Luces de Bohemia: Claves de la Deformación Valleinclaniana

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Características del Esperpento en Luces de Bohemia

a. Esperpentización de las Situaciones

La deformación, la distorsión de la realidad, está en la base del esperpento. Como ejemplo, es muy significativo que un parque público con mujerzuelas se transforme en “parodia grotesca del jardín”. La bohemia es la vida que se aparta de las normas y convenciones sociales, propia de los artistas y literatos rebeldes ante la cultura oficial. El ambiente bohemio se desenvuelve más en la noche que en el día, en el Parque del Retiro, “Jardín de Armida” (modelo de jardín modernista), en intencionada referencia a un modelo de épica culta.

Otro ejemplo de deformación paródica se da al presentar a la policía a caballo: se habla de “trote épico” y de “soldados romanos” (escena IV). La deformación paródica no retrocede ante nada. Y así se esperpentiza incluso la muerte: muerto Max, don Latino le roba la cartera y su muerte es confundida con una borrachera.

También en la obra se acumulan hechos y referencias históricas y literarias en un confuso anacronismo: pérdida de las últimas colonias (1898), reinado de Alfonso XIII, Semana Trágica de Barcelona (1909)… Esta acumulación de hechos temporalmente anacrónicos también sirve a Valle para producir el efecto deformador que pretende.

Fundamental es el empleo de contrastes, especialmente entre lo doloroso y lo grotesco. En este sentido, la cima sería el velatorio de Max (escena XIII), recreando el velatorio de Alejandro Sawa con la visita de Basilio Soulinake, que pone en duda la muerte de Max. Estos contrastes también los observamos en el uso magistral de la lengua.

b. Esperpentización de los Personajes

Valle degrada a los personajes y los imposibilita para ser héroes. Esta degradación se manifiesta mediante distintos recursos:

  • Animalización: Valle confiere a sus personajes características y rasgos de animales. Los hombres se transforman en “perros”, “camellos”, “cerdos”, etc. “Don Latino interviene con ese matiz del perro cobarde que da su ladrido entre las piernas del dueño” (escena II). Los tres visitantes, reunidos “como tres pájaros en una rama” (escena III). Zaratustra, “abichado y giboso” (escena II).
  • Cosificación: Valle describe a los personajes por los objetos que los caracterizan y elude los rasgos que los harían personas: “Zaratustra… cara de tocino rancio y la bufanda de verde serpiente” (escena II). “Entra el cotarro modernista: greñas, pipas, gabanes repelados y alguna capa” (escena VII).
  • Muñequización: Los personajes son vistos como muñecos, fantoches y peleles: ”Zaratustra… la palmatoria pringosa tiembla en la mano del fantoche” (escena II). “Dorio de Gadex, Clarinito y Pérez, arrimados a la pared, son tres fúnebres fantoches en hilera” (escena XIII). “Don Latino guiña el ojo, tuerce la jeta, y desmaya los brazos haciendo el pelele” (escena XV). “Máximo Estrella avanza como un fantasma” (escena VIII).
  • Presencia de máscaras o caretas: Tienen por objeto descubrir la realidad esencial de los seres que están tras ellas: “Ante aquella aparición, el poeta siente la amargura de la vida, y con gesto egoísta de niño enfadado, cierra los ojos, y bebe un sorbo de su copa de ajenjo. Finalmente, su máscara de ídolo se anima con una sonrisa cargada de humedad”, de Rubén Darío (escena IX). “En la sombra clandestina de los ramajes, merodean mozuelas pingonas y viejas pintadas como caretas” (escena X).

También la degradación se extiende a la autoridad. La desmitificación de la autoridad se observa en sus gestos: “Su Excelencia abre la puerta de su despacho y asoma en mangas de camisa, la bragueta desabrochada, el chaleco suelto y los quevedos pendientes de un cordón, como dos ojos absurdos bailándole sobre la panza”, “Su Excelencia, tripudo, repintado, mantecoso”, del Ministro (escena VIII). “A poco salen adormilados, ciñéndose el correaje, dos guardias municipales” (escena IV). “Llega El Sereno… jadeos y vahos de aguardiente” (escena IV).

A esa desmitificación de la autoridad contribuye el desclasamiento. Delito y golfería, ignorancia y desidia ejercen una función niveladora. El Ministro, Dieguito, Don Latino, Zaratustra, la Pisa-Bien y otros marginados practican o amparan el robo, aprovechándose de las circunstancias: Zaratustra y Don Latino engañan a Max en la escena II; el ministro acepta la propuesta de Dieguito, su secretario, de sacar el sueldo de Max de los fondos de la policía (escena VIII); las prójimas realizan su trabajo confiadas en la codicia de los guindillas; Don Latino abandona a Max poco antes de que éste muera y se lleva la cartera del maestro y, en la escena última, se aprovecha de la muerte del protagonista, cobra el billete premiado, pero es descubierto por la Pisa-Bien, que interesadamente encubre al viejo y le presiona para que le entregue dinero.

