Mapa y evolución territorial de la Guerra Civil Española (1936-1939): fases militares e internacionalización

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Evolución militar en el mapa: julio de 1936 - finales de 1937

Nos encontramos ante un mapa de España durante la Guerra Civil Española (1936-1939), que representa la primera etapa de la evolución militar del conflicto, concretamente desde julio de 1936 hasta finales de 1937. Esta cronología se puede deducir a partir de la leyenda, donde se indican los territorios ocupados desde el 18 de julio de 1936, los avances del bando nacional y las contraofensivas republicanas, destacando la batalla de Teruel, situada en el invierno de 1937-1938.

El mapa muestra, mediante colores y flechas, la evolución territorial de la guerra. En amarillo aparece la primera zona rebelde de julio de 1936, que asegura la cabeza de puente entre el Protectorado de Marruecos y la Península, fundamental para el traslado del Ejército de África. En marrón claro se representan los avances nacionalistas con el objetivo principal de conquistar Madrid, siguiendo la Ruta de la Plata, lo que permitió la ocupación de Huelva, Extremadura y Toledo. Desde estas zonas se produce una convergencia hacia Madrid desde el norte, el sur y el este, con la intención de cercar la capital. Además, se lanzan columnas hacia el norte desde Galicia y hacia Andalucía oriental desde Sevilla.

En marrón oscuro se muestran los avances posteriores tras el fracaso en la toma de Madrid. A partir de ese momento, los sublevados inician tres grandes campañas:

  • Campaña de Málaga (febrero de 1937), con el objetivo de controlar el Estrecho.
  • Campaña del Norte, con la ocupación de Asturias, Cantabria y Vizcaya durante el verano de 1937.
  • Ofensiva hacia Aragón, destacando la batalla de Teruel.

El mapa también refleja la contraofensiva republicana en Teruel, única capital de provincia recuperada temporalmente por la República.

Este mapa pertenece a las primeras fases de la Guerra Civil, caracterizadas por la llamada guerra de columnas. Tras el fracaso del golpe de Estado, los sublevados, con el apoyo de Italia y Alemania, intentaron una rápida victoria mediante la conquista de Madrid. Aunque la capital estuvo al alcance en septiembre de 1936 y sufrió intensos bombardeos y combates, la resistencia republicana logró frenar el avance. El gobierno se trasladó a Valencia y Madrid resistió gracias a la movilización popular, la llegada de las Brigadas Internacionales y la ayuda soviética.

Fracasado el asalto a Madrid, los sublevados optaron por una conquista sistemática del territorio republicano para debilitarlo y aislarlo. Primero ocuparon el Mediterráneo sur, destacando la toma de Málaga y la huida masiva de población civil. Posteriormente conquistaron el Norte, aislado del resto de la República, pese a los intentos republicanos de aliviar la presión con ofensivas en Guadalajara y Teruel. La batalla de Guadalajara supuso una derrota para las tropas italianas, mientras que la de Teruel fue una victoria republicana de alto coste que pronto fue recuperada por los sublevados.

La República logró resistir gracias a la ayuda soviética y a la reorganización del Ejército Popular, que sustituyó a las milicias iniciales por un ejército más estructurado. Sin embargo, estas campañas sentaron las bases de la ofensiva final de 1938, cuando los sublevados ocuparon Aragón y alcanzaron el Mediterráneo a través del valle del Ebro, dejando a la República gravemente debilitada.

Internacionalización de la Guerra Civil

La Guerra Civil española (1936-1939) fue desde sus inicios un conflicto con una clara dimensión internacional. La intervención extranjera fue decisiva tanto para la prolongación de la guerra como para su resultado final, hasta el punto de que muchos historiadores la consideran un precedente inmediato de la Segunda Guerra Mundial.

En primer lugar, las democracias europeas, especialmente Francia y Gran Bretaña, impulsaron el Comité de No Intervención, al que se sumaron más de veinte países. Su objetivo era evitar que el conflicto español se extendiera por Europa. Sin embargo, este acuerdo fue en gran medida una ficción, ya que varias potencias lo incumplieron sistemáticamente. La política de no intervención perjudicó sobre todo a la República, que quedó aislada diplomáticamente.

El bando republicano recibió ayuda principalmente de la Unión Soviética, que envió armamento, asesores militares y apoyo técnico, pagados con las reservas de oro del Banco de España (el oro de Moscú). También recibió ayuda más limitada de Francia y México. Además, llegaron a España las Brigadas Internacionales, formadas por unos 60.000 voluntarios de distintos países que luchaban contra el fascismo y en defensa de la República. Su participación fue importante, especialmente en la defensa de Madrid.

Por su parte, el bando sublevado contó con una ayuda mucho más constante y eficaz. La Italia fascista de Benito Mussolini envió tropas (el Corpo di Truppe Volontarie), armamento y aviación. La Alemania nazi de Adolf Hitler aportó material bélico, asesores y la Legión Cóndor, responsable, entre otras acciones, del bombardeo de Guernica. Portugal también apoyó a los sublevados facilitando el paso de tropas y suministros. Esta ayuda fue fundamental para el traslado del Ejército de África a la Península y para la superioridad militar del bando nacional.

En conclusión, la Guerra Civil española se convirtió en un conflicto internacional porque enfrentó no solo a dos Españas, sino también a las grandes ideologías europeas del momento: fascismo, comunismo y democracia liberal. La mayor y mejor coordinada ayuda exterior recibida por el bando sublevado, dirigido por Francisco Franco, fue un factor decisivo en su victoria y en el establecimiento de una dictadura que se prolongó durante casi cuarenta años.

Evolución política de la zona nacional

La evolución política de la zona sublevada durante la Guerra Civil se caracterizó por la progresiva concentración del poder en manos de los militares, especialmente de Francisco Franco, y la creación de un nuevo Estado autoritario y centralizado.

En los primeros momentos de la guerra, tras el fracaso parcial del golpe de Estado, los sublevados organizaron su poder mediante juntas militares. La muerte accidental del general Sanjurjo, que iba a liderar la rebelión, dejó el protagonismo a otros generales como Mola y Franco. Se creó una Junta Técnica del Estado con sede en Burgos, que actuó como un gobierno provisional y coordinó la administración del territorio controlado por los sublevados.

A medida que avanzaba la guerra, se hizo evidente la necesidad de un mando único. En septiembre de 1936, los generales sublevados nombraron a Franco Generalísimo de los Ejércitos y Jefe del Estado, concentrando en su persona el poder político y militar. Este nombramiento marcó el inicio de la construcción de un nuevo régimen personalista.

En 1937 se produjo un paso clave: la unificación política. Franco decretó la creación de un partido único, Falange Española Tradicionalista y de las JONS, que integraba a falangistas y carlistas bajo su liderazgo. Con ello eliminaba la pluralidad ideológica dentro del bando nacional y consolidaba su control político.

En 1938 se formó el primer gobierno formal del nuevo Estado, que ya presentaba rasgos claramente autoritarios: centralización del poder, militarización de la sociedad y fuerte influencia de la Iglesia. El régimen se legitimó ideológicamente como una «cruzada» contra el comunismo y en defensa de la religión y el orden tradicional.

En conclusión, la evolución política de la zona nacional supuso la transformación de una coalición militar heterogénea en un régimen dictatorial encabezado por Franco. Durante la guerra se sentaron las bases del franquismo, un sistema autoritario, centralista y antidemocrático que se mantendría en España hasta 1975.

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