La Innovación Arquitectónica de Borromini en San Carlo

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SAN CARLO

A) Borromini comenzó su aprendizaje del arte de la construcción tempranamente, pues a sus 9 años se inició como aprendiz en Milán. Más tarde, a los 15, conoció Roma y estudió sus ruinas. En Roma trabajó para Carlo Maderno en la basílica de San Pedro y también trabajó en el equipo de Bernini, pero pronto se produjo un alejamiento entre ellos. Fueron los dos grandes arquitectos y rivales en la arquitectura barroca italiana. Durante el pontificado de Inocencio X, gana la confianza del Papa, lo que le permite desplazar a su rival en el puesto de arquitecto principal de Roma. Sin embargo, con el siguiente Papa, Alejandro VII, renace la estrella de Bernini y aumenta el enfrentamiento entre ambos arquitectos.


Fue un hombre intransigente, atormentado y con un profundo sentimiento religioso, y por ello las relaciones con sus clientes, y en especial con el papado, fueron difíciles y turbulentas. De hecho, solo Inocencio X le hizo encargos de importancia. La mayoría de los proyectos los recibió de órdenes religiosas humildes que no tenían muchos recursos. Construyó así iglesias de pequeñas proporciones y materiales pobres (ladrillo y estuco) pero que destacan por sus innovaciones técnicas y originalidad.


San Carlo o San Carlino fue el primer encargo importante que se le propuso. Se lo encargó la orden española de los Trinitarios descalzos; se le pidió una iglesia, un claustro y una serie de dependencias para la vida de los monjes. Lo primero que construyó fue el claustro en 1634. En 1638, inició la edificación de la iglesia, que se prolongó hasta 1641. Finalmente, realizó la fachada entre 1665 y 1667, que fue también la última obra del artista, ya que se suicidó.


C) Elementos sustentantes y sustentados: los ejes longitudinales y transversales de la planta son exentos, de manera que la función de carga la hacen las columnas gigantinas que envuelven el perímetro de la iglesia. La construcción de la iglesia fue planteada de manera que todo tuviera una tendencia ascensional. La misma altura de la planta da lugar a un entablamento en forma de cornisa curva, y encima de ella se levanta un cuerpo intermedio formado por arcos de medio punto y pechinas que sostienen la cúpula de forma elipsoidal.


Borromini estructura la fachada en dos niveles independientes, pero que mantienen una estrecha correspondencia. Cada uno de los pisos está dividido en tres partes, a partir de una combinación de columnas menores y columnas gigantinas. Los dos pisos están separados por un entablamento de formas cóncavas y convexas que hay entre las partes laterales y la parte central, respectivamente. En el primer nivel encontramos la puerta de entrada y encima destaca un nicho con la imagen de San Carlos Borromeo, representado bajo las alas de dos querubines. Esta escultura es correspondida en el piso superior con un medallón sostenido por ángeles. La cornisa de la planta baja se repite también en la planta superior, aunque en este caso termina con un frontón. La altura excepcional de las 16 columnas y su fuerte proximidad entre ellas crea la sensación de movimiento ascendente. Hay que destacar los capiteles de estilo corintio. En el interior, la planta se puede definir a partir de un espacio central octagonal de lados ondulados, al cual se han añadido dos elementos semicirculares (vestíbulo y capilla mayor) al eje longitudinal. Dieciséis columnas gigantinas de orden compuesto (jónico y corintio) habilitan puertas, nichos y capillas en los espacios intercolumnales, siguiendo las formas caprichosas de la planta, y sostienen las cuatro vueltas de cuarto de esfera que cubren las capillas principales. Entre ellas se articulan cuatro pechinas amplias que definen una cúpula ovalada decorada con casetones geométricos (octógonos, hexágonos y cruces) que se van reduciendo de tamaño para crear una mayor perspectiva. Este efecto permite aumentar la sensación de espacio interior, cuya amplitud se ve aumentada por la luz blanca que sale de las ventanas abiertas a la linterna de reminiscencia oriental, que es, pues, una fuente de iluminación natural de la cúpula. Sobre un fondo dorado está representado el Espíritu Santo. El otro foco de luz son las ventanas situadas directamente sobre la viga maestra, semiocultas por la decoración.

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