Ilustración y Neoclasicismo en el siglo XVIII en España: literatura, teatro y pensamiento
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La Ilustración
La Ilustración es el movimiento ideológico desarrollado en Francia durante el siglo XVIII y se caracteriza por defender la razón frente a la fe, y por la confianza en la ciencia y en la educación como únicos medios para conseguir el bienestar de la población. El deseo de obtener representación política da lugar, hacia finales del siglo XVIII, a la Revolución (1789).
En España, en el siglo XVIII, comenzó la coronación de Felipe V, que pertenecía a los Borbones. Los Borbones emprendieron un conjunto de reformas cuyo objetivo era la modernización del país; para ello se rodearon de los ilustrados.
Neoclasicismo
Los ilustrados mantenían ideales estéticos basados en la razón y la sobriedad formal, y rechazaban los excesos de imaginación. El arte clásico se convirtió en el modelo a seguir de los ilustrados, motivo por el que a este movimiento se le llama neoclasicismo. Defendía los siguientes principios:
- La claridad, el equilibrio y la moderación en las formas.
- La imitación de los modelos grecolatinos y el respeto a los cánones clásicos.
- La finalidad didáctica del arte y la literatura: enseñar y mejorar las costumbres.
- El uso de la razón como criterio estético y moral.
Las obras literarias debían ser reflejo de la realidad y manifestar un espíritu crítico ante el mundo. Los autores debían imitar a los escritores grecolatinos ajustándose a cánones clásicos; la literatura tenía una clara intención didáctica.
El ensayo
Durante el siglo XVIII el ensayo fue la forma literaria más cultivada en prosa, dado que era el género más eficaz para difundir los propósitos reformadores. Los ensayistas más destacados fueron Feijoo y Jovellanos.
Benito Jerónimo Feijoo (1676-1764)
La ingente obra de Feijoo, recogida en el Teatro crítico universal y las Cartas eruditas y curiosas, tuvo la finalidad de divulgar el conocimiento, criticar las costumbres de la sociedad española y desterrar las supersticiones. Emplea un estilo sencillo en el que utiliza múltiples ejemplos y anécdotas.
Gaspar Melchor de Jovellanos (1744-1811)
Consigue mezclar en sus obras la intención didáctica y la crítica del neoclasicismo con un estilo que muestra una gran sensibilidad artística. Sus obras más importantes son la Memoria para el arreglo de la policía de espectáculos y divisiones públicas y el Informe sobre la ley agraria.
La prosa de ficción
En el siglo XVIII la prosa de ficción se centra en el examen de la realidad y en la crítica de las costumbres. En este campo destaca la obra de José Cadalso.
José Cadalso (1741-1782)
Realizó viajes por Europa, lo que le proporcionó una formación cosmopolita que se refleja en las Cartas marruecas y en las Noches lúgubres.
La novela filosófica
El afán didáctico de los autores ilustrados originó una diversidad de novelas en las que se reflexiona sobre la naturaleza del ser humano, de la sociedad y de la educación. Grandes obras de este género son Cándido, o el optimismo de François-Marie Arouet (Voltaire).
La poesía
Los principios neoclásicos en la poesía se manifiestan a través de dos tendencias:
- La lírica clásica, que predomina con una visión armónica e idealizada de la naturaleza.
- La poesía social y filosófica, que exalta los principios culturales de la Ilustración.
El poeta que desarrolla ambas tendencias en su obra es Juan Meléndez Valdés. La fábula fue un género muy cultivado por los ilustrados, ya que responde a la preocupación didáctica de la época. Se trata de una composición narrativa en verso en la que animales o seres animados protagonizan una historia que contiene enseñanzas o moralejas. Los fabulistas más destacados en España son Tomás de Iriarte y Félix María de Samaniego.
El teatro
Durante el siglo XVIII, el panorama teatral estuvo marcado por el debate entre los defensores del teatro popular barroco, cuyo fin era entretener al público, y los autores ilustrados, quienes exigían una renovación del teatro. Los dramaturgos ilustrados restablecieron los preceptos clásicos y pensaban que las obras debían huir de la mera diversión y contribuir a la reforma de las costumbres de la sociedad.
Leandro Fernández de Moratín (1760-1828)
Su estilo corresponde con su propósito literario: crear una comedia sobria, sin adornos, en la que se muestren las conductas, errores y virtudes de la clase media. Sus principales obras son La comedia nueva o El café y El sí de las niñas.