Maestros y Monumentos: Un Recorrido por el Legado Artístico de Goya, Cano y Versalles
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Los Fusilamientos del 3 de Mayo de Goya: Un Icono del Arte Histórico
Nos encontramos ante una obra pictórica fundamental, conocida como “Los Fusilamientos del 3 de Mayo” (originalmente El 3 de mayo en Madrid o Los fusilamientos de la montaña del Príncipe Pío) de Francisco de Goya y Lucientes, realizada en 1814. Goya, nacido en Fuendetodos en 1746 y fallecido en Burdeos en 1828, fue un pintor genial y difícil de encasillar. Vivió entre los siglos XVIII y XIX, sirviendo a monarcas como Carlos III, Carlos IV, José Bonaparte y Fernando VII. Cultivó tanto el Neoclasicismo como el Romanticismo, y dominó la pintura mural y de caballete, los cartones para tapices y el grabado. Abundó en géneros como el retrato, el bodegón, el cuadro religioso e histórico, y la escena costumbrista.
Descripción y Composición
La obra está realizada con óleo sobre lienzo y se divide claramente en dos partes. A la izquierda, un grupo de civiles, algunos tapándose la cara, otros ya muertos, otros rezando, encarnan el horror. La parte de la derecha la componen seis soldados que apuntan a los civiles, formando una línea implacable. Al fondo se vislumbra la ciudad de Madrid, y el resto de la composición está cubierto por un cielo oscuro. Goya utiliza una paleta de colores oscuros donde predominan los negros, ocres y marrones, destacando el blanco de la camisa del hombre con los brazos abiertos, que contrasta dramáticamente con el resto de la composición.
Estilo y Simbolismo
Esta pintura pertenece al género de la pintura histórica por lo que refleja, y su estilo se enmarca en la Restauración, ya que Goya se oponía al academicismo neoclásico. La parte izquierda refleja el drama humano, resaltado por el hombre de la camisa blanca que no teme a la muerte, comparado a menudo con Cristo por la posición de sus manos, que evocan los estigmas de la pasión, y el color blanco que representa la inocencia. Goya subraya aquí la barbarie de la guerra y establece un profundo contraste entre las pasiones humanas de las víctimas y la fría determinación de matar del pelotón que dispara.
La Inmaculada de Alonso Cano: Maestría Barroca en la Escultura
Nos encontramos ante una obra escultórica cumbre, conocida como “La Inmaculada”, realizada por el polifacético artista Alonso Cano (1601-1667) entre 1655 y 1656. Cano fue arquitecto, escultor, pintor y dibujante. Su perfil biográfico se desarrolla en tres etapas principales, que coinciden con sus estancias en Sevilla, Madrid y Granada. Hijo de un retablista, pasó su infancia en Madrid, donde cursó su aprendizaje en el taller de Francisco Pacheco, siendo coetáneo y amigo de Velázquez. Desarrolló su formación escultórica en los círculos de Juan Martínez Montañés, consolidándose como una figura clave del Barroco español.
Características Técnicas y Ubicación
La obra, tallada entre 1655 y 1656, mide aproximadamente 55 cm y está realizada en madera policromada. Es una de las obras más representativas de la imaginería española de su tiempo. Fue concebida para rematar el gran facistol catedralicio y se encuentra actualmente en la Catedral de Granada.
Estilo y Composición Escultórica
Alonso Cano busca en esta pieza la perfección, el equilibrio y la idealización de los modelos, sustituyendo el dramatismo exacerbado de otros autores barrocos por una contención sublime. Presenta características comunes con otras esculturas de la Inmaculada Concepción, como la cabeza ligeramente inclinada hacia la derecha, el manto que deja al descubierto los hombros, el apuntamiento hacia los pies y la superficie ondulada de los paños. Es fundamental resaltar la serenidad de la escultura, cuya verticalidad se compensa con la sutil torsión del cuerpo, el giro de la cabeza y la posición de las manos, renunciando a gestos pronunciados. El tratamiento del ropaje confiere a la Virgen una sensación de ascensionalidad, dotando de dinamismo a la obra. La figura posee un tono solemne, con los paños plegados en grandes masas que realzan su monumentalidad a pesar de su tamaño.
El Palacio de Versalles: Símbolo de la Monarquía Absoluta Francesa
El Palacio de Versalles es el prototipo por excelencia de la residencia del príncipe absoluto. Fue Luis XIV quien eligió este palacio como la máxima expresión de su monarquía y de su persona, una presencia que se manifiesta en cada detalle del decorado arquitectónico y en las esculturas de sus vastos jardines.
Historia y Evolución
Inicialmente, Versalles era un pequeño castillo de piedra y ladrillo, famoso por ser un pabellón de caza en los bosques circundantes. En 1661, Luis XIV lo transformó en un lugar para sus fastuosas fiestas. En 1668, fijó allí su residencia principal, y en 1682, Versalles se convirtió oficialmente en la capital de Francia y sede de la corte.
Los Artífices de Versalles
Los principales artistas que participaron en la creación y expansión del palacio fueron:
- El arquitecto Jules Hardouin-Mansart, quien diseñó la monumental fachada principal y, en su interior, la célebre Galería de los Espejos, flanqueada por el Salón de la Guerra y el Salón de la Paz. Mansart también añadió dos alas en escuadra, nuevas dependencias, un invernadero de plantas exóticas, el Gran Trianón (un palacete para el rey y su amante, Madame de Maintenon) y las dos grandes caballerizas.
- El pintor Charles Le Brun, quien decoró los interiores con mármoles policromados y trofeos dorados, pintando en el techo de la Galería de los Espejos los anales del rey, glorificando sus victorias y logros.
- El jardinero-paisajista André Le Nôtre, quien diseñó las tres grandes avenidas de jardines que confluyen hacia el palacio, creando un paisaje geométrico y ordenado. Se dispusieron glorietas, fuentes espectaculares (como la de Apolo o la de Latona) y pérgolas, así como unidades boscosas que formaban intrincados laberintos y paseos.
Legado e Influencia
Desde Versalles, el modelo de palacio y jardines se extendió e influyó en las cortes de toda Europa, convirtiéndose en el arquetipo de la residencia real barroca y neoclásica.