El lenguaje como tecnología: superando el mito de la identidad cultural
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El lenguaje como tecnología: más allá de la identidad cultural
Las lenguas son tecnologías, no signos de identidad cultural. Son el resultado de actividades tecnológicas, operatorias y pragmáticas, no culturales; y, aún menos, espirituales. Las lenguas son víctimas de las culturas o de los espíritus populares (Volksgeist) a los que pertenecen —o creen pertenecer— sus hablantes. El lenguaje no es la «casa del ser», como afirmaba Heidegger, filósofo y nazi a la vez, sino el código de una tecnología.
La esclavitud del lenguaje bajo el yugo cultural
Identificar el lenguaje con la cultura es esclavizarlo, degradarlo e incluso cercenar su desarrollo y el de sus hablantes. Solo las ciencias y las tecnologías hacen progresar a las sociedades humanas y, por extensión, a su lenguaje.
La cultura como sistema de prejuicios
Las culturas, además de ser —como afirma Gustavo Bueno— «mitologías» más o menos entretenidas y narcóticas, constituyen ante todo un sistema de prejuicios: la fosilización de lo que ya no encaja en el presente de forma natural, pues requiere un artificio; es decir, un código relativamente organizado de prejuicios que pretenden perpetuarse.
La expansión lingüística y el motor tecnológico
La expansión de las lenguas está vinculada a la expansión de las ciencias y de las tecnologías, así como a la liberación de las culturas que las reprimen, tratando de expropiarlas como si fueran productos culturales. Las lenguas son productos de las tecnologías y de las operaciones humanas, las cuales poco o nada tienen que ver con la cultura.
El lenguaje: ¿casa del ser o cárcel del hablante?
- La retaguardia cultural: La cultura aparece siempre después, en la retaguardia perezosa que recoge y censura los desechos de la ciencia y sus fracasos, exhibiendo lo que ha sobrevivido, inerte, al paso de un progreso cuyos resultados todos quieren disfrutar.
- El lenguaje operatorio: Más que la casa del ser, el lenguaje —concebido en términos heideggerianos y espiritualistas— es, sobre todo, la cárcel del hablante.
- La matriz tecnológica: El uso de un idioma depende siempre de la cantidad de tecnologías que sean capaces de ejecutar sus hablantes. El motor del lenguaje es la ciencia, no la cultura.
El lenguaje es operatorio; no vive en los museos ni en la casa de ningún ser, sino en las tecnologías. La cultura no tiene derecho ni razón para apropiarse del lenguaje. Hablar del lenguaje en términos de cultura es adoptar una postura espiritualista, metafísica y retrógrada. El lenguaje es comunicativo porque es operatorio: su matriz es tecnológica, no cultural.