Literatura Española del Siglo XX: Tendencias Clave en Novela y Teatro
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El Teatro Comercial en España: Comedia Burguesa, Cómica y Poética
El teatro de este periodo está muy influenciado por el contexto económico y social. La necesidad de obtener beneficios lleva a los empresarios a priorizar obras que atraigan al público burgués y conservador, que es quien puede pagar la entrada. Esto se traduce en una preferencia por obras poco complejas y de menor riesgo. Dentro de este panorama, destacan el teatro en verso, el teatro cómico y la comedia burguesa.
El Teatro en Verso
El teatro en verso tiene gran aceptación entre el público. Un modelo importante es el drama histórico, como el de Villaespesa (Doña María Padilla (1913), Abén Humeya, El alcázar de las perlas), con influencia modernista y verso rimbombante, o el de Marquina (Las hijas del Cid (1908), En Flandes se ha puesto el sol), con un verso más solemne. También aparece un teatro en verso más popular, como el de los hermanos Machado (La Lola se va a los puertos (1929)), o el teatro reaccionario de Pemán (El divino impaciente (1933)), obra muy representada durante el franquismo.
El Teatro Cómico
El teatro cómico surge como evasión, con el humor como elemento principal. Procede del sainete, reproduciendo cuadros populares con humor de situación o el habla de la gente. Los hermanos Álvarez Quintero destacan con su costumbrismo teatral andaluz (Las flores, Amores y amoríos, La Malvaloca), mostrando una imagen amable de Andalucía. La Malvaloca, por ejemplo, cuenta la historia de una joven con fama de amoríos que se enamora de un hombre que inicialmente la rechaza por su reputación.
Arniches, por su parte, ambienta sus obras en Madrid, con personajes como albañiles y chulapos (Serafín, el pinturero), o en ambientes rurales (Los caciques). También hay que mencionar la astracanada de Muñoz Seca (La venganza de don Mendo) y a Jardiel Poncela, que evoluciona desde la comedia burguesa hacia un teatro cómico más elaborado, con elementos costumbristas y experimentales y un humor basado en el lenguaje (Usted tiene ojos de mujer fatal, Cuatro corazones con freno y marcha atrás).
La Comedia Burguesa
Jacinto Benavente, premio Nobel en 1922, es el gran dominador de la escena con la comedia burguesa, de salón o benaventina. Este tipo de teatro ofrece al público burgués lo que busca: un teatro verosímil, de ambiente cotidiano pero alejado de la realidad social española, donde se muestran los vicios de la burguesía de forma superficial. Todo ello con una técnica precisa (La comedia de las fieras (1898), Rosas de otoño (1905)).
Entre los seguidores de Benavente se encuentra Martínez Sierra (Canción de cuna, El lirio entre espinas). No obstante, Benavente también escribió obras que se desvían de este modelo, como Los intereses creados o La Malquerida. Tras la guerra, Benavente apoyó al régimen dictatorial.
La Novela Española de los Años Cuarenta: Nacionalismo y Existencialismo
La Guerra Civil Española supuso una ruptura en la literatura, interrumpiendo la renovación de los años treinta, que mostraba preocupación social y denuncia antibelicista. La novela de la posguerra se vio determinada por la falta de referentes y la fuerte presión ideológica de la censura, intentando recuperar las formas narrativas realistas y la tradición clásica.
Tendencias en la Novela de los Cuarenta
En la narrativa de los años cuarenta, se distinguen dos tendencias principales:
- La de los autores afines al régimen, que buscaban exaltar los valores de los golpistas y justificar la guerra, como García Serrano en La fiel infantería (1943) o Torrente Ballester en Javier Mariño (1943).
- La de aquellos que mostraban veladamente su rechazo a la situación.
También se publicaron obras que reflejaban los desmanes del bando republicano, como Madrid, de corte a checa (1938) de Agustín de Foxá, o que evitaban el difícil presente de la posguerra ambientándose en el pasado o en espacios burgueses, como María Rebull (1944) de Ignacio Agustí.
