Iniciarse en la docencia: vocación, oficio y prácticas para enseñar con sentido
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Texto: Iniciarse en la docencia (Alliaud-Antelo)
Entiende la docencia como un oficio particular donde es posible identificar la vocación (por el conocimiento, la actitud, la voluntad, el entusiasmo, la predisposición), los procedimientos y los productos de lo que se hace.
Es una actividad peculiar donde la enseñanza está anclada en un oficio, oficio que remite a ocupación, cargo, profesión y función, en la medida en que a los individuos se les forma y se les paga para actuar sobre otros.
El propósito y la dimensión personal del oficio
Quien enseña tiene como meta fundamental transformar a los otros. El accionar sobre los demás añade al oficio un componente de realización individual —principios y valores—, siendo éstos de carácter unívoco e incuestionable, los que garantizaban autoridad al maestro.
Hoy la autoridad hay que procurarla día a día y se requieren recursos y destrezas; en donde el trabajo con personas mantiene un rasgo vincular y relacional, y los maestros acentúan el componente afectivo.
Oficio, misterio y autoría
Todo oficio encierra misterio y autoría: algo que era de determinada manera se transforma en otra. Es el resultado de las decisiones; requiere creatividad, misterio y esperanzas de que ocurra el aprendizaje. Remite a la manera en que uno hace su trabajo.
El oficio es la constatación de lo hecho o producido, lo que asegura identidad profesional y sentido a la profesión.
No hay enseñanza en sí, a menos que se tenga en cuenta el contexto en que esta tiene lugar.
Enseñar como organización del encuentro con el saber
Enseñar es organizar la confrontación con el saber y proporcionar las ayudas para hacerlo propio. Al mismo tiempo, debe solicitar el compromiso de la persona y poner a disposición los recursos sin los cuales no podrá obtener buenos resultados en su aprendizaje.
- Solicitar el compromiso del estudiante.
- Proporcionar y gestionar recursos necesarios.
- Ofrecer ayudas que faciliten la apropiación del saber.
Sin embargo, la verdadera enseñanza no consistiría ni en un cuidado excesivo ni en el abandono, sino que adopta el carácter inquietante del encuentro con lo desconocido y el apoyo que aporta la tranquilidad necesaria.
Es en las clases donde se pueden obtener precisiones y certezas del propio oficio. Quien enseña debe encontrar equilibrios y modos de llegar a acuerdos con los otros y consigo mismo (lo que se hace requiere negociaciones, acuerdos, justificaciones y explicaciones).
Probar, experimentar y legitimarse
Hay que probar y experimentar en cada ocasión. El oficio hoy debe conquistarse. Enseñar es probar y probar haciendo. Precisamente, las pruebas sobre el producto son las que podrán otorgar certidumbre y legitimar el quehacer y el saber que se va a ir produciendo al enfrentar los desafíos a los que nos somete la experiencia.
El oficio es la capacidad de producir algo, conocerlo y hacerlo conocer. Significa que el trabajo pueda objetivarse y que el profesional pueda decir: “esta es mi obra, el resultado de mi actividad”, pueda mostrarlo y demostrarlo.
Esa impresión de producción objetiva es una de las fuerzas del oficio; es la sensación de poderlo todo.