El Mito de la Caverna y la Filosofía Política de Platón
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1. El Mito de la Caverna y su Interpretación
La prisión es una caverna subterránea donde los prisioneros están inmovilizados mirando hacia adelante, hacia una pantalla. A su espalda se encuentra la luz del fuego, que actúa como proyector. Entre el fuego y los prisioneros hay un camino y una pared. El camino es recorrido por portadores de objetos diversos, de modo que solo se captan las sombras de dichos objetos y los ecos de las conversaciones.
Liberación y Salida
La liberación y la salida son posibles, aunque la reacción del liberado al mirar el fuego provoca dolor y confusión. La salida es dificultosa, descrita como una «áspera y escarpada subida». La luz del sol lo ciega, generando dolor e imposibilidad de ver las cosas directamente.
La visión es procesual: sombras, imágenes reflejadas, los objetos mismos, los astros y la luna, y al fin, el sol directamente. De la visión del sol deduciría que este es la causa de todo. Una vez acostumbrado, se siente feliz, prefiere su actual situación y no desea volver a la oscuridad. Sin embargo, un intento de liberar a sus antiguos compañeros provocaría burla y violencia.
Traducción de la Alegoría
- La caverna: Representa el mundo visible.
- El fuego: Simboliza el sol.
- La salida del prisionero: Alude a la subida del alma al mundo inteligible.
- El sol del mundo exterior: Representa la Idea del Bien, la última en verse (conocerse).
- Una vez contemplado, el Bien resulta ser la causa de todo lo recto y bello, progenitor de la luz y del sol en el mundo visible, soberano en el mundo inteligible, causa de la verdad y de la inteligencia, y necesario para la moralidad privada y pública.
Conclusión: ¿Cuál es la salida? La educación.
2. ¿Qué es Educar y Quién Debe Gobernar?
¿Qué es Educar?
Educar no es introducir información en el alma. El alma tiene la facultad y el órgano para aprender; educar es orientar el alma en la dirección correcta. Existe el arte de girar el órgano: la educación (de esta orientación derivan virtudes o vicios).
¿Quién Debe Gobernar?
No son aptos ni los uneducados ni los absorbidos por el Estado (que no quieren actuar). Deben hacerlo los educados y solidarios.
¿Se le puede obligar? Razones: responsabilidad hacia la ciudad y su capacitación. El gobernante ideal es el filósofo, que antepone la virtud al poder, con un rechazo inicial de la gimnasia, la música y las artes manuales como fines últimos.
Son adecuadas como propedéutica la aritmética, la geometría, la astronomía y la armónica. Conclusión: estas son preparatorias para la dialéctica.
3. La Educación del Gobernante (II): La Dialéctica
3.1. Nuevamente la Alegoría de la Caverna
Visión gradual del liberado: 1) objetos, 2) los astros, 3) el sol. El dialéctico ve (conoce) gradualmente: 1) la ciencia de cada cosa, 2) el Bien mismo.
Representación de los saberes propedéuticos en la caverna: liberación de las cadenas, vuelta a las imágenes y al fuego, ascenso al exterior, mirar las sombras y los reflejos. Hay un conocimiento superior a los saberes propedéuticos: la dialéctica.
3.2. Ciencia Suprema: La Dialéctica
Único conocimiento que desvela el Bien en sí. Comparación entre dialéctica, artes y ciencias propedéuticas:
- Objeto del arte: el devenir.
- Los saberes preparatorios «sueñan» el ser.
- La dialéctica llega a los principios, saca el alma de lo sensible y capta la esencia.
Cuatro modos de conocimiento:
- Conocimiento sensible: conjetura y creencia.
- Conocimiento inteligible: inteligencia discursiva y ciencia.
Conclusión: Solo la dialéctica es ciencia. Las ciencias propedéuticas y la dialéctica son los estudios de los futuros gobernantes, siendo la dialéctica la coronación del proceso educativo.
4. Elementos Clave del Mito
- Caverna: Mundo sensible; muestra obras proyectadas por el fuego.
- Fuego: Reconocimiento de la ignorancia y símbolo del sol.
- Tabique: Dualismo ontológico (realidad); separación entre apariencias y realidad.
- Sombras: Imágenes, copias de los objetos, grado más bajo de realidad. Solo se puede tomar conciencia de esas sombras cuando uno ha vuelto de la luz.
- Objetos: Son los primeros filósofos en el mundo sensible (animales, plantas, cosas fabricadas).
Platón utiliza aquí un mito o imagen —como dice más adelante— para exponer de forma poética cuestiones complejas de la filosofía. El mito de la caverna puede entenderse como una reflexión sobre cómo educar al hombre o sobre la repercusión que tiene la carencia de educación a partir de una comprensión correcta de lo que es el hombre y del sentido de su vida. La educación es esencial para organizar la ciudad de modo justo.
