Isabel II: Transformación de España y las Guerras Carlistas

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El Reinado de Isabel II: Una Etapa de Transformación

El reinado de Isabel II constituye una etapa revolucionaria en la que se produce el cambio dinástico de la monarquía absoluta a un Estado parlamentario, y del régimen económico y social del Antiguo Régimen a un sistema capitalista moderno.

Primera Guerra Carlista (1833-1839)

El 1 de octubre, tras la muerte de Fernando VII, Carlos María Isidro reivindicó sus derechos al trono desde Portugal. La guerra que ocasionó fue un conflicto civil de fuerte contenido ideológico y de clase.

Bandos en Conflicto

  • Bando Carlista: Integrado por los absolutistas más intransigentes que reclamaban el "legitimismo" y la "alianza del altar al trono". En el carlismo militaban una parte de la nobleza y miembros ultraconservadores de la administración y del ejército, a los que se unió el bajo clero para evitar con Carlos la pérdida de influencia de la iglesia. Una de las razones del bando carlista era la defensa de los fueros, que asociados al Antiguo Régimen eran defendibles desde el ultraconservacionismo. Su extinción estuvo siempre presente en los bandos liberales.
  • Bando Cristino: En torno a la regencia de María Cristina y su hija Isabel, estuvo respaldado por los moderados y reformistas del absolutismo, y de los liberales. También tuvo apoyo de la mayor parte de los generales y del ejército, de funcionarios y altas jerarquías de la iglesia. El gobierno de María Cristina contó con el reconocimiento y, desde abril de 1834, el apoyo diplomático y militar de Portugal, Inglaterra y Francia (Cuádruple Alianza). Los carlistas no llegaron a conseguir un reconocimiento expreso, aunque sí contaron con las simpatías de los imperios austriaco, prusiano y ruso.

Desarrollo de la Guerra

Los inicios de la guerra fueron favorables a los carlistas, que derrotaron a las tropas del gobierno varias veces gracias a su movilidad y conocimiento del terreno. Pero en 1835 fracasaron en el sitio de Bilbao, donde murió el general Zumalacárregui. En los años siguientes, los carlistas intentaron varias expediciones hacia el sur, pero no encontraron respaldo. En 1837 estuvieron a punto de tomar Madrid, pero el asalto fracasó. Desde entonces pasaron a la defensiva, y el agotamiento llevó al general Maroto a iniciar negociaciones con el general Espartero, que terminaron en agosto de 1839 con el Abrazo de Vergara. A cambio de su rendición, se reconocieron los grados y empleos de los vencidos. También se incluyó el compromiso de mantener los fueros, aunque los gobiernos liberales posteriores no lo respetaron.

Un núcleo carlista, dirigido por Cabrera, resistió la toma de Morella por las tropas de Espartero. El país soportó una guerra con decenas de miles de muertes y que dejó destrucción, hundimiento económico y un arraigo ideológico que proporcionó la pervivencia del carlismo unas generaciones más.

Segunda y Tercera Guerra Carlista

  • Segunda Guerra Carlista (1846-1849): Se desarrolló en Cataluña. Su estallido tuvo el pretexto del enlace fallido entre Isabel II y Carlos VI, unión que probablemente hubiera ayudado a resolver el conflicto dinástico entre los bandos. Se produjeron otras sublevaciones carlistas que acabaron frustrando el pronunciamiento de Carlos VI.
  • Tercera Guerra Carlista (1872-1876): Tuvo lugar tras la derrota de Isabel II tras la revolución de 1868, desencadenando el conflicto en el que se enfrentaron, primero, los que consideraban a Amadeo I un rey intruso y, segundo, contra la reforma de gobierno de la I República. A la llegada de Alfonso XII (1875) supuso el declive del carlismo.

Consecuencias de las Guerras Carlistas

Entre las principales consecuencias de las guerras carlistas destacan las muertes y el coste militar que llevó a la monarquía a la desamortización de Mendizábal.

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