Impacto de la Alimentación en la Diferenciación Social: Clase, Género y Roles Domésticos

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Alimentación y Diferenciación Social: "Comemos lo que somos"

La alimentación está condicionada por nuestra realidad biológica, psicológica y social. Variables socioculturales, como la clase social, la edad, el género, la identidad o el grupo étnico, determinan nuestras opciones y preferencias alimentarias.

Alimentación y Clase Social

Los contrastes entre las comidas de ricos y pobres, en términos de ingredientes, estructura y modales de mesa, han servido históricamente para manifestar diferencias de estatus y control político. Como reza el dicho: «El noble come cuando quiere, el monje cuando le toca y el pobre cuando puede».

Históricamente, la alimentación ha estado ligada al prestigio social y al estatus. Mientras los pobres se sustentaban con pan, queso y otros alimentos simples, los nobles y terratenientes podían sentarse a la mesa para ingerir ágapes consistentes en veinte o treinta platos diferentes. Así, la calidad y cantidad de los alimentos son igual a diferenciaciones sociales.

En Europa, se ha observado que el maíz representaba hasta el 90 % de la ingesta total de alimentos en ciertos contextos. El estatus de los alimentos puede ser determinado por su consumo por parte de personas de alto estatus.

Alimentación y Género

Las mujeres se asocian a la cocina doméstica y cumplen con los grupos domésticos como receptoras naturales de responsabilidades preventivas, terapéuticas y asistenciales. Además, llevan una doble carga de trabajo doméstico y extradoméstico. La incorporación de alimentos preparados permite disminuir el tiempo dedicado a la cocina. La revolución tecnológica provee a los hogares de electrodomésticos que transforman las maneras de llevar a cabo los trabajos alimentarios.

Participación Doméstica y Tiempo Dedicado

En efecto, la mecanización y la realización por parte de terceros (servicios públicos y privados) del trabajo doméstico han contribuido a que se emplee menos tiempo en la realización de estas tareas.

Las mujeres trabajan en casa tres veces más que los hombres: 1 hora y 57 minutos cada día para las mujeres, mientras que los hombres dedican 49 minutos.

La clasificación de Durán (1988) reparte las tareas domésticas en diez bloques:

  • Administración de recursos y consumos
  • Socialización y cuidados de los niños
  • Limpieza
  • Costura
  • Alimentación
  • Cuidado de enfermos
  • Transporte
  • Reparación y mantenimiento de la vivienda
  • Cuidado de las plantas y animales domésticos

De las 32 tareas domésticas, la mujer realiza 28 y el marido 2. Una mujer invierte 4 horas y 48 minutos al día (trabajando fuera), mientras que el hombre dedica 1 hora al día.

La compartición de cocinar y comprar alimentos entre madres e hijas es superior, en general, a la que se produce entre madre e hijos. La madre está encargada de tareas que requieren dedicación, tiempo y esfuerzo, tales como la producción, almacenaje, conservación, cocinado, reciclaje de sobras, control de calidad, cronometración del tiempo, planificación de la compra y organización del menú.

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