Interpretación de '1923' de Blas de Otero: Memoria, Lluvia y Temporalidad
Enviado por Chuletator online y clasificado en Español
Escrito el en
español con un tamaño de 5,15 KB
La Temporalidad en '1923': Pasado, Presente y Memoria
¿El título, “1923”, es pasado o presente? ¿Es la fecha de su infancia? Según la alternancia presente-pasado, la respuesta es afirmativa, ya que el recuerdo de la infancia es el eje central del poema. Sin embargo, ¿por qué 1923 y no el presente desde el cual el poeta recuerda? O, como entresueña, recuerda y ve llover, quizás ni siquiera el yo poético sabe con certeza cuándo es 1923. Este caminar impreciso a través del cuándo estoy es precisamente lo que se busca trasladar al lector.
La temporalidad dentro del poema es importantísima, y de ahí que el título sea una fecha. De hecho, todo gira alrededor del ir y el volver de la infancia: una temporalidad profundamente humana.
Contexto Biográfico e Interpretación Histórica
El hecho de que Blas de Otero naciera en 1916 y que, por tanto, en 1923 tuviera 7 años, no afirma necesariamente que el título evoque esta edad temprana. Es importante recordar que el autor no es, ni añora, ni ama, ni... todo lo que escribe. Surge la pregunta: ¿tiene el lector la obligación de conocer la vida personal del escritor para entender su poema?
Por otro lado, dado que un escrito no está aislado de los sucesos ni de las personas del mundo, resulta menos descabellado, en mi opinión, relacionar fechas y ciudades con la realidad histórica que afecta a lo general, no solo a lo personal.
Desde la perspectiva de la memoria del marco hispánico del 1900, podríamos relacionar 1923 con la dictadura de Primo de Rivera. Sin embargo, ¿se perciben referencias a dictaduras en el poema?
Comentario Verso a Verso
Verso 1: La Repetición de la Lluvia
De siete palabras, cuatro son llueve. (Las otras dos: en Bilbao, que es donde llueve, y y). La repetición de llueve, como tres gotas cayendo sin comas, enfatiza la acción. El verso empieza y acaba con la palabra: Llueve.
Verso 2: Suavidad y Oscuridad
livianamente; un encabalgamiento suave que remarca la delicadeza con que cae la lluvia. Aunque seguidamente, el aire se em-bo-rro-ne onomatopéyicamente. El aire se ensucia, se entinta.
Versos 3 y 4: El Epíteto y la Fragilidad
Y en las fachadas y las débiles lomas. El uso del epíteto (débiles) subraya que lo que verdaderamente quiere remarcar no es que llueve sobre las fachadas o las lomas, sino que estas son oscuras y frágiles. Parece que todo se le aparece débil y sombrío bajo la lluvia. Por eso connota los elementos que evoca con sombra, oscuridad, inseguridad y fragilidad.
Versos 5, 6 y 7: La Infancia Inerme
Su infancia, sobre la que también cae la lluvia, es justamente inerme, desprotegida, colegial. Y su juego reconcentrado —ajeno a los demás— y tímido (dos palabras para todo el verso, lo que hace muy característicos estos adjetivos de cómo se recuerda de niño). El juego es con los chicos de la calle, también sombríos, pues ni cara ni nombre les ha dado.
Verso 8: Percepción Intuitiva y Pagasarri
Las pes y erres nos despiertan del pasado: Por Pagasarri trepan los pinares. Los pinares no trepan ni escalan; son las nubes que bajan. Pero todo se ve desde el Yo poético, y así, es válido. No se refuta ni se pone en duda. Ciertamente, por Pagasarri trepan los pinares.
Verso 9: La Noche Triste
La noche desde la que mira y recuerda es precisamente triste y de noviembre, mes con fama de ser el más triste, el más infértil, onomatopéyicamente oscuro. Todo lo contrario a abril, por ejemplo.
Verso 10: El Viento que Moja
Dice que el viento roza y moja los cristales. Pero el viento no moja; volvemos a encontrarnos con esa percepción intuitiva de los fenómenos (como los pinares del verso 8).
Verso 11: La Clave Temporal
Puede que la clave del poema en cuanto al ir y el volver desde el presente al pasado esté en este verso: entresoñando escucho... Y escucha llover. La lluvia (le) suena igual en el presente que en ese pasado que entresueña y se/nos transporta. entresoñando escucho... Llueve llueve, como si llueve fuese la onomatopeya de la lluvia.
Verso 13: La Frente Pálida y la Suavidad Fonética
Cómo su frente del verso 13 es pálida. Aun destacando la parte del cuerpo tradicionalmente más noble, aquella donde reposa la inteligencia y la sabiduría, no deja de destacar que es pálida. Repite el juego fonético ahora con la suavidad de la ese: Qué suave mademoiselle Isabel.
Verso 14: El Niño Absorto y el Final Abierto
Y el/su niño del verso 14 que objetiva: absorto, de nuevo. El poema acaba con puntos suspensivos porque podría seguir lloviendo sobre Archanda o sobre su infancia. O, mejor: entresoñando, con el sonido de la suave lluvia, el ritmo lento, las pausas suaves... se duerme en el presente recordando el pasado niño.