El Imperativo Cultural de la Felicidad: Historia, Ética y Crítica de la Autoayuda
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La Felicidad: La Salvación Moderna y el Imperativo Cultural
La Introducción aborda el imperativo cultural de la felicidad, resumido en el mandato: “El mandato para ser felices”.
El nacimiento de la autoayuda, la exigencia de ser “positivos” y la nueva esencia moral de la psicología han llevado a que la gente funcione bajo una moral emotivista. Esta nueva sustancia moral, el imperativo cultural de la felicidad, es un fenómeno relativamente reciente, ligado al desarrollo de la autoayuda en la psicología.
Es crucial criticar este concepto, que se ha difundido culturalmente y se ha instalado en el sentido común, para poder estudiar la autoayuda, el imperativo y la orden de la felicidad.
I. Escalas en la Idea de Felicidad: Evolución Histórica
1. La Felicidad en la Antigüedad y el Cristianismo
Antes de que la psicología colonizara la felicidad, existía un concepto en Aristóteles, desarrollado en la Ética a Nicómaco, que estaba unido a la práctica política. No era un concepto ni individualista ni sentimental, sino moral.
- El Estoicismo: (al que se dedica el capítulo 7) La felicidad para los griegos es algo moral, en el sentido grecorromano.
- El Cristianismo: Tras la Antigüedad, la gente comenzó a creer en Dios. Se vivía y se moría sin plantearse ser felices. La idea de eudemonismo (felicidad) en el cristianismo no era un objetivo mundano.
2. El Siglo XVIII y la Ilustración
La idea de felicidad comienza a tomar forma en el siglo XVIII. Los franceses ilustrados escriben los primeros tratados sobre la felicidad, ya que en ese siglo aún no existía la psicología. La premisa era: “uno es feliz si está en sociedad”.
II. La Autoayuda y los Códigos de Legitimación
La autoayuda implica una concepción específica del yo y de la identidad. Contiene mandatos y legitimaciones que Norbert Elias denominó el código de la civilidad (comportarse como un ser distinguido, un conjunto de órdenes que permite controlar el comportamiento de los hombres).
La legitimación es una justificación. H. Béjar habla de códigos, específicamente del código positivo. Cada código tiene legitimaciones distintas:
- Legitimación mentalista: la mente lo puede todo.
- Legitimación religiosa.
- Legitimación psicologista.
- Legitimación espiritualista (a la que se dedica el capítulo 4).
Los franceses fueron pioneros en esta inquietud, conectando con el estoicismo.
III. Dos Vías para la Felicidad en la Autoayuda
Se distinguen dos vías para la felicidad dentro del movimiento de autoayuda:
1. La Vía de la Cultura Psicoterapéutica
Esta vía incluye tanto la vertiente negativa como la positiva (siendo esta última la dominante). Es positiva porque lo que no queremos alcanzar es el ser infelices. Freud, por ejemplo, no creía en la felicidad.
El estoicismo se opone claramente a toda la autoayuda que apela a la psicología, ya que es un racionalismo. La nueva espiritualidad, como el budismo, también se presenta como una vía.
2. La Vía Positiva y el Voluntarismo
El auge de esta vía se relaciona con el boom de la meditación en los años 60 (que inicialmente tenía una connotación hippie), pero el verdadero impulso comienza con la Psicología Positivista de Martin Seligman.
Aunque Seligman es del siglo XX, ya existían fuentes primarias a finales del siglo XIX y principios del XX. Uno de los primeros libros de selfness es el de Benjamin Franklin (siglo XVIII), considerado el primer libro de autoayuda. Franklin proponía una serie de virtudes para hacer dinero y regir la vida, incluyendo:
- Un calendario de los días de la semana.
- La resolución y la laboriosidad (conectando con la ética protestante de Weber).
- La confianza en sí mismo y la autosuficiencia.
Esto hace referencia a que los individuos pueden hacer lo que quieran con su vida, a base de esfuerzo, consecuencias y métodos. Esto no es solo individualismo, sino una cultura voluntarista.
IV. Crítica y Consecuencias
La autoayuda supone una antropología positiva: el individuo puede conseguir lo que quiere. Esto se conecta con el New Thought y el Mind Cure.
Estos repertorios culturales (psicología cultural, formas de autoinspección y autoproblematización) conectan con la crítica de Zygmunt Bauman, quien señala que la autoayuda lleva a la culpabilización individual (“cada cual a cada cual lo lleva uno a decir que no es positivo que no debe hacer esto o lo otro”). Una de las constantes es que la autoayuda suspende lo social (en el sentido de la fenomenología que pone entre paréntesis lo social).