El Misterio de la Revelación Divina: Comunicación, Fe y Tradición

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1. La Revelación de Dios

1.1. La Manifestación de Dios: Dios muestra su rostro

La Revelación es la comunicación que Dios ha hecho de sí mismo y de su plan salvador al ser humano. Dios sale de su misterio para hacerse conocer y comunicarse al Hombre:

“Dios ha querido salir de su ocultamiento y revelar su misterio. Dios ha querido comunicarse con los hombres e invitarles a vivir con Él en comunión de vida y amor. Al tiempo que Dios revela su profundo misterio a los hombres, les revela también el misterio de lo que el hombre es.”

Progresión de la Revelación

La Revelación de Dios es progresiva. Adaptándose a las posibilidades del ser humano, se desarrolla en una serie de etapas:

  • La Creación, la conciencia, las religiones.
  • La historia del pueblo de Israel: Noé, Abraham, Moisés…
  • Jesucristo, el Hijo de Dios, la Palabra eterna de Dios, plenitud de la Revelación y Mediador pleno de ella. Cristo es el centro de la Revelación.

La Iglesia acoge la Revelación y vive de ella, la transmite y la profundiza y, a su luz, interpreta y comprende la realidad.

En la Revelación Dios muestra su rostro, su ser, su Misterio, y desvela los secretos del corazón humano. La Palabra de la Revelación es una Palabra de Verdad, de Sentido y de Amor.

En la Revelación que Dios hace de sí mismo y de su plan salvador, desvela profundidades de su propio ser personal, del corazón humano, de la vida y de la historia, a los que el Hombre no podría acceder con sus solas posibilidades.

Testimonio y Autoridad de la Revelación

La Revelación divina está testificada en la Sagrada Escritura y en la Tradición Apostólica. El Magisterio de la Iglesia, siempre bajo la autoridad de la Revelación y a su servicio, la interpreta auténticamente. Y todo esto ocurre por la acción del Espíritu Santo.

1.2. La respuesta del Hombre a la Revelación: La Fe

La respuesta del hombre ante Dios que se revela es la fe. Creer es entregarse a Dios, confiar en Él y aceptar como verdadero. La fe es una adhesión personal del hombre entero a Dios que se revela. La fe no es un acto ciego e irracional; existen razones de credibilidad, de fiabilidad:

Razones para Creer

  • Si Dios/Cristo es la Verdad y me ama hasta dar la vida, le puedo creer: Si Dios es el único que conoce los secretos más profundos de sí mismo y de toda la realidad, y los dice, le puedo creer; Dios nos ama más de lo que nos amamos nosotros a nosotros mismos.
  • Sabemos de las posibilidades y también de los límites de nuestra razón para conocer toda la hondura de la verdad.
  • Dios desvela cosas que nosotros no habríamos inventado y que nos conducen más allá de nosotros mismos.

En conclusión podemos decir que ha habido un decirse de Dios por amor, y un amor hasta dar la vida (en Jesucristo).

Este decirse de Dios es anunciado por la Iglesia como Palabra de Verdad, de Libertad, de Vida y de Esperanza.

Desde este decirse de Dios, la Iglesia interpreta y comprende toda la realidad. Este decirse de Dios está atestiguado en la Escritura, transmitido por la Tradición y garantizado con el Magisterio. La Iglesia no vive de sus ideas e intuiciones, sino de ese decirse de Dios por amor, acogido en la fe y profundizado por la razón.

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