Isabel II y el régimen liberal español (1833–1868): Espartero, progresistas y moderados

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Contexto y pronunciamiento de 1843

En 1843, Espartero se quedó sin apoyo tras unas nuevas elecciones. La insurrección contra el general fue dirigida por miembros del partido progresista en defensa de la Constitución y en contra de lo que se consideraba la tiranía de Espartero. Triunfó por el apoyo moderado, cuando el ejército dirigido por el general Narváez se pasó a los insurrectos: pronunciamiento de Torrejón de Ardoz. Espartero, aislado, abandonó el país. Los diputados adelantaron la mayoría de edad de Isabel II, que fue proclamada reina en noviembre de 1843.

Preferencias políticas de la reina y reacción progresista

La reina mostró desde el principio una preferencia por los moderados, por lo que los progresistas optaron por el retraimiento, negándose a participar en las consultas electorales amañadas y dedicándose a la preparación de pronunciamientos apoyados por insurrecciones populares.

Características del régimen durante Isabel II

Durante el reinado de Isabel II podemos destacar: la pervivencia de un régimen de monarquía liberal de tendencia conservadora, cuya plasmación fue la Constitución de 1845. Esta constitución moderada establecía un régimen basado en la participación política de una oligarquía de propietarios, formada por miembros de la vieja aristocracia, la burguesía y demás sectores pudientes. El sufragio restringido excluía al resto del país.

Además, era un régimen de gobiernos autoritarios, defensores del orden y de una monarquía fuerte, con un sistema bicameral que limitaba la tendencia a las reformas profundas y que restringía las libertades individuales y colectivas.

La reina Isabel apoyó siempre a los sectores más conservadores. Esto provocó el alejamiento progresivo respecto a su pueblo y la caída de la monarquía en 1868.

Presencia militar y vida parlamentaria

Entre los gobernantes del país no cesó la constante presencia de militares como Narváez, Espartero y O'Donnell, figuras que garantizaban el fuerte gobierno y el mantenimiento del orden. Esto no fue del agrado de los políticos civiles, quienes conspiraron contra los militares, fomentando la inestabilidad del régimen.

Por último, la presencia en la vida parlamentaria era exclusiva de partidos burgueses: moderados, progresistas y nuevos grupos como la Unión Liberal o el Partido Demócrata. Los republicanos, ilegales, quedaron al margen.

División de los liberales y programa progresista

Los liberales terminaron por escindirse en dos nuevos grupos, moderados y progresistas, culminando, gracias a la guerra civil, una división que se había iniciado en el Trienio Liberal. Los liberales progresistas, antiguos exaltados, mantuvieron hasta 1868 el siguiente ideario:

  • Limitación del poder de la Corona.
  • Ampliación del sistema de libertades.
  • Defensores de reformas radicales como la desamortización de los bienes eclesiásticos y de los ayuntamientos.
  • Ampliación del cuerpo electoral: defendían un voto censitario más amplio.
  • Elección popular de alcaldes y concejales en los ayuntamientos.
  • Liberalismo económico y reducción de la protección arancelaria.
  • Constitución de un cuerpo armado, la Milicia Nacional, como garante de las libertades.

Base social y liderazgo progresista

Los progresistas concentraron su apoyo social en las clases medias urbanas: artesanos, tenderos y empleados. Sus principales dirigentes fueron Espartero, Mendizábal, Madoz, Olózaga y Prim.

Presencia en el poder y legado constitucional

A lo largo del reinado de Isabel II y la regencia de su madre, María Cristina, los progresistas solo estuvieron en el poder durante breves períodos: 1835–1844 y 1854–56 (Bienio progresista). La mejor concreción de su programa fue la Constitución de 1837.

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