Independencia hispanoamericana: continuidad del poder, caudillismo y militarismo en el siglo XIX
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Independencia hispanoamericana: continuidad del poder y origen del caudillismo
Transformación —o continuidad— del poder tras la independencia
Cuando termina el proceso independentista y vemos aquel mundo que se ha liberado, siguen mandando de la misma manera, pero diferentes individuos. Eso lo demuestra el comportamiento de los líderes revolucionarios, los denominados libertadores (mito colectivo en el mundo hispanoamericano). Por ejemplo, Simón Bolívar. Estos líderes, cuando alcanzan el poder, se olvidan prácticamente de todas sus promesas y asistimos a la creación de nuevos estados que empiezan a funcionar como los viejos estados, es decir, como estados del Antiguo Régimen europeo. Eso explica el militarismo y el caudillismo posteriores a 1825.
¿Por qué esa creación de un estado nuevo-viejo?
Porque no quieren cambiar nada: le tienen miedo a una auténtica revolución social, ya que, si se produjera, los sometidos les quitarían sus posiciones privilegiadas. Ese conservadurismo se manifiesta en muchas cosas concretas. Por ejemplo, aparecen emperadores, como en el caso mexicano; la mayoría de los dirigentes de los nuevos países se unen con las fuerzas eclesiásticas, con la Iglesia Católica; no adoptan ni una sola medida de contenido social; al contrario, legislan casi contra las mayorías.
Hasta qué punto es así: una vez producido el proceso independentista, los indios piden a Simón Bolívar volver al estatus que tenían cuando eran súbditos del dominio colonial español. Se crean poderes vitalicios, casi monárquicos, porque a Bolívar le faltó coronarse como a Napoleón (su ídolo). El propio Bolívar intentó crear un Senado que, teóricamente, todo parecía democrático, pero que en la práctica sería hereditario.
Visión general del proceso
Cuando se mira o se habla de la Independencia hispanoamericana, normalmente —por la falta de información— siempre nos dicen que ocurrió entre 1808 y 1825, etc., pero no se profundiza en si aquél fue un movimiento colectivo, homogéneo y unánime o, por el contrario, hubo zonas con comportamientos diferentes.
El movimiento de Independencia se caracteriza por su falta de homogeneidad; es variable y distinto según las zonas en las que se produzca. Así, podemos distinguir y establecer diferencias en el proceso de emancipación en tres zonas o tres comportamientos:
El antiguo virreinato de Nueva España
Hoy comprende buena parte de lo que son ahora los Estados Unidos (en su mitad norte), México y América Central. En esta zona, y sobre todo en los primeros años (1810–1815), hay un proceso revolucionario que sí tiene un contenido social y racial. Nos lo demuestran la etnia y el origen de los propios líderes independentistas: Hidalgo y Morelos, que eran mestizos, lo que demuestra que el proceso independentista en Nueva España tiene una composición étnica y racial particular. Esto se produce porque esa zona, en un 95%, era india y mestiza, y su presencia era tan poderosa y tan fuerte que además estaba asegurada.
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