El Método Cartesiano y la Búsqueda de la Certeza
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Justificación
Al tratar sobre la importancia del método en la filosofía, es lógico desarrollar el pensamiento de Descartes en su línea onto-epistémica, centrándonos especialmente en la parte que se refiere al método cartesiano.
El Método Cartesiano
El pensamiento de Descartes inicia una corriente central de la Filosofía del siglo XVIII conocida como racionalismo. El racionalismo tiene como caracteres fundamentales:
- La confianza plena en la razón como único camino para explicar la realidad; por contraposición, critica radicalmente el valor del conocimiento sensible y de la experiencia.
- Admite la existencia de dos instrumentos que ayudan a la razón: las ideas innatas y la intuición intelectual.
- Aplica el método deductivo, tomando como modelo las matemáticas.
Nos centraremos en la parte segunda del Discurso del Método a la que se refiere el texto. Descartes se encuentra con dos elementos contrarios: de una parte, el escepticismo con el que culmina el Renacimiento, fruto de las muchas corrientes que se dan a la vez en este momento. De otra parte, la nueva Ciencia, que Descartes ha conocido a través del influjo de Galileo. Su solución es clara: hay que aprovechar los valores de la nueva Ciencia para superar ese escepticismo. Eso implica construir un método nuevo basado en la certeza de las matemáticas. Sobre los caracteres especiales de las matemáticas como modelo de los demás saberes se centra el texto.
El nuevo método, para enfrentarse con el escepticismo, debe centrarse ante todo en alcanzar certezas, es decir, permitir un sistema de verdades en el que nada se dé por supuesto. A este objetivo se supedita la verdad. Lo importante no es que algo sea verdadero, sino si podemos estar seguros de esa verdad. El método cartesiano busca convertirse en un sistema orgánico de verdades en las que unas se deduzcan de otras.
Además, el método cartesiano quiere ser uno sólo, frente al planteamiento aristotélico que consideraba que cada objeto tenía que tener su propio método. Este cambio lo provoca el mismo sentido del método: para Aristóteles, la verdad está causada por la realidad y debe someterse a ésta. Para el nuevo racionalismo, la verdad es una actuación de la razón sobre el conocimiento. Por tanto, si la razón es una; el método debe serlo también. Las ciencias no son más que la sabiduría humana que permanece siempre una y la misma.
Reglas del Método Cartesiano
El centro de este nuevo método son un conjunto de reglas fáciles que desarrollan el método expuesto en la escuela de Padua, usado por Galileo, que se denominaba método resolutivo-compositivo. El método tiene cuatro reglas fundamentales:
Regla de la Prevención o Evidencia
Sólo se aceptará como verdadero aquello que conozca evidentemente que lo es. Para ello sólo se admitirá en los juicios una verdad que se conozca tan clara y distintamente que no se pueda dudar de ella. El investigador deberá –a su vez- evitar dos extremos: la precipitación y la prevención.
Regla del Análisis
Dividir un problema en tantas partes como sea posible. Es la primera operación del método, conocida como “ars inveniendi”, el arte de encontrar. Se corresponde con la parte resolutiva del método paduano. Al dividir el problema en todas las partes que sea posible, la mente será capaz de encontrar un principio simple e indudable por medio de la intuición racional.
Regla de la Síntesis
A partir de esa verdad simple e indudable, se trata de reconstruir el conocimiento usando la deducción. Es la parte compositiva del método, denominada también “ars demonstrandi”, el arte de demostrar. Es importante que al proceder deductivamente, se sigan los pasos que la razón encuentra y no aquellos que aparecen en el conocimiento experimental. El verdadero conocimiento es aquel que sigue el orden de la razón.
Regla de la Enumeración
Para evitar cualquier error, es preciso no dar pasos en falso. Por eso, como cierre, el método exige volver a repasar todo lo realizado para encontrar posibles errores.
Las Matemáticas como Modelo
Aunque Descartes pasó una primera fase, conocida como naturalista, tras la publicación de una de sus primeras obras, “las Reglas para la dirección del ingenio”, insiste en la matematización del método. Este aspecto ya es nuclear en el Discurso del Método. Su primer valor es la irrebatibilidad. La verdad captada matemáticamente tiene una claridad y una fortaleza extraordinaria. Las matemáticas aportan claridad, orden y certeza. Son el saber deductivo por excelencia y Descartes se congratula de haber avanzado notablemente en poco tiempo gracias a aplicar sus reglas al método matemático.
Aplicación del Método a la Metafísica
Es el momento de salir de ese ámbito más reducido e intentar aplicar esas reglas a todo el conjunto del saber. Es lo que Descartes realizará en la parte cuarta y que aquí sólo podemos reducir brevemente: usando las reglas en la metafísica, comenzará dudando de todos los conocimientos que hasta ese momento había usado: los sentidos, las demostraciones racionales y la experiencia. Con ello concluye que no hay ningún conocimiento que no pueda someterse a la duda, pero a la vez, advierte que no puede dudar de su propia existencia. Este principio, el cogito, será la base de la nueva filosofía que –tras la demostración de la existencia de Dios- le permitirá recuperar la realidad, al menos las relaciones y proporciones matemáticas, y que darán lugar a la “res extensa”.