De la invasión napoleónica al liberalismo: La transformación de España (1808-1814)

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El reinado de Carlos IV. La Guerra de la Independencia

La Guerra de la Independencia es un conflicto que se desarrolla en la Península Ibérica entre 1808 y 1814, y concluye con la derrota de Napoleón.

Antecedentes y causas

El estallido e inesperado triunfo de la Revolución Francesa en 1789, provocó el pánico entre los reyes absolutistas de Europa. Carlos IV, a través de su primer ministro Manuel Godoy, tomará medidas con el fin de frenar las ideas revolucionarias. Tras la ejecución de Luis XVI, Godoy no reconoce el nuevo régimen republicano, y entra en guerra junto con la coalición antifrancesa (Inglaterra y Portugal) contra Francia.

España fue derrotada y tuvo que firmar la Paz de Basilea (1795), que permitía recuperar el País Vasco, Navarra y Cataluña a cambio de cesiones comerciales a Francia. Godoy da un giro y firma el tratado de San Ildefonso (1796) contra Inglaterra y Portugal. El resultado fue nefasto para la flota española, con importantes derrotas como la batalla de Trafalgar (1805) ante el almirante Nelson.

La situación empeora cuando España y Francia firman el Tratado de Fontainebleau (1807) con el objetivo de invadir y repartirse Portugal. Godoy autorizó la entrada de los ejércitos napoleónicos en España. En un mes, el ejército francés, al mando del general Junot, entró en Lisboa. Las tropas francesas van ocupando España a medida que avanzan.

En 1808, Godoy se percata de las intenciones de Napoleón y traslada la corte a Sevilla. Los reyes se trasladan al Palacio de Aranjuez. Comienza el Complot de El Escorial en favor del príncipe Fernando VII. Estalla un motín y el pueblo asalta el Palacio Real. Godoy es arrestado y Carlos IV abdica en su hijo.

Poco después, en las Abdicaciones de Bayona, Napoleón convoca a la familia real y consigue que Fernando devuelva la corona a su padre, quien a su vez se la cede a Napoleón. Este último entrega el trono a su hermano José Bonaparte.

José I inicia un proyecto de cambio del viejo absolutismo borbónico. Otorga el Estatuto de Bayona (1808), de carácter autoritario, pero con ideas liberales, que reconoce derechos, poder legislativo compartido y supresión de privilegios.

La Guerra de la Independencia (1808-1814)

El pueblo de Madrid inicia un levantamiento popular contra las tropas francesas el 2 de mayo de 1808. Murat trató de sofocar la rebelión, pero la sublevación se extendió por toda España. Aunque es un levantamiento popular, se unen algunos militares, como Daoíz y Velarde, comenzando así la Guerra de la Independencia.

Los sublevados forman Juntas de defensa locales y regionales, coordinadas por la Junta Suprema Central dirigida por Floridablanca, quien declaró la guerra a Francia, asumió la dirección de la guerra, estableció alianzas con Inglaterra y convocó a las Cortes.

La Guerra de la Independencia supone la creación de una conciencia nacional de resistencia antifrancesa, en la que participan distintas clases sociales y el clero. Es un conflicto internacional, anti napoleónico, donde intervienen tropas portuguesas e inglesas. Pero también es una guerra civil entre afrancesados y patriotas.

  • Los afrancesados: Una minoría culta que apoya la ocupación francesa porque ven en José I la posibilidad de modernizar el país. Tras la derrota fueron reprimidos y exiliados.
  • Los patriotas o fernandinos: Un grupo formado por absolutistas, jovellanistas y liberales. Les une su rechazo a la ocupación francesa y el deseo del regreso de Fernando VII, a quien el pueblo llamó "el Deseado".

