robustas. Proporcionó alimentos distintos según la especie: hierba de la tierra, frutos de los árboles o raíces. A algunos les permitió alimentarse de otros animales, y a estos, para asegurar la salvación de la especie, les otorgó una fecundidad extraordinaria frente a la escasa descendencia de sus presas.
El descuido de Epimeteo y la intervención de Prometeo
Como Epimeteo no era muy sabio, gastó imprudentemente las capacidades en los seres brutos. Por lo demás, la raza de los hombres permanecía sin orden y sin saber qué necesitaría. Prometeo, al inspeccionar el reparto, vio que los otros seres vivos estaban armoniosamente dotados, mientras que el hombre se encontraba desnudo, descalzo, sin ropa y desarmado, justo cuando llegaba el día determinado por el destino para salir de la tierra hacia la luz.
El regalo del fuego y la habilidad artística
Ante la duda de cómo salvar al hombre, Prometeo robó a Hefesto y a Atenea la habilidad artística junto con el fuego —pues era imposible que esta fuera adquirida o útil sin él— y se la regaló a la humanidad.