Otro aspecto ridículo de lo grotesco lo hallamos en las denominaciones personales: los diminutivos y los nombres esperpénticos son utilizados por el demiurgo para desclasar a los denominados. Nadie puede ser más que nadie cuando la incultura es una epidemia que afecta a todos los sectores de la sociedad, hasta a los dirigentes: el Capitán Pitito, el Sereno, Serafín el Bonito, Dieguito, la Portera, la Prójima, el Ministro, entre otros, padecen la misma ceguera y son incapaces de ver lo que es evidente.

Por último, señalar la presencia de la muerte, que acompaña al protagonista y se convierte también en personaje principal y que, con su sola presencia, reduce al personaje al nivel de “infrapersona”.

c. Esperpentización de Espacios y Ambientes

En la obra se representa la España más degradada de la época. Por ello, los personajes se mueven en unos espacios casi siempre mal iluminados, sucios y chabacanos. Por ejemplo, la librería de Zaratustra es descrita como una cueva donde “rimeros de libros hacen escombro”; la buñolería modernista, “del antro apestoso de aceite”.

La luz es en la obra un elemento simbólico de primer orden; de este modo, los espacios mal iluminados o la falta de luz, de luces, es común a casi todos los ambientes y personajes de la obra: “La taberna de Pica Lagartos: Luz de acetileno” (escena III); “El perrillo, a los pies de la caja, entre el reflejo inquietante de las velas” (escena XIII). Estas luces y sombras nos muestran claroscuros violentos: “Zaratustra… media cara en reflejo y media en sombra” (escena II); “Máximo Estrella y Don Latino de Hispalis, sombras en las sombras de un rincón” (escena III).

También los espacios oficiales son descritos a través del gusto vulgar y chabacano que preside estas estancias. Por ejemplo, la redacción del periódico, la comisaría o el despacho del ministro: “Olor de brevas habanas, malos cuadros, lujo aparente y provinciano” (escena VIII).

Significativos son los espejos del Callejón del Gato (escena XII), que tienen la virtud de reflejar una imagen retorcida, deformada de la realidad, como si se tratase de la radiografía que reproduce el fondo, no la apariencia.

d. Esperpentización Mediante el Lenguaje

De todos los rasgos que caracterizan al esperpento, cabe destacar la riqueza lingüística de Luces de Bohemia. Asombra la riqueza y la variedad de registros empleados. Los más diversos tonos y modalidades aparecen ya con fines caracterizadores de los personajes, ya al servicio de la parodia o de la intención crítica. Es un lenguaje caracterizado por los contrastes, donde el lenguaje pedante o cursi, el uso paródico de frases literarias, alterna con el desgarro coloquial y los vulgarismos, junto con el léxico y los giros del habla madrileña castiza.

La tendencia de Valle es hacia un lenguaje sintético, hacia la concisión densa en cuanto a contenidos léxicos, “estilo telegráfico”, que evita las palabras “vacías”, que son, en lo posible, sustituidas por innovaciones léxicas o sintácticas: predominio del estilo nominal (frases sin verbo que evitan los verbos copulativos “vacíos”: “Hora crepuscular. Un guardillón con ventano angosto” (escena I); “zaguán en el Ministerio de la Gobernación. Estantería con legajos. Bancos al filo de la pared. Mesa con carpetas de…” (escena V).

Todo ello nos conduce al arte del diálogo. Señalemos solo la oportunidad y exactitud con que se suceden las réplicas, combinando ágilmente los tonos y rasgos aludidos, con predominio de la lengua hablada coloquial.

Paralelamente, debe destacarse el arte de las acotaciones, con predominio estilístico culto.

No menos característico es el tipo de humor: la mordacidad, la risa agria. Risa que, según un personaje, sirve a los españoles como consuelo “del hambre y los malos gobernantes”. El humor más frecuente es de raíz intelectual, basado en la inteligencia de las alusiones, en las réplicas ingeniosas, intencionadas, de comicidad puramente verbal. Parodias literarias, humor negro, sarcasmo. Pero, para Valle, el humor es sobre todo un ataque demoledor: “–El Señor Ministro no es un golfo. –Usted desconoce la Historia Moderna” (escena VIII); “Señor Centurión, ¡usted hablará el griego en sus cuatro dialectos!” (escena V). “–Benlliure, un santi boni barati! –Dicho en valenciano” (escena VII).

Con todos estos recursos, Valle pretende denunciar la injusta realidad que percibe en su entorno.

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