Liberalismo y Crisis Dinástica en España: De los Progresistas a la Caída de Carlos IV
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El Liberalismo Español del Siglo XIX: Progresistas y Moderados
Los Progresistas (Avanzados)
También recibían el nombre de Avanzados. Su discurso político se centraba en:
- Ampliar el número de personas con derecho a voto (sufragio censitario amplio).
- Reformas más profundas y rápidas.
- Oposición al carlismo.
- Desconfianza hacia el clero.
- Limitación de poderes al monarca.
- Reforzamiento de la Milicia Nacional.
En las filas del progresismo, en 1849, se produjo la escisión del Partido Demócrata. Este nuevo partido se caracterizó por la defensa del sufragio universal, la ampliación de derechos (como la libertad de expresión sin limitaciones), la enseñanza pública, los impuestos proporcionales y la abolición del servicio militar obligatorio.
Los Moderados
Situados en el sector derechista del liberalismo, sus principios consistían en:
- Compatibilizar la libertad con el mantenimiento del orden.
- Rechazo a la revuelta revolucionaria.
- Mezcla de la tradición y el progreso moderno.
- Defensa de una autoridad fuerte.
- Oposición a la democracia y al sufragio universal.
- Recorte y limitación de derechos civiles.
- Oposición a cualquier intervención estatal excesiva.
- Mejora de las relaciones con la Iglesia Católica.
El Reinado de Carlos IV (1788-1808)
Política Exterior y la Influencia de la Revolución Francesa
El triunfo de la Revolución Francesa determinó los rasgos de los gobiernos de Carlos IV, marcando dos fases principales:
Fase de Hostilidad contra Francia (1789-1795)
En 1789, Floridablanca estaba al mando del gobierno y buscó aislar a España del contagio revolucionario. Tras la ejecución de Luis XVI, el ejército francés cruzó los Pirineos y ocupó parte del País Vasco y Cataluña. En 1795, España aceptó la paz (Paz de Basilea).
La Vuelta a la Alianza con Francia (1796-1808)
Las negociaciones del comercio hispanoamericano entre España y Gran Bretaña se frenaron en 1796 con la firma del Tratado de San Ildefonso entre España y Francia. Como consecuencia, ambas naciones iniciaron una prolongada guerra contra Gran Bretaña. La flota española fue derrotada por la inglesa, y posteriormente la flota franco-española fue aniquilada en la Batalla de Trafalgar (1805).
Napoleón se proclamó emperador e inició una política de expansión territorial. Posteriormente, España y Francia renovaron su alianza mediante el Tratado de Fontainebleau (1807), por el cual Carlos IV autorizaría la entrada del ejército francés para la ocupación de Portugal.
Política Interior: Godoy y la Crisis de la Monarquía
Gracias a la íntima relación entre la reina María Luisa de Parma y Manuel Godoy, este último llevó todos los asuntos de gobierno. El país enfrentaba una grave bancarrota financiera, provocada por deudas, gastos militares y la disminución de la llegada de plata americana.
Godoy recurrió sin éxito a préstamos extranjeros y a la venta de vales reales, lo que intensificó el odio del clero y la nobleza hacia él.
El Motín de Aranjuez y la Caída de Carlos IV
En la corte se producían continuas intrigas contra Carlos IV y Godoy. La nobleza y el clero buscaban el respaldo del heredero del trono, el príncipe Fernando, con el objetivo de que Carlos y Godoy fueran destituidos y Fernando subiera al trono. La primera conspiración tuvo lugar en El Escorial, pero fue descubierta y se impusieron medidas.
Finalmente, en marzo de 1808, tras el Motín de Aranjuez, Carlos IV fue obligado a ceder el trono a su hijo (Fernando VII) y Godoy fue arrestado. Napoleón aprovechó el caos en la corte y la presencia de los soldados llegados tras la firma del Tratado de Fontainebleau para eliminar la dinastía real borbónica y apoderarse del territorio español.
Las Reformas Borbónicas: Los Decretos de Nueva Planta
Los Decretos de Nueva Planta fueron normas con claro contenido absolutista. Comenzaron a aplicarse durante la Guerra de Sucesión (1701-1714). En 1707 se derogaron los fueros de Aragón y Valencia, y las reformas se complementaron durante los reinados de Carlos III y Carlos IV.
Principales Consecuencias de los Decretos
- Se derogaron los fueros y las instituciones propias de la Corona de Aragón.
- Todas las cortes territoriales desaparecieron en favor de unas Cortes únicas (Cortes de Castilla).
- Los antiguos Consejos desaparecieron, excepto el Consejo de Castilla, que aumentó su poder.
- Los virreyes fueron sustituidos por Capitanes Generales.
- Las Chancillerías y las Audiencias unían justicia.
- Se crearon las Intendencias (división administrativa).
- Los corregidores de las ciudades más importantes eran nombrados directamente por el rey.
- Fue introducida la Ley Sálica.
- En tiempos de Carlos III se creó un nuevo himno y una nueva bandera (símbolos nacionales).
- En lo económico, se reorganizó la Hacienda, buscando el saneamiento económico y la equidad fiscal (no excluía a nadie de los pagos).
- Fue prohibida la lengua autóctona (en el ámbito oficial).