Ilustración europea: Montesquieu, Voltaire, Rousseau, Sterne y los enciclopedistas
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Montesquieu
Montesquieu: Fue un noble con profundos conocimientos políticos, jurídicos y científicos. Tras viajar por Europa, se recluyó en su castillo, donde se dedicó a madurar y redactar sus grandes obras. En la que más empeño puso fue El espíritu de las leyes, tratado político donde reflexiona sobre las circunstancias a que han de ajustarse las leyes en cada país y donde se muestra partidario de la división de poderes: legislativo, ejecutivo y judicial. Desde el punto de vista literario, su libro más influyente ha sido Cartas persas. El estilo de la obra es claro y elegante, con frases breves, pero muy precisas y cargadas de intención.
Los enciclopedistas
Los enciclopedistas: Para ilustrar al pueblo y hacerlo partícipe del progreso, los ilustrados crearon la Enciclopedia, la empresa cultural más importante de la Ilustración francesa. La obra fue planeada y dirigida por el célebre matemático Jean d'Alembert y por el escritor Denis Diderot, quienes le dedicaron con abnegación y heroísmo todas sus fuerzas. La Enciclopedia contiene juicios revolucionarios sobre política, economía y sociedad; sobre los sistemas educativos, la religión, los derechos de la persona y de los pueblos, entre otros temas.
Características de la novela ilustrada
Con la excusa de que la ficción se opone a la realidad y de que la novela es pura invención, los ilustrados consideraron este género poco serio y perjudicial para los lectores. Se pueden agrupar en diversas clases:
- Filosóficas: por su componente ideológico y su finalidad didáctica.
- Realistas: que, bajo la envoltura picaresca, ofrecen un fresco de la sociedad de la época.
- Sentimentales: que ahondan en la realidad psicológica, especialmente de la mujer; por su sentimentalismo y la emoción de la naturaleza, podrían calificarse de prerrománticas.
- Eróticas: como Las relaciones peligrosas, única novela conocida de Choderlos de Laclos, en la que retrata con brillantez y cinismo el comportamiento libertino de la nobleza dieciochesca francesa.
Voltaire
Voltaire: Uno de los intelectuales del siglo XVIII más influyentes en Europa. En todos sus escritos defiende la tolerancia, el progreso, la igualdad y las libertades políticas e individuales del ciudadano. Escribió tratados históricos y filosóficos, tragedias, un poema épico y relatos o novelas cortas. De sus amoríos y aventuras extravagantes nacieron sus relatos filosóficos: narraciones disparatadas e irónicas, pero cargadas de sentido para hacer meditar a los lectores. En Zadig se sirve de una exótica historia oriental para reflexionar sobre la felicidad humana y los caprichos del destino. En Cándido utiliza el género de aventuras para satirizar amargamente las teorías filosóficas en boga. En El ingenuo contempla críticamente a la civilizada Francia desde el punto de vista de un salvaje recién llegado a ella.
Rousseau
Rousseau: Es el escritor que más ha influido en la evolución de las ideas en Europa. En sus Discursos (Sobre las ciencias y las artes; Sobre la desigualdad entre los hombres) y en El contrato social nos dejó sus opiniones sobre el progreso, que para él no supone sino decadencia y deshumanización, y sobre la sociedad, que ahoga al individuo. En sus novelas filosóficas Emilio y La nueva Eloísa vertió las ideas que más le preocupaban, así como sus experiencias y sus desventuras sentimentales. Rousseau dio a la novela forma epistolar, según la moda de la época, lo que le permitió ahondar más en las efusiones sentimentales de los personajes. Su éxito fue enorme.
Sterne
Sterne: Un excéntrico clérigo anglicano, es el autor de Vida y opiniones del caballero Tristram Shandy, uno de los libros más curiosos de la literatura universal. No es una autobiografía al uso, a pesar de lo que anuncia el título, pues el narrador permanece en el vientre de su madre durante buena parte de la obra y, cuando ésta acaba, no tiene más allá de cinco años. Los episodios y diálogos, muchas veces banales, entre unos curiosos personajes son interrumpidos con frecuencia por las digresiones del narrador o de los supuestos lectores. Hay, además, un manifiesto desprecio por la cronología (saltos temporales hacia atrás o hacia adelante), juegos tipográficos (páginas en negro, capítulos en blanco, garabatos que reproducen los vaivenes de la narración…), citas en latín o en francés, juegos de palabras, etc. Esta descarada burla de la escritura misma convierte a Sterne en un precursor de la novela experimental del siglo XX.