Marxismo, Contractualismo y Corrientes Éticas Clásicas: Lucha de Clases, Virtud y Alma

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Marxismo

La teoría marxista surge como una oposición al liberalismo y al capitalismo que este produce. Marx defiende que «el motor de la historia es la lucha de clases».

En la historia siempre ha habido clases dominantes y dominadas. Las clases dominadas sufren y, eventualmente, terminan dándose cuenta de su situación; por eso se revelan y sustituyen el sistema económico, lo cual hace avanzar la sociedad. En la sociedad capitalista, los explotadores son los burgueses y los explotados, los proletarios; por lo tanto, estos se revelarán y cambiarán el sistema.

Marx desea acabar con la explotación del hombre por el hombre, superando el sistema capitalista y eliminando las clases sociales.

Trabajo, mercancía y alienación

El ser humano en la sociedad capitalista se convierte en un instrumento para producir mercancías. Acaba transformándose en una mercancía más, porque su trabajo solo sirve para cubrir sus necesidades animales (comer, dormir, vestirse…), en vez de permitirle realizarse como persona; por ello se produce su alienación.

Solución

Desalienar al hombre es la solución propuesta, pero ello solo es posible cambiando la estructura económica del sistema capitalista, que es la base de la sociedad y de la que dependen todos los demás ámbitos (leyes, religión, etc.).

La transformación social, según Marx, siempre debe comenzar por un cambio en el modelo económico. Históricamente, esto ocurre varias veces porque la dinámica de cada sistema económico lo lleva a evolucionar hacia otro nuevo debido a contradicciones internas. En el capitalismo, por ejemplo, el objetivo de la acumulación constante de poder económico genera tensiones que no pueden sostenerse indefinidamente.

Contractualismo

Las teorías contractualistas defienden la necesidad del Estado. Las teorías del contrato social tienen como objetivo explicar el origen de la sociedad y del Estado y justificar su existencia.

Estas teorías surgieron en el siglo XVII y sostienen que el Estado es fruto de un pacto entre individuos libres e iguales, con el fin de constituir un gobierno que organice la convivencia. No pretenden explicar la historia del Estado, sino por qué existe.

En estas teorías se compara la vida organizada políticamente con la vida sin organización; a ese momento previo al Estado se le denomina estado de naturaleza.

Intelectualismo socrático

El intelectualismo socrático defiende la existencia de valores objetivos y universales, como el bien y la justicia. Sócrates mantuvo que el objetivo de la filosofía era la búsqueda de las definiciones verdaderas de los conceptos éticos mediante el ejercicio de la razón.

Para Sócrates, el conocimiento del bien conlleva necesariamente su práctica: si una persona comprende plenamente qué es el bien, actuará conforme a él. Por ello, quien actúa mal lo hace por ignorancia o desconocimiento. Es esencial desplegar ese conocimiento para alcanzar la virtud; si una persona actúa bien pero no intencionalmente, no está acrecentando su virtud.

Eudemonismo aristotélico

Para Aristóteles, la máxima felicidad del ser humano reside en la vida contemplativa. A mayor sabiduría, existen más posibilidades de elección, pero siempre recurridas por la mediación de la prudencia: la capacidad de escoger el justo medio adecuado a nuestra naturaleza, tal como lo determina la razón y como lo podría determinar el sabio.

El justo medio no es una media aritmética entre cantidades; se trata del ejercicio de la moderación afinado por la experiencia. Cuando hablamos de comer, la virtud será un punto medio entre no comer nada y comer en exceso; dicho punto medio no es igual para todas las personas.

Estoicismo

Se entiende por estoicismo tanto la corriente filosófica grecorromana como la teoría ética sostenida por esos filósofos. El mundo está gobernado por una ley o razón universal que determina el destino de todo lo que ocurre en él. El ser humano se halla limitado por un destino inevitable, que debe aceptar.

Los humanos son infelices por su deseo de que las cosas sean distintas de lo que son; con frecuencia las pasiones oscurecen la razón. Por eso, para los estoicos la virtud consiste en la eliminación de las pasiones. La felicidad solo es posible en una vida tranquila, conseguida gracias a la imperturbabilidad del alma, es decir, mediante la insensibilidad hacia el placer y el dolor.

Formas de tratar el problema alma-cuerpo

Existen varias maneras de abordar la relación entre alma y cuerpo:

  • Dualismo: defiende que el alma y el cuerpo son dos cosas diferentes. Platón sostiene que el cuerpo es la cárcel del alma y que, cuando alguien muere, el alma regresa a su lugar. Descartes también mantiene una postura dualista, afirmando que el cuerpo es un mecanismo y que el alma o conciencia es algo propio del ser humano. El problema de esta postura es explicar la relación entre ambas sustancias, cuestión que no queda completamente resuelta con un planteamiento dualista.
  • Monismo: defiende que solo existe una única realidad. El monismo espiritualista sostiene que lo que existe es el espíritu; el monismo materialista afirma que el alma es un mito, que no existe y que todo es materia.
  • Emergentismo: plantea que la mente no es idéntica al cuerpo, pero emerge de éste como una propiedad nueva y dependiente de procesos materiales.

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