La Lucha por la Igualdad Femenina: Superación de Roles Tradicionales y Subordinación Social

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Los Pilares de la Subordinación Femenina: Tradición, Educación y el Camino a la Liberación

La Tradición y la Apariencia Social

La tradición se filtra tan profundamente en la vida de las mujeres que condiciona hasta su vestimenta o la forma en que lleva su casa. En el caso de la mujer, no existe distancia entre su identidad femenina y su apariencia. Y es que si una mujer es desordenada o no se preocupa por su ropa, deja de ser considerada una "verdadera mujer".

Superar la Inacción Política y Fomentar la Militancia

Las mujeres han de abandonar su situación de inacción, que ha sido provocada por las leyes masculinas. El feminismo nunca ha sido un movimiento autónomo, y no lo ha sido porque las mujeres nunca han tenido conciencia de pertenencia grupal. La salida pasa por fomentar su fe política y la confianza en el poder de la militancia sindical.

Sexualidad Femenina e Inferioridad de Condiciones

La consideración de la sexualidad femenina también coloca a la mujer en inferioridad de condiciones. Para que ambos sexos sean individuos completos, la mujer tiene que tener acceso al mundo masculino, igual que el varón al mundo femenino. Sin embargo, aquí tampoco las relaciones son recíprocas. Y la sanción social dictamina implacablemente quién es un hombre y quién una indecente.

El Desafío de la Educación Tradicional

Para que la liberación sea posible, la mujer tiene que haber sido educada exactamente igual que el varón. Tanto si la mujer vive con su familia como si está casada, el esfuerzo que realiza para su formación no será respetado como se respeta el de un hombre. Las tareas domésticas que se le imponen son más importantes que su formación. Esta situación genera un tremendo sentimiento de inferioridad en las mujeres que se dedican a tareas intelectuales.

La Maternidad Libre y el Control de Natalidad

La maternidad es otro de los factores que la mujer no puede asumir con total libertad. En sí misma, la maternidad no es ninguna carga, pero desde el momento en que a la mujer no se le permite decidir cuándo procrear, surgen los problemas. En este sentido, los avances científicos están ayudando a la equiparación de los sexos, gracias a los medios de control de natalidad. Por otra parte, con la inseminación artificial se espera un cambio de mentalidad en la sociedad.

Olvido del Narcisismo y Cultura del Esfuerzo

Si las mujeres quieren conquistar parcelas de igualdad, deben comenzar por sentirse habitantes de pleno derecho en este mundo. Es la insignificancia histórica lo que las condena a la inferioridad. Para que la mujer supere su situación de inferioridad debe olvidarse de su narcisismo, es decir, que se olvide del papel con el que el mito del eterno femenino la ha situado en el mundo. Según el mito, la mujer tiene una gracia singular a la que le es propia la espontaneidad, el sentimentalismo y la superficialidad. Su belleza exterior compensa todas sus carencias y tiene como único objetivo gustar. Además, debe valorar el esfuerzo, ya que ignora las ventajas de un aprendizaje riguroso.

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