El Realismo Existencial
Sin embargo, la tendencia más destacada de estos años es la del realismo existencial. La hostilidad del mundo exterior hizo que estos autores se refugiaran en su interior, mostrando la incertidumbre del destino y el sinsentido de la vida mediante el vacío y la monotonía. En esta narrativa, primaba el fondo sobre la forma, y subyacía el determinismo social, que afirmaba que la sociedad hace malo al hombre. Así, individuos marginales, desarraigados o angustiados, soportan a duras penas su intrincado mundo interior y su falta de esperanza.
El periodo se inaugura en 1942 con la publicación de La familia de Pascual Duarte de Camilo José Cela y se desarrolla a partir de 1944 al amparo del Premio Nadal. Los títulos más representativos son:
- La familia de Pascual Duarte (1942) de Camilo José Cela
- Nada (1944) de Carmen Laforet
- La sombra del ciprés es alargada (1948) de Miguel Delibes
Las tres son obras representativas de la novela existencial, caracterizada por su protagonista individual, su narración en primera persona, su tratamiento lineal del tiempo y el predominio del monólogo interior, con una interpretación que en ocasiones recurre al símbolo para evitar la censura. Carmen Laforet con Nada nos cuenta la historia de una joven de 18 años que se traslada a Barcelona para estudiar y se encuentra con un presente de hambre, suciedad, violencia y monotonía. Miguel Delibes, en La sombra del ciprés es alargada, cuenta la vida de un huérfano criado en Ávila, donde las murallas encierran.
El Tremendismo
El tremendismo, cuyo título más significativo es La familia de Pascual Duarte (1942) de Camilo José Cela, muestra los aspectos más duros de la realidad para servir de revulsivo y crítica a la misma. Se trata de una obra de argumento truculento que transcurre en el atrasado mundo rural de la España negra y en el que el protagonista mata a varias personas.
El tremendismo consiste en una renovación de los temas y las técnicas del naturalismo más radical, centrándose en los aspectos más duros de la vida y presentando personajes perdidos y marcados por el fatalismo, determinados por su origen y su entorno social. Los grandes temas de estas novelas son:
- La soledad
- La inadaptación social
- La frustración
- La muerte
La Novela Española de los Años Cincuenta: El Realismo Social
En los años cincuenta, el contexto de la Guerra Fría favoreció políticamente a la dictadura franquista. El régimen buscó el reconocimiento internacional, lo que le obligó a iniciar cierta apertura y a suavizar la represión. Este proceso comenzó a dar frutos en 1953 con el concordato con la Santa Sede y el acuerdo con Estados Unidos para la cesión de bases militares, y culminó en 1955 con el ingreso de España en la ONU y el reconocimiento del régimen. Esto permitió a los autores abandonar su exilio interior y centrarse en la sociedad, dando lugar al realismo social, influido por el neorrealismo italiano de Pavese, con dos vertientes: la objetivista y la crítica.
Postulados y Características
Los postulados de esta literatura social se recogen en dos ensayos: Para una literatura nacional popular (1959) de Goytisolo, y La hora del lector (1957) de Castellet. Esta literatura busca el compromiso del lector con la realidad para transformarla.
Realismo Social Objetivista
El realismo social objetivista adopta un tratamiento "conductista", donde el narrador tiende a desaparecer, mostrando la historia como una cámara cinematográfica. Sus características incluyen:
- Desarrollo de los diálogos
- Marcada polifonía
- Evitación de juicios de valor
- Condensación de espacio y tiempo
- Orden narrativo lineal
En este apartado destacan títulos como El fulgor y la sangre (1954) de Ignacio Aldecoa, Entre visillos (1957) de Carmen Martín Gaite o Fiesta al noreste (1952) de Ana María Matute. Sin embargo, la obra arquetípica es El Jarama (1955) de Rafael Sánchez Ferlosio, que narra un día de ocio dominical junto al río Jarama, interrumpido por la muerte de un joven ahogado, a través de diálogos intrascendentes y cotidianos que reflejan la monotonía de la vida. Los diálogos se extienden hasta convertir la obra en una novela dialogada, y el autor elude el análisis introspectivo de los personajes, a los que conocemos solo por lo que dicen y hacen.
