Miguel Hernández: Poesía, Compromiso y Cárcel en su Obra Final
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Etapa de Guerra y Cárcel (1939-1942)
Termina la guerra en 1939, se impuso la victoria nacional y Miguel Hernández se había convertido en un símbolo de la República e intenta exiliarse como muchos otros poetas, pero no lo consiguió. El día 28 de marzo de 1942, a los 31 años de edad en la cárcel de Alicante, le murieron, murió con los ojos abiertos. En Cancionero y romancero de ausencias (1938-1941) y sus últimos poemas, lejos del barbecho y el huerto, ausente de su esposa y su hijo, es donde su voz estará más próxima al hombre del campo, el marido enamorado y el padre amoroso, y donde fondo y forma estarán más hermanados que nunca entre sí.
Es la etapa de exploración interior, en la que emplea una métrica más sencilla, depurando el romance hasta privarlo de artificios y rescatando otras formas medievales. Es aquí donde Miguel Hernández cantará con su voz más auténtica, más popular y al mismo tiempo más solitaria. En sus últimos poemas escritos lejos de su tierra es donde su voz estará más próxima al hombre del campo, al marido enamorado y al padre amoroso. Emplea una métrica más sencilla depurando el romance hasta privarlo de artificio, y rescatando otras formas métricas pero de patrimonio de la poesía lírica popular. "Lo importante es darle una solución hermosa a la vida".
Temas principales
La obra poética de Miguel Hernández se articula en torno a los tres grandes temas de la poesía de siempre:
- La vida
- El amor
- La muerte
El compromiso social y político en la poesía de Miguel Hernández
Vientos del pueblo me llevan,
vientos del pueblo me arrastran,
me esparcen el corazón
y me aventan la garganta.
El compromiso es un eje fundamental de Miguel Hernández porque si hay algo que caracteriza al poeta en su trayectoria es la coherencia entre vida y obra, y es que el autor no solo luchó con la palabra, sino que participó activamente en la guerra. (Escríbeme a la lucha, siénteme en la trinchera: aquí con el fusil tu nombre evoco y fijo, y defiendo tu vientre de pobre que me espera, y defiendo tu hijo.)
La segunda vez que Miguel Hernández viaja a Madrid da paso a una nueva etapa. Se incorpora, además, a las Misiones Pedagógicas. Comienza, pues, el compromiso social de Miguel Hernández. Esta concepción de la “poesía como arma” que domina este poemario implica que lo lírico cede paso a lo épico: el poeta asume una función “profética”.
Funciones y tonos de la poesía social
Dicha función se articula en cuatro tonos:
- Exaltación heroica de los hombres que luchan por la justicia y la libertad.
- Lamentación por las víctimas de los opresores.
- Reivindicación social.
- Imprecación a los enemigos, opresores y explotadores.
Al imbricar los tonos de exaltación, lamentación, reivindicación e imprecación, el poeta se focaliza en un “yo” lírico o en un “yo” fundido con un “nosotros”, pero, sobre todo, se funde con seres anónimos o grupos sociales convertidos en arquetipos de los oprimidos y explotados.
Evolución hacia el desengaño y la ausencia
Su fe en el hombre se va debilitando y en su segundo libro de guerra, El hombre acecha, el poeta pasa de la exaltación de los héroes a la lamentación por las víctimas. La crítica hacia los enemigos se extiende al hombre en general. Al acabar la guerra, Miguel Hernández es detenido; en septiembre de 1939, al salir de la cárcel y antes de volver a ella definitivamente, entregó a su esposa un cuaderno manuscrito que había titulado Cancionero y romancero de ausencias, un libro unitario pero inconcluso, que se fue nutriendo con poemas escritos en la cárcel que los editores recogieron posteriormente.