La guerra pasa por tres etapas:

  1. 1ª etapa: La revuelta popular. Las tropas francesas del general Murat fracasaron en el intento de ocupar el país con rapidez, ya que no pudieron tomar Gerona, Zaragoza o Valencia, que sufrieron largos asedios. Zaragoza resistió bajo el mando de Palafox. El hecho más destacado fue la batalla de Bailén, donde las tropas del general Castaños derrotaron a Dupont, obligando al ejército francés a evacuar Madrid mientras las tropas británicas expulsaban a los franceses de Portugal y desembarcaban en Galicia.
  2. 2ª etapa: Predominio francés. Napoleón se trasladó a España para dirigir las operaciones. Con esta operación recuperó Madrid y ocupó Aragón, Cataluña y Andalucía, menos algunas zonas de Huelva, Cádiz y Portugal, defendida por los ingleses. La guerra de guerrillas fue decisiva. Eran escaramuzas espontáneas de un ejército popular que controlaba las zonas rurales, lo que obligó a los franceses a centrarse en las ciudades. Hubo algunos héroes populares como Espoz y Mina o El Empecinado.
  3. 3ª etapa: Ofensiva hispano-inglesa y declive francés. La derrota francesa coincidió con el fracaso de Napoleón en Rusia, que le obligó a retirar tropas de la Península. Desde Portugal, el duque de Wellington derrotó a los franceses en Salamanca, obligando al ejército francés a retirarse hacia Valencia. José I abandona Madrid. Las tropas francesas sufren las derrotas de Vitoria y San Marcial. El tratado de Valençay (1813) supone el final de la guerra y la vuelta de Fernando VII como rey de España. Como consecuencia, España tendrá que recuperarse debido a la pérdida del 5% de la población.

Las Cortes de Cádiz

Durante la Guerra de la Independencia, la mayor parte de las ciudades cayeron en manos del ejército napoleónico. Para organizar la resistencia se crearon Juntas Locales, integradas a la Junta Suprema Central, presidida por el Conde de Floridablanca. Al no poder dirigir la guerra, la Junta Central se disolvió y se creó un Consejo de Regencia, formado por cinco miembros y presidido por el general Castaños, que se estableció en Cádiz, única ciudad no controlada por los franceses y defendida por los ingleses. Allí se convocaron las Cortes (1810) que asumen la representación de la Nación, y no del Rey, aunque se reconocía a Fernando VII como soberano. Las Cortes, elegidas por sufragio universal masculino indirecto, se componían de los miembros de los antiguos estamentos, clases medias, servidores del Estado y de las profesiones liberales. Llegaron a Cádiz liberales de toda España y de las colonias.

Existía una fuerte división entre los diputados. Distinguimos tres grupos diferenciados ideológicamente:

  • Los liberales: Defendían la soberanía nacional, la división de poderes y la igualdad jurídica. Querían la desaparición de los privilegios del Antiguo Régimen.
  • Los absolutistas: Liderados por Argüelles, querían la monarquía absoluta y mantener el Antiguo Régimen.
  • Los jovellanistas: Liderados por Jovellanos, los moderados. Defendían el modelo inglés de soberanía compartida entre el rey y las Cortes.

En las Cortes de Cádiz consiguieron la elaboración de la Constitución de 1812, el fin del Antiguo Régimen y establecieron los principios del liberalismo español: derechos y deberes, igualdad jurídica y división de poderes.

La Constitución de 1812

Nuestra primera constitución liberal, "La Pepa", es una constitución muy extensa y revolucionaria, aunque mantiene parte de la tradición española. Para crearla se basaron en las leyes de la Revolución Francesa.

Se sustenta en los siguientes principios:

  1. Se establece la soberanía nacional: la autoridad de la nación recaía en las Cortes.
  2. El Estado será una monarquía parlamentaria, limitada por la Constitución, con división de poderes: el poder legislativo lo comparten las Cortes y el rey; el poder ejecutivo recae en el rey, pero está obligado a firmar lo decretado por el Gobierno; por último, el poder judicial quedaba en manos de Tribunales independientes.
  3. Las Cortes, unicamerales, elegidas por sufragio masculino indirecto, concentraban amplios poderes: elaboraban leyes, decidían la sucesión de la corona, etc.
  4. Se garantizan los derechos y libertades del individuo: igualdad ante la ley, libertad de imprenta, educación, etc.
  5. No se reconocía la libertad de culto, se impuso el catolicismo como religión oficial y única.

La Constitución de Cádiz es un documento liberal y burgués, que supuso en España la abolición del Antiguo Régimen, el fin de la Inquisición y la adopción de una economía de mercado. Su aplicación fue muy limitada, entre 1812 y 1814 en el marco de la Guerra de la Independencia. El regreso de Fernando VII significó su fin y el retorno del absolutismo, aunque estaría vigente durante el Trienio Liberal (1820-1823) y brevemente en 1836.

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