Jürgen Habermas: Razón Instrumental, Acción Comunicativa y la Ética Emancipatoria
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La Crítica de la Razón Instrumental y la Cosificación del Ser Humano
El fenómeno de la alineación y la cosificación del ser humano, característico de nuestro mundo, es fruto del tipo de razón que triunfó en Occidente: la razón instrumental, que es la versión evolucionada de la razón ilustrada.
No obstante, la Escuela de Fráncfort manifiesta una probada confianza en la razón, a la que parece querer revitalizar sometiéndola a autocrítica y eliminando cuanto hace de ella un instrumento de dominación. Jürgen Habermas también intentará alcanzar el ideal ilustrado a través de una razón crítica, universal y emancipatoria.
Habermas considera que, en el capitalismo actual, la ciencia y la técnica son elementos esenciales de la ideología legitimadora de nuestro modelo social. El sistema promueve la idea de que el consumismo garantiza la felicidad; por lo tanto, esta depende del desarrollo científico y tecnológico. El cientificismo afirma la neutralidad de la ciencia y su carácter objetivo a la hora de describir la realidad.
Los Intereses del Conocimiento
Para desvelar la verdadera naturaleza del saber científico, debemos analizar los intereses del conocimiento. Según Habermas, todo conocimiento está marcado por el interés que lo orienta y lo dirige. Hay tres tipos de interés:
- Interés técnico: Cuyo objetivo es el dominio y la manipulación de la naturaleza.
- Interés práctico: Basado en las necesidades de comunicación y convivencia entre los humanos.
- Interés emancipatorio: Que persigue la liberación de toda forma de opresión y la autonomía del individuo.
La Teoría de la Acción Comunicativa
Para Habermas, la interacción comunicativa es el punto de partida del proyecto emancipador. La razón estriba en que los individuos construyen su identidad en el marco de las interacciones comunicativas, no en el mundo del trabajo. Sin embargo, la comunicación está manipulada por el poder.
Habermas analiza los elementos necesarios para una comunicación imparcial que evite la manipulación e impida que la propia comunicación social sea utilizada como instrumento al servicio del poder. Cuando se dialoga, al margen del contenido del mensaje que se expresa, hablante y oyente parten de un acuerdo tácito de entendimiento mutuo.
El hablante supone que va a ser entendido y el oyente supone que el mensaje es válido y verdadero, sin intenciones ocultas. Esta es la condición para que se dé una comunicación real. Habermas la llama la Situación Ideal de Habla.
Es, por tanto, la situación comunicativa que excluye toda posibilidad de manipulación. Solo en el espacio que ella configura puede darse la acción comunicativa propiamente dicha. La acción se dirige al entendimiento y al consenso.
La Ética del Discurso
Frente al relativismo de los posmodernos, la ética de Habermas sigue la línea de la moral universal de Kant. Negar el carácter universal de los imperativos morales y su fundamentación racional equivaldría, según Habermas, a negar la posibilidad de la liberación de la humanidad.
Habermas propone una ética formal que no establece fines últimos ni especifica las acciones concretas que han de llevarse a cabo. La ética de Habermas es dialógica o discursiva, ya que se construye en el discurso.
Para Habermas, la conciencia moral es intersubjetiva; se construye en el medio social de la comunicación. El diálogo entre las personas es el que determinará qué normas son éticamente correctas. Ahora bien, para que la racionalidad discursiva propuesta por Habermas sea efectiva, la utópica Situación Ideal de Habla tendría que estar establecida en la sociedad.