El Mito de Aracne y Palas Atenea: El Desafío del Telar y la Soberbia Humana
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El Desafío de Aracne: La Maestra del Telar
Había prestado oídos la Tritonia a tales relatos y, hacia los hados de la meonia Aracne, dirige su ánimo. Había oído que la joven no cedía ante ella misma en las alabanzas del arte de trabajar la lana.
Orígenes y Fama de la Tejedora
No fue ilustre por su posición ni por el origen de su familia, sino por su arte. Su padre, el colofonio Idmón, teñía para ella las lanas con múrice focaico. Su madre había muerto, pero también ella había sido de la plebe, igual que su marido. Sin embargo, Aracne se había labrado un nombre memorable por las ciudades lidias gracias a su afán, aunque, surgida de una casa pequeña, habitaba en la humilde Hipepas.
Para contemplar su obra admirable, a menudo las ninfas abandonaron los viñedos de su Timolo y las ninfas Pactólides dejaron sus propias aguas. No solo agradaba contemplar los vestidos terminados, sino también ver cómo se hacían: se notaba que había sido instruida por Palas.
El Desprecio a la Divinidad
Lo cual, sin embargo, ella niega; ofendida por la mención de tan gran maestra, exclama: «Compita conmigo; nada hay que yo, vencida, rehúse».
Palas simula ser una vieja, añade falsas canas a sus sienes y sostiene sus débiles miembros con un bastón. Entonces comenzó a hablar:
«No todas las cosas que la avanzada edad trae son de rehuir; la experiencia viene con los años tardíos. No desprecies mi consejo: busca la máxima fama entre los mortales por tu arte de tejer, pero cédele el lugar a la diosa y pide perdón por tus palabras temerarias, suplicante; ella perdonará a quien se lo ruegue».
La Ira de Aracne y la Revelación de Palas
Aracne la contempla con torvo semblante, deja los hilos comenzados y, apenas conteniendo su mano y mostrando su ira en el rostro, replicó a la oscura Palas:
- «Vienes privada de razón y acabada por tu larga vejez; haber vivido demasiado tiempo te hace mal».
- «Dile esas palabras a tu nuera o a tu hija, si las tienes».
- «¿Por qué no viene ella misma? ¿Por qué evita este certamen?».
Entonces la diosa dijo: «Ha venido», y despojándose de su figura de vieja, exhibió a Palas. Reverenciaron su divinidad las ninfas y las mujeres migdónides. Sola quedó, no aterrada, esta virgen; sin embargo, se sonrojó.
El Presagio del Destino
Un rumor señaló, súbito, su involuntaria cara; señaló un rubor y de nuevo se desvaneció, como suele el aire hacerse purpúreo cuando la Aurora se mueve, y breve tiempo después encandecerse por el nacimiento del Sol.
Persiste en su empresa y, por el deseo de una estúpida palma, a sus propios hados se lanza. Pues ni la nacida de Júpiter rehúsa, ni le advierte más allá, ni ya los certámenes difiere.