Metafísica y Realidad: El Debate sobre el Cambio de Parménides a Aristóteles

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1. El cambio como ilusión en el pensamiento de Parménides

Parménides considera que el cambio es una ilusión porque parte de una premisa lógica radical: "solo el ser es, el no-ser no es". Su razonamiento filosófico reconstruido paso a paso justifica sus conclusiones de la siguiente manera:

  • Observación inicial: Al observar un cambio (como el agua que pasa de fría a caliente), parece que surge una propiedad que antes no estaba.
  • Implicación lógica: Esto implicaría que algo que "no era" ha pasado a "ser", lo cual supone que el ser surge del no-ser.
  • Imposibilidad metafísica: Sin embargo, el no-ser es la nada absoluta, y de la nada, nada sale (ex nihilo nihil fit).

Por lo tanto, el paso del no-ser al ser es lógicamente imposible. Su conclusión es que la realidad auténtica debe ser única, inmóvil, eterna y perfecta, y que todo lo que nos muestran los sentidos —incluido el cambio— es simplemente una ilusión.

2. La crítica de Edward Feser a la inmovilidad parmenídea

El filósofo Edward Feser valora la postura de Parménides como intrínsecamente incoherente. Su crítica principal es que el propio acto de negar el cambio requiere que el cambio exista: para que alguien argumente que "el cambio no existe", debe producir sonidos que viajen a un oído, considerar una premisa tras otra y tratar de que su interlocutor cambie de opinión.

Según Feser, comprender el argumento de Parménides exige un proceso mental que se desarrolla en el tiempo, lo cual ya es una forma de cambio. Por tanto, la conclusión de Parménides es imposible de sostener sin contradecir nuestra experiencia más básica y la posibilidad misma de razonar.

3. La solución de Aristóteles: Acto y Potencia

Aristóteles resuelve el dilema negando la premisa de que el cambio sea un paso del "no-ser absoluto" al "ser". Su tesis fundamental es que "el ser se dice de muchas maneras", y para explicarlo utiliza los conceptos de acto (lo que algo es ahora mismo) y potencia (lo que algo puede llegar a ser).

El cambio no es un salto desde la nada, sino la actualización de una potencia. Aristóteles ilustra esta explicación con el ejemplo de una semilla de judía: en acto es solo un granito, pero en potencia ya es un árbol. El árbol no surge del no-ser absoluto, sino de una posibilidad real que ya estaba latente en la semilla. Así, el cambio ocurre dentro de la "cancha del ser", moviéndose entre dos modos distintos de existir.

4. Límites del cambio y la definición aristotélica

A partir de la argumentación de Aristóteles, no se sigue que cualquier cosa pueda convertirse en cualquier otra, como defendería el escéptico. Según la lógica aristotélica, no cualquier cosa puede convertirse en cualquier otra porque cada ser tiene potencias determinadas y límites naturales. Una semilla tiene la potencia de ser un árbol, pero nunca la de convertirse en un león o un barítono.

Aristóteles define el cambio como el paso de la potencia al acto. Su concepción se diferencia de la de Parménides en que este último veía el cambio como un "salto titánico" e imposible del no-ser absoluto al ser, mientras que Aristóteles lo entiende como un proceso de desarrollo de capacidades que ya están presentes en la realidad del objeto.

5. Conocimiento humano: Sentidos frente a Intelecto

¿Es posible captar mediante los sentidos aquello que está en potencia? No, no es posible captar la potencia a través de los sentidos (vista, oído, gusto o tacto), ya que estos solo perciben lo que las cosas son en acto. Sin embargo, el intelecto o razón es capaz de comprender que en las cosas existen esas potencias como una condición necesaria para que el cambio ocurra.

Enric concluye que nuestro conocimiento no se limita a lo empírico o sensorial; aunque el conocimiento comience en los sentidos, la razón nos permite descubrir estructuras profundas de la realidad (como la distinción acto/potencia) que no son perceptibles a simple vista, ampliando así nuestras posibilidades de entender el mundo.

6. El problema del flujo perpetuo en Heráclito

Heráclito y sus seguidores (los heraclíteos) plantean el problema opuesto a Parménides: que "todo fluye y nada permanece". Su tesis principal es que la realidad es un cambio constante, ejemplificado en la idea de que nadie puede bañarse dos veces en el mismo río porque el agua (y según sus discípulos como Crátilo, también la persona) cambia a cada instante.

El autor afirma que esta postura resulta tan absurda como la de Parménides porque, si nada permaneciera, la identidad y el pensamiento colapsarían: no existiría un sujeto estable para hacer promesas, asumir responsabilidades o incluso para terminar un razonamiento que empezó segundos antes.

7. Tipos de cambio según Enric: Accidental y Sustancial

Enric sostiene que el error de los heraclíteos fue no reconocer que existen diferentes categorías de cambio, lo que permite explicar que algo cambie y permanezca a la vez. Los dos tipos fundamentales son:

  • Cambio accidental: Cambian las propiedades o accidentes, pero la sustancia permanece. Ejemplo: una manzana que sacas de la nevera cambia de lugar y temperatura, o un plátano que madura cambia de color, pero siguen siendo el mismo objeto.
  • Cambio sustancial: La sustancia deja de existir y da lugar a una nueva. Ejemplo: cuando un gato muere (se convierte en cadáver) o cuando dos células se unen para formar un nuevo organismo.

Esta distinción permite superar el problema de Heráclito porque demuestra que, aunque hay cambios reales, también hay permanencias reales, evitando la idea de un flujo caótico total.

8. La permanencia en el cambio sustancial: La Materia Primera

Según Aristóteles, cuando se produce un cambio entitativo o sustancial, ¿hay algo que permanece? Sí, Aristóteles sostiene que incluso en un cambio sustancial debe haber un sustrato que permanezca, al que llamó materia primera.

Su argumento es que, si no hubiera nada que permaneciera, tendríamos que admitir que una sustancia se aniquila por completo y otra aparece de la nada absoluta, lo cual es lógicamente inaceptable. La materia primera no es una "cosa" concreta, sino una pura potencia capaz de recibir cualquier forma, garantizando así la continuidad y conexión en la transformación de una sustancia en otra.

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