Realismo Social Crítico
El realismo social crítico comparte algunos rasgos con el objetivismo, como la polifonía, pero añade la intención de denunciar la realidad, centrándose en el mundo rural, urbano o proletario. Estas novelas se caracterizan por:
- Linealidad narrativa
- Tiempo reducido
- Ambiente hostil
- Protagonista colectivo, pasando del "yo" al "nosotros"
La sociedad se convierte en protagonista para informar al lector sobre las desigualdades y concienciarlo. Dentro del espacio rural encontramos títulos como Las ratas o Diario de un cazador de Miguel Delibes, o Días de septiembre (1962) de Caballero Bonald.
En el ámbito urbano y proletario destacan La noria (1951) de Luis Romero, La central eléctrica (1958) de López Pacheco, Nuevas amistades (1959) de Juan García Hortelano, La mina (1959) de Armando López Salinas y, especialmente, La colmena de Camilo José Cela, que inaugura este periodo en 1951. La colmena, escrita hacia 1945 pero censurada hasta 1963, fue publicada en Buenos Aires en 1951 y retrata la vida en Madrid en 1942 a través de las vidas de más de cuatrocientos personajes. La ciudad se convierte en la verdadera protagonista, mostrando temas como el hambre, el sexo, la hipocresía, el miedo y los recuerdos de la guerra.
El Teatro Español de los Años Cuarenta: Comedia Burguesa y Humor
Durante la Guerra Civil, el teatro no desapareció en España, sino que se realizaron grandes esfuerzos para que continuara representándose, ya que se consideraba un arma propagandística muy eficaz. Tanto el bando republicano como el golpista utilizaron el teatro como medio de propaganda.
La Guerra Civil supuso una ruptura que interrumpió la renovación teatral anterior y dejó a los autores sin referentes nacionales ni extranjeros. En los años 40, algunos autores exiliados continuaron su trayectoria literaria, como Max Aub, Salinas, Alberti o Alejandro Casona, con un teatro que a menudo optaba por la crítica directa o el simbolismo.
El Teatro Escapista y la Comedia Benaventina
Sin embargo, el teatro que se representaba y tenía éxito en la península regresó a fórmulas de éxito previas, como la comedia benaventina o de salón, con obras de temas amables y escasas referencias a la dura realidad del momento. En general, se trataba de un teatro escapista, dirigido a un público acomodado, con una trama que dosificaba las sorpresas para mantener la atención del espectador. La ternura y la poesía se combinaban a menudo con toques de humor. Los decorados solían ser realistas y los temas preferidos eran el amor y la defensa de los valores tradicionales de la familia.
Entre los autores de este tipo de teatro destacan Jacinto Benavente, Juan Ignacio Luca de Tena y, especialmente, Joaquín Calvo Sotelo, que añadía crítica política al comunismo y a la España posterior al 31. También cabe mencionar a Pemán y su obra El divino impaciente, muy representada durante la dictadura, de tono moralizante.
El Teatro Cómico de Evasión
Para los autores que permanecieron en España y no eran afines al régimen, la evasión en el humor fue una de las principales salidas ante la presión de la censura y la falta de referentes. Se trata de un humor que buscaba renovar la comicidad tradicional, centrándose en lo inverosímil y rozando a veces el absurdo, acercándose al teatro de Ionesco y Beckett.
Enrique Jardiel Poncela, que ya había comenzado su carrera antes de la guerra, acentuó tras el conflicto su modelo de comedia de evasión, basada en personajes excéntricos, situaciones absurdas y un ingenioso humor con juegos de palabras. Destacan obras como Eloísa está debajo de un almendro, Un marido de ida y vuelta o El sexo débil ha hecho gimnasia....