Para tratar este problema, Platón tiene como interlocutores de fondo a los profesionales de la educación de su tiempo: los sofistas. Estos podrían compararse con los prestidigitadores que utilizan el lenguaje para hacer que los habitantes de la caverna crean que son verdaderas las sombras que ven proyectadas en el fondo, impidiéndoles sospechar que existe una realidad verdadera, un mundo exterior de realidades no fantasmales.
5. Política y Educación
La política es para Platón un arte o saber que tiene como objetivo organizar y armonizar la vida en sociedad y conducir al Estado hacia la justicia y la felicidad.
Solo un Estado en el que cada ciudadano cumpla adecuadamente su función será un Estado justo y armónico; y solo en un Estado justo el individuo podrá alcanzar la felicidad y la virtud. Es decir, la finalidad fundamental del Estado es hacer feliz al ciudadano: en el mundo griego, en general, no se puede separar el bien individual del colectivo; no podemos entender la ética sin la política.
Platón está convencido de que, del mismo modo que existe un arte o ciencia propia del médico —que puede aprenderse y que tiene como finalidad restablecer la salud del enfermo—, ha de existir un arte o ciencia propia del político, cuya finalidad sea producir la salud del Estado. Y necesariamente deben aprenderlo aquellos que asumen la importante responsabilidad de dirigir el gobierno del Estado. Para Platón, este arte o ciencia es la filosofía.
En efecto, solo la filosofía es capaz de proporcionar a los que han de mandar el conocimiento de las Ideas eternas de justicia y de bien, indispensables para gobernar sabiamente la polis y discernir con acierto, ya en el terreno de los asuntos humanos, qué es justo y qué no lo es. La filosofía es así el saber que el político necesita aprender. De ahí que los aspirantes a gobernantes deban ser educados en la filosofía.
En el pensamiento platónico, la educación (paideia) está entroncada al servicio de la política y del bien de la ciudad, y tiene como misión principal formar a individuos sabios y justos, destinados a gobernar el Estado. Para ello, la educación debe, en primer lugar, encaminar su alma en dirección a lo inteligible hasta ser conducido a la contemplación de las Ideas eternas y, finalmente, al conocimiento del Bien en sí, que constituye la meta última del conocimiento y el final del proceso educativo. Se entiende así la indisoluble unión que Platón establece entre educación filosófica y política.
La educación es para Platón un proceso duro, arduo, costoso y no exento de resistencias y obstáculos, pues el cuerpo arrastra al alma hacia el mundo de las cosas materiales y sensibles, en donde tan solo puede encontrar apariencias, sombras o copias deformadas de lo bueno y lo justo.
6. El Papel de las Matemáticas y los Dos Caminos de la Dialéctica
La última etapa de este proceso educativo es la dialéctica, la ciencia suprema para Platón, el saber acerca de las Ideas y de las relaciones entre las Ideas, la única capaz de ofrecernos verdadero conocimiento, pues su objeto es lo verdaderamente real y no las apariencias sensibles.
Platón insiste en que no es posible ni factible empezar la educación del filósofo gobernante con la dialéctica, ya que esta es la etapa final. La razón es que el alma, prisionera del cuerpo, de los sentidos y de los apetitos materiales —acostumbrada tan solo a contemplar las cosas del mundo sensible (opinión)—, antes de iniciarse en la dialéctica debe familiarizarse poco a poco con el razonamiento conceptual y abstracto, y con la esfera de las realidades inteligibles, inmateriales, invisibles y eternas. Para ello, resulta imprescindible y muy útil el estudio de las matemáticas, debido a dos razones:
- El cultivo de las matemáticas sirve para que el alma se aparte de lo sensible, pues tratan sobre objetos que no son sensibles, sino inteligibles, abstractos, conceptuales e inmateriales, a semejanza de las Ideas.
- Son un excelente entrenamiento para la inteligencia y el pensamiento abstracto, que servirá como preparación para alcanzar el conocimiento de las Ideas.
Por ello, aunque para Platón las matemáticas no son el saber último que interesa al filósofo y al gobernante —puesto que se apoyan en imágenes y figuras sensibles para su representación y se basan en hipótesis no fundamentadas—, constituyen un preámbulo necesario e indispensable para la dialéctica.
