Isabel II: Regencias, Guerras Carlistas y la Consolidación del Liberalismo en España

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El Reinado de Isabel II: Regencias, Guerras Carlistas y la Construcción del Estado Liberal

El reinado de Isabel II se divide en cinco etapas diferenciadas. Este documento se centra en las dos primeras, las Regencias, y el inicio de su reinado efectivo, la Década Moderada. Abordaremos las Guerras Carlistas, la evolución de los grupos políticos, y la importancia de documentos como el Estatuto Real de 1834 y la Constitución de 1837 en la configuración del Estado liberal español.

La Regencia de María Cristina (1834-1840)

La Primera Guerra Carlista (1833-1839)

La muerte de Fernando VII en 1833 desencadenó una guerra civil, la Primera Guerra Carlista. Este conflicto enfrentó a los carlistas, defensores de Carlos María Isidro (hermano de Fernando VII), quienes no reconocían la Pragmática Sanción de 1830 (que anulaba la Ley Sálica), y a los isabelinos, partidarios de Isabel II. A su vez, se trataba de un enfrentamiento ideológico entre los defensores del Antiguo Régimen (carlistas) y los partidarios del liberalismo (isabelinos).

En octubre de 1833, los carlistas proclamaron rey a Don Carlos (recibiendo el nombre de Carlos V), quien, bajo el mando del general Zumalacárregui, se afianzó en el territorio vasco-navarro. Sin embargo, en 1835 fracasaron en sitiar Bilbao y, más tarde, en su avance hacia el sur. Dos años más tarde, tuvo lugar la Expedición Real (1837), que de la misma manera, fracasó en su intento de tomar Madrid. El avance del general isabelino Espartero obligó al general carlista Maroto a iniciar negociaciones, las cuales desembocaron en el Convenio de Vergara (agosto de 1839). Por este acuerdo, las tropas carlistas se unían al ejército isabelino y la guerra se daba por finalizada.

Los Grupos Políticos Liberales

Dentro de la tendencia liberal, encontramos dos corrientes principales:

  • El Partido Moderado: Defendía un liberalismo doctrinario, con soberanía compartida entre las Cortes y el Rey, quien gozaba de amplios poderes. Proponían un Estado centralizado, con una economía proteccionista; un sufragio censitario muy restringido; un Estado confesional sin libertad de cultos y la limitación de los derechos individuales.
  • El Partido Progresista: Defendía la soberanía nacional; un Estado descentralizado, con una economía liberal; un sufragio censitario más amplio; una relación Iglesia-Estado con libertad de cultos y derechos políticos amplios.

El Estatuto Real de 1834 y la Constitución de 1837

La regente en esta etapa, María Cristina de Borbón-Dos Sicilias, llegó a un acuerdo con los liberales para preservar la Corona. En 1834, Martínez de la Rosa proclamó el Estatuto Real, una carta otorgada que supuso la transición del absolutismo al liberalismo, pero sin reconocer la soberanía nacional ni los derechos fundamentales. Se reconocía un sistema de representación bicameral:

  • El Estamento de los Próceres (la cámara alta, elegida por la Reina).
  • El Estamento de los Procuradores (elegidos por sufragio censitario).

La Reina conservaba bastante poder, dado que convocaba, suspendía y disolvía Cortes, por lo que estas eran únicamente de carácter consultivo.

La regente se aproximó más a los progresistas, por lo que el poder recayó sobre Mendizábal, quien inició una desamortización de las tierras eclesiásticas y pretendía iniciar una transición desde el Estatuto a un régimen constitucional. Su dimisión forzada provocó un pronunciamiento progresista, el Motín de La Granja (agosto de 1836), que forzó a la regente a introducir reformas más progresistas, como la soberanía nacional, la libertad de prensa y la limitación del poder real; pero también aspectos moderados como el poder de la Corona para disolver Cortes. Esto llevó a la promulgación de la Constitución de 1837, que aunque de carácter progresista, buscaba el consenso entre ambas facciones liberales.

La Regencia de Espartero (1840-1843)

La segunda etapa es la Regencia de Espartero, que comenzó tras una sublevación en 1840 por un intento de la Corona de cambiar el sistema de elección de los ayuntamientos. Durante su regencia, se continuó el desarrollo del programa progresista para consolidar el Estado Liberal, con una política económica librecambista, suprimiendo los aranceles a productos ingleses. La industria textil catalana no pudo competir contra la inglesa y, a finales de 1842, estalló un motín en Barcelona, que fue sofocado por el regente bombardeando la ciudad.

La Década Moderada (1844-1854)

La tercera etapa es la Década Moderada (1844-1854). El moderado Narváez encabezó un pronunciamiento en Torrejón de Ardoz en 1843, provocando la renuncia de Espartero en agosto de 1843. Ante la incapacidad de encontrar a un nuevo regente, se adelantó la mayoría de edad de la reina a los trece años. Durante este periodo, los progresistas sufrieron una escisión por su izquierda, dando lugar al Partido Demócrata, que pretendía el sufragio universal, un Estado aconfesional y la soberanía popular.

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