El otro gran nombre de este teatro cómico es Miguel Mihura, fundador de la revista La Codorniz, que añadió a lo anterior una afilada ironía y la distorsión de la realidad hasta el absurdo. Entre sus obras destacan Tres sombreros de copa, Maribel y la extraña familia, Ninette y un señor de Murcia o Ni rico ni pobre, sino todo lo contrario. Mihura construía sus escenas a partir del conflicto entre personajes muy distintos que dialogaban de forma imprevisible, seres desconcertantes cuya irracionalidad generaba situaciones de gran comicidad, tratadas siempre con una gran ternura, rasgo específico de su estilo.
El Teatro Español (1960-1975): Comercial, Social y Experimental
El Desarrollismo de los años sesenta impulsó mejoras económicas y sociales, y el aumento del turismo influyó en la aparición de un público más joven e inquieto, interesado en nuevas propuestas en las salas de arte y ensayo.
El Teatro Social
En esta década, continuó el teatro social de la década anterior, con temas como la hipocresía, la intolerancia, el fracaso personal, la falta de solidaridad y el desarraigo por la emigración. Era un teatro convencional y poco renovador. Lauro Olmo destacó en esta línea, con obras como La camisa, sobre la dureza de la inmigración, y La pechuga de la sardina, que retrata la sociedad a través de una casa de huéspedes. También sobresalen Carlos Muñiz, Rodríguez Méndez y José Martín Recuerda.
El Teatro Comercial
Junto al teatro social, creció el teatro comercial, que seguía la línea de la comedia benaventina. Este teatro, favorecido por las mejoras económicas, concebía el teatro como entretenimiento y negocio. Destacó el teatro de autor, con Antonio Gala. Sus obras trataban temas variados, pero sin profundidad crítica ni innovaciones técnicas. Ejemplos: Los verdes campos del Edén, Noviembre y un poco de hierba y Anillos para una dama. También destacan Jaime de Armiñán, Juan José Alonso Millán y Ana Diosdado.
El Teatro Experimental e Independiente
Frente al público burgués, surgió un público más joven e inquieto en las salas de arte y ensayo, en el llamado teatro subterráneo o "soterrado". Este teatro introdujo innovaciones significativas, con autores como Miguel Romero Esteo, Alberto Miralles y Luis Riaza, y especialmente Francisco Nieva y Fernando Arrabal.
Francisco Nieva y el "Teatro Furioso"
Nieva fusionó la vanguardia europea (expresionismo y absurdo) con la tradición grotesca española, dando importancia a lo cómico. Su teatro se caracterizó por:
- La innovación en la escenografía barroca
- El juego de luces
- La caracterización enmascarada de los personajes
Su estilo se clasificó como "Teatro furioso". Entre sus obras destacan Es bueno no tener cabeza (1966), Nosferatu (1961) y El fandango asombroso (1961).
Fernando Arrabal y el "Teatro del Pánico"
Arrabal, afincado en Francia desde 1955, creó el teatro del pánico, heredero del teatro del absurdo y de la crueldad, con humor y vitalidad. Sus obras se caracterizan por:
- Las sorpresas
- Los diálogos de libre asociación
- La ruptura de la lógica
- La arbitrariedad de los personajes
Ejemplos son Picnic, El triciclo, El cementerio de automóviles y El laberinto.
El Teatro Independiente
Dentro de este teatro experimental, se desarrolló también el teatro independiente, vinculado a menudo a grupos universitarios que buscaban un teatro experimental y vanguardista. Destacaron grupos como Tábano y Los Goliardos, y nacieron Els Joglars y Els Comediants. Este teatro priorizaba la creación colectiva, la improvisación, la crítica y la ruptura de la cuarta pared. También se desarrolló el Teatro en la calle, con compañías como La Fura dels Baus y Dagoll-Dagom.