Instituciones Políticas y Crisis de la Monarquía en la Baja Edad Media Peninsular
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Instituciones políticas y crisis de la monarquía en la Baja Edad Media
Aunque el feudalismo influyó sobre ciertas instituciones (vasallaje, relaciones de dependencia…), excepto en Cataluña, no fue determinante en el conjunto de los reinos cristianos peninsulares. En efecto, al contrario de lo que estaba ocurriendo en buena parte de Europa, en la Península surgieron, como consecuencia de la Reconquista, ciudades muy importantes (Toledo, Cuenca, Burgos, Zaragoza…) que se convirtieron en “islas de libertad” y desafiaron al poder nobiliario e incluso a los reyes. Por otro lado, el poder real también resultó fortalecido ante la necesidad de mantener una autoridad fuerte frente a los musulmanes.
El papel del Rey y las Cortes
El rey, con todo, no tenía poderes absolutos. Estaba siempre aconsejado por una asamblea de nobles. Además, su poder estaba limitado por la existencia de Cortes, en las que estaban representados los súbditos de forma estamental. Las Cortes tuvieron un carácter distinto en Castilla y Aragón:
Las Cortes en Castilla
En Castilla siempre eran convocadas por el rey, y los estamentos no formaban un grupo de presión tan coherente y bien organizado como en Aragón. El estamento ciudadano, integrado por los “procuradores” que representaban a las ciudades, fue siempre el más constante, hasta el punto de que a mediados del siglo XV las Cortes de Castilla se habían convertido en una especie de asamblea de representantes del Estado Llano. Ahora bien, aún no está demasiado claro si las Cortes de Castilla tuvieron funciones legislativas o simplemente consultivas.
Las Cortes en la Corona de Aragón
En Aragón funcionaban por separado las Cortes de Cataluña, Aragón y Valencia. Las competencias eran muy amplias, tenían carácter legislativo y los reyes tenían que jurar en ellas los fueros (leyes propias y libertades) de Cataluña, Aragón y Valencia antes de ser proclamados.
La debilidad monárquica y los conflictos con la nobleza
Por otro lado, debemos recordar que la monarquía bajomedieval constituía una institución relativamente débil, con escasa autoridad sobre unos municipios muy celosos de sus amplias libertades y autonomía, y sobre una nobleza que había acumulado tantas propiedades y poderes durante la Reconquista que no tenía ningún reparo en desobedecer a los monarcas y enfrentarse a ellos.
Buen ejemplo de ello es la denominada Farsa de Ávila (1465, texto 15), episodio en el que un grupo de grandes nobles castellanos (el marqués de Villena, el arzobispo de Toledo…) erigieron una efigie del rey Enrique IV de Castilla a la que insultaron y vejaron para posteriormente proclamar rey a su medio hermano, el infante Alfonso, más conocido como "Alfonso el Inocente".