Impacto de la Crisis Económica en los Procesos Migratorios de España
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Impacto de la crisis y las políticas de austeridad en la migración
La crisis y las políticas de austeridad impulsadas por los gobiernos españoles han tenido un importante efecto sobre la dinámica de los procesos migratorios en España. Estos cambios marcan el comienzo de una nueva fase en que la salida de españoles, sin ser un fenómeno masivo, ocupa un lugar destacado en los medios y en la agenda política.
El cambio de tendencia en los flujos migratorios
El cambio de tendencia en los flujos migratorios ha sido una de las consecuencias más inmediatas y visibles de la crisis económica que atenaza al país desde 2008. Tras el boom inmigratorio iniciado en 2000, las entradas de extranjeros se han desplomado a la vez que los flujos de salida han aumentado paulatinamente, registrándose un saldo migratorio negativo en el año 2012. En la inversión del ciclo migratorio, el retorno de extranjeros se ha visto eclipsado por el creciente número de españoles que se están marchando del país. En efecto, desde el inicio de la crisis hasta 2012, último año con datos disponibles, la Estadística de Variaciones Residenciales del INE ha contabilizado unas 216.000 bajas de españoles.
Contexto histórico y comparativa internacional
No obstante, las cifras de emigración, consideradas en términos relativos y comparando con otros países de nuestro entorno, darían cuenta de un fenómeno de baja intensidad demográfica. Los datos más recientes de Eurostat sitúan a España, con 1,3 emigrantes por cada mil habitantes en 2011, a la cola de los países también sometidos a ajustes estructurales en sus economías, tras Irlanda (9,8‰), Grecia (6,1‰) y Portugal (4,1‰).
En otros contextos históricos, España también tuvo un protagonismo secundario en las corrientes de migración internacional. Así, en la fase de emigración transoceánica en la década anterior a la Primera Guerra Mundial, se ha estimado que salieron del país entre un millón y medio y dos millones de personas. Ya en la segunda oleada migratoria europea, tras la Segunda Guerra Mundial, los cálculos más consistentes indican que, entre 1960 y 1973, más de dos millones de españoles se desplazaron hacia países del norte y centro de Europa.
La emigración de perfiles cualificados y la fuga de cerebros
La información estadística disponible no permite determinar su dimensión ni discernir si la crisis ha acentuado la presencia en los flujos de personas con una mayor cualificación. Es cierto que los recortes presupuestarios en investigación están provocando la emigración de personas altamente cualificadas. Sin embargo, hay que tener en cuenta que la migración de científicos, ingenieros y profesionales no es un hecho coyuntural por cuanto afecta a otras economías desarrolladas y es alentada en el marco de las denominadas sociedades de la información, donde la circularidad es consustancial a la trayectoria académica.
Nuevas tipologías de migración en la era de la globalización
En esta línea, la salida de jóvenes con educación superior ha sido considerada una característica definitoria de una “nueva” emigración española, en claro contraste con la emigración masiva, predominantemente masculina y poco cualificada de mediados del siglo pasado. Pero la relativa novedad soslaya la emigración que se venía produciendo antes de la crisis y que fue relegada a un segundo plano ante el empuje de la inmigración internacional. De esta manera, la migración temporal de trabajadores ha coexistido con la movilidad de estudiantes y trabajadores altamente cualificados y profesionales. Esta última aúna nuevas tipologías de migración basadas en otras motivaciones no estrictamente económicas y en la flexibilidad espacio-temporal imbricada en el proceso de globalización y la nueva división internacional del trabajo.
Movilidad interna en la Unión Europea y mecanismos de ajuste
Fuera de nuestras fronteras, la presencia cada vez más numerosa de jóvenes españoles y de otros países del sur en Alemania, Reino Unido, Francia, los Países Bajos o Suiza ha suscitado un renovado interés por la movilidad interna en la Unión Europea. Ésta es considerada una respuesta potencial a la demanda de trabajadores cualificados. También se plantea como mecanismo de ajuste de las divergencias en los mercados de trabajo de los países comunitarios. En este contexto se ubican, por ejemplo, las medidas destinadas a captar y favorecer la circularidad de trabajadores cualificados no comunitarios, como la denominada Tarjeta Azul UE.