El Manifiesto de los Persas: Defensa del Antiguo Régimen y la Monarquía Absoluta

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El Manifiesto de los Persas: Un Documento Histórico y Jurídico

El siguiente texto es de naturaleza histórico-circunstancial, ya que su contenido se deriva directamente de los hechos con los que se relaciona. Se trata de un texto jurídico, pues en él se exigen unos derechos. Este texto es un manifiesto que algunos diputados a las Cortes ordinarias, conocidos como los "persas", firmaron en los mayores apuros de su opresión en Madrid el 12 de abril de 1814. Por tanto, su autor no es individual, sino colectivo. Es un texto público y dirigido a Fernando VII, todo ello enmarcado dentro de un ámbito nacional.

Contexto y Significado del Manifiesto

En este documento se manifiesta el deseo de la nobleza y el clero absolutistas de que retorne el Antiguo Régimen, dado que la Constitución de Cádiz no les favorecía en absoluto. Además, una idea secundaria que se extrae de este texto es el apoyo incondicional que recibe el rey por parte de un pueblo que lo ve como a un salvador.

Comentario Detallado del Documento

Como ya se ha mencionado, este texto pertenece a la época del reinado de Fernando VII, a su regreso a España en 1814. Recibido con entusiasmo, el Rey pronto manifestó cuáles eran sus intenciones respecto a los cambios acaecidos en el país durante su ausencia. El 4 de mayo, dictó un Real Decreto por el que suprimía las Cortes y declaraba nula toda su actuación.

El apoyo de la nobleza y el clero absolutistas se expresó en el documento conocido como el Manifiesto de los Persas. En él se reclamaba la vuelta al sistema del Antiguo Régimen y se aseguraba la existencia de una supuesta conspiración de liberales, masones y afrancesados para acabar con la Monarquía, a la que había que combatir con todas las armas posibles.

Consecuencias del Decreto y la Restauración Absolutista

En el decreto del 4 de mayo, Fernando VII eliminó la soberanía nacional y la institución que la representaba: las Cortes constitucionales. También quedaron derogadas la Constitución de Cádiz y la legislación ordinaria. De este modo, se anularon las medidas desamortizadoras y se restituyeron los privilegios de la nobleza y de la Iglesia.

Se restablecieron el Tribunal de la Inquisición y la Mesta. Más tarde, como consecuencia inmediata del golpe de Estado, se procedió a la represión, con la detención y juicio tanto de los afrancesados como de los liberales, acusados de traición y de conspiración contra el Rey.

Trato a los Diferentes Grupos y la Inestabilidad Política

En realidad, el trato recibido por los afrancesados fue diferente en función de su implicación en el gobierno de José I. Varios se excusaron alegando que no podía haber victoria y, tras pedir disculpas al rey, no fueron atendidos. Mucho menos los políticos y militares. Tampoco los absolutistas intransigentes y los liberales recibieron mejor trato, pues el fracaso de estos lo pagaron con el destierro y la confiscación de sus bienes. Los funcionarios que juraron fidelidad al rey fueron excluidos de las medidas represivas de Fernando VII.

Fernando VII gobernó mediante sucesivos ministros y en permanente inestabilidad política. Esto se debió a que se trataba de un país que no podía ser gobernado como antes. El resultado fueron seis años caóticos, en los que los problemas se fueron agravando hasta provocar el triunfo del golpe militar de 1820.

Agravamiento de la Crisis y el Movimiento Liberal

Una serie de graves problemas acabó por dar al traste con el régimen absolutista. A continuación, se produjeron mejoras en Europa; no obstante, España seguía en una crisis debida a varios factores. Sin embargo, el principal problema del gobierno fernandino era la quiebra financiera del Estado, ya que los ingresos al país eran escasos frente a la deuda ascendente.

Poco a poco se reorganizó el movimiento clandestino liberal. Se restablecieron contratos con los exiliados y comenzó la conspiración contra el Estado absolutista. Finalmente, el pronunciamiento del comandante Riego, el 1 de enero de 1820, tuvo éxito y recibió el apoyo popular necesario para triunfar, restaurándose la Constitución de Cádiz.

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