Legado Literario del Novecentismo: Ensayistas, Narradores y la Poesía Pura

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El Novecentismo: Pensamiento y Creación Literaria

El Novecentismo, también conocido como Generación del 14, marcó un periodo de profunda renovación intelectual y artística en la literatura española. Este movimiento se caracterizó por su afán de modernización, su europeísmo y una búsqueda de la perfección formal y la intelectualización del arte. A continuación, se destacan sus principales exponentes en el ensayo, la novela y la poesía.

Ensayistas y Pensadores Destacados

De este periodo sobresalen figuras clave que, a través de sus ensayos, diseccionaron la realidad de su tiempo y propusieron nuevas vías de pensamiento:

  • Eugenio D'Ors

    En su obra Glosario, D'Ors diseccionó la actualidad de su tiempo en textos breves de carácter reflexivo, mostrando una prosa elegante y un agudo sentido crítico.

  • Manuel Azaña

    Último presidente de la Segunda República, Azaña también dejó una importante huella literaria. Entre sus obras destaca La velada en Benicarló (1939), un conjunto de diálogos políticos que reflejan su pensamiento y las circunstancias de la época.

  • Gregorio Marañón

    Médico y humanista, Marañón fue un prolífico autor de estudios sobre personajes históricos, como El Conde-Duque de Olivares (1936). Su obra combina el rigor científico con una profunda comprensión de la psicología humana y el contexto histórico.

  • José Ortega y Gasset

    Considerado el pensador más influyente del Novecentismo, Ortega y Gasset destacó con ensayos fundamentales como Meditaciones del Quijote y La España invertebrada. Su obra más importante, La deshumanización del arte, describe la nueva literatura como un arte deliberadamente difícil, opuesto a lo sentimental y deshumanizado, que no tiene que imitar la realidad. Propuso una estética que valoraba la autonomía del arte y su capacidad para crear mundos propios.

La Novela Novecentista: Intelectualismo y Lirismo

Las principales tendencias de la novela novecentista son el lirismo, el intelectualismo, la ironía y el humor, siempre con la intención de apartarse del realismo decimonónico. Entre los novelistas de este periodo, hemos de destacar a dos figuras esenciales:

  • Gabriel Miró

    Cultivó una novela de tipo lírico, en la que la acción pasa a un segundo plano en beneficio de las descripciones preciosistas y de la belleza del lenguaje. Sus obras más destacadas son Nuestro padre san Daniel (1921) y El obispo leproso (1926), ejemplos de su prosa sensorial y evocadora.

  • Ramón Pérez de Ayala

    Fue el gran autor de la novela intelectual, en la que la trama cede terreno a los planteamientos morales, políticos y filosóficos, acercándose al ensayo. Belarmino y Apolonio (1921) es una de sus obras principales, junto a Tigre Juan y El curandero de su honra (1926). Su narrativa se caracteriza por la reflexión profunda y el uso de la ironía.

Juan Ramón Jiménez: La Búsqueda de la Poesía Pura

Por último, es imprescindible hacer referencia a Juan Ramón Jiménez, figura cumbre de la poesía española del siglo XX y Premio Nobel de Literatura. Aunque empezó su obra en el Modernismo, acabó despreciándolo para cultivar una poesía pura, “inteligente”, como él mismo la llamó, intelectual, sin anécdota, estilizada y perfecta, más cerca del verso libre, de la austeridad de recursos y de las innovaciones vanguardistas. Él mismo reduce su evolución a tres fases:

  • Etapa Sensitiva (hasta 1916)

    En esta etapa se acerca a los temas modernistas de la muerte y de la nostalgia con un tono intimista, contemplativo y sentimental. De esta época son obras emblemáticas como Platero y yo (1917), Arias tristes (1903) y Soledad sonora (1908).

  • Etapa Intelectual (1917-1936)

    Se produce una ruptura con la poesía anterior. En 1917 aparece Diario de un poeta recién casado, obra clave que marca el inicio de esta fase. Desaparece todo lo modernista, se elimina lo anecdótico, los poemas son breves y densos, y se usa el verso libre. A esta etapa también pertenecen obras como Eternidades (1918) y La estación total (1935).

  • Etapa Suficiente (1937-1958)

    Esta fase se extiende hasta su muerte. La poesía se vuelve más hermética y trascendente. Obras como Dios deseado y deseante (1948) y Animal de fondo (1949) plantean el tema de la eternidad y de Dios, identificado con la naturaleza y la conciencia poética.

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