Así pues, la educación del filósofo-gobernante se basará primero en el cultivo de las matemáticas, y después en el de la dialéctica (a la que Platón identifica normalmente con la filosofía). Una vez que —gracias a la dialéctica— el filósofo-gobernante haya alcanzado el conocimiento de lo verdadero y lo bueno, no le queda sino volverse al terreno de lo sensible y de los asuntos humanos, e intentar que la sociedad y el Estado se acerquen lo más posible a lo contemplado. Para lo cual, debe gobernar su propia vida y la sociedad tomando esa Idea del Bien contemplada como guía y modelo. En este sentido, Platón habla de dos caminos o direcciones de la dialéctica:
- La dialéctica ascendente (synagogé): asciende desde el mundo material y sensible hasta las Ideas, y culmina con la comprensión de la Idea del Bien.
- La dialéctica descendente (diairesis): recorre el camino inverso, es decir, desde el conocimiento de las Ideas hasta la aplicación práctica de ese conocimiento en los asuntos humanos (lo sensible y lo material). Tras haber contemplado el orden eterno del ser, representado por el mundo de las Ideas y particularmente por la Idea del Bien, el filósofo-gobernante tiene el compromiso ético y político de lograr mediante la acción política «imprimir» un orden semejante en el Estado.
El Estado justo será, así, un reflejo del orden y la armonía eternos del mundo de las Ideas.
Con lo dicho, es evidente que lo que mueve al filósofo a la búsqueda de la verdad no es simplemente un interés meramente teórico, una simple curiosidad por saber y desentrañar la esencia de la realidad. Es fundamentalmente un interés práctico (ético y político); esto es, mejorar la sociedad y la vida de los hombres. Quien ha conocido la esencia de lo justo y de lo bueno tiene la obligación moral de poner sus capacidades y este conocimiento al servicio de la comunidad. Bastará para ello que asuma la responsabilidad de gobernar de acuerdo con esos principios, aunque esto pueda suponer, en ocasiones, sacrificios y renuncias personales, pues en el Estado platónico lo importante no es la felicidad individual o de unos pocos, sino la felicidad colectiva y el bien común.
7. Caracterización Política de Platón: La República y las Formas de Gobierno
La caracterización que hace en definitiva Platón de La República —el régimen político ideal en el cual proliferaría la justicia— sería una aristocracia, entendida no como gobierno de linajes, sino de las mejores naturalezas: un gobierno de los sabios, de los dialécticos de doble recorrido, de los filósofos, de los hombres con alma racional predominante.
A partir de esta, surgirán sucesivas degeneraciones políticas:
- Timocracia: el gobierno de los guardianes, de la hombría y la fortaleza. Al buscar el honor, necesitarían el dinero, y así surgiría...
- Oligarquía: el régimen del dinero. Para apoderarse de los bienes se da paso al libertinaje, surgiendo cada vez más zánganos. De ahí surgirá...
- Democracia o demagogia: donde todos valen lo mismo y el gobernante es elegido por sorteo. De entre esos zánganos surgirá un aguijón y aparecerá el más degradado de los regímenes...
- Tiranía: se presentarán como los salvadores del pueblo, tomando el poder y manteniéndolo mediante guerras externas para sostener la gloria de sus hazañas.
La prudencia o sabiduría, la valentía y la moderación o templanza han de estar presentes en el individuo y en la ciudad para que se haga presente la virtud de la justicia en el alma de la ciudad. Siempre que exista un dominio de la sabiduría sobre la valentía y la templanza, aparecerá el filósofo que ha de ser el que gobierne y dirija necesariamente la ciudad hacia su propio bien. El intelectualismo moral socrático se hace presente en la política, y en ella converge la invención más genial de Platón: su Teoría de las Ideas.
8. Conclusión: El Hombre Justo y Virtuoso
Nos dice Platón, refiriéndose a la virtud capital —la justicia—, que ha de estar presente tanto en el individuo como en la ciudad: «Traslademos al individuo lo que allí se nos mostró».
Será justo cuando «este no deja que ninguna de ellas haga lo que es propio de las demás ni permita que una se interfiera en las tareas de las otras. Tal hombre ha de disponer lo que es suyo propio, en sentido estricto, y se gobernará a sí mismo, ordenándose con amor y armonizando las tres especies simplemente como los términos de la escala musical: el más alto, el más bajo y el medio» (República, 441c-443e).
En el individuo se dan las tres almas, siendo prudente, valeroso y moderado. Cada tipo de alma hace lo que le es propio, dejando que la razón armonicé y dirija a las otras dos:
- Valeroso: a través de dolores y placeres conserva el juicio de la razón.
- Moderado: cuando lo gobernado y lo que gobierna convienen en que lo racional debe mandar y no se rebela contra ello.
El racionalismo moral establece que la razón debe mandar. Es la razón la que hace que el hombre sea prudente, valeroso, moderado y justo, armonizando justamente las tres especies para que suenen acordemente.