I Internacional e internacionalismo obrero: origen, expansión y enfrentamiento Marx–Bakunin
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El internacionalismo y la I Internacional
La toma de conciencia de la existencia de una solidaridad internacional entre la clase trabajadora de los distintos países aparece casi al mismo tiempo que los movimientos obreros organizados. Entre los medios de emigrados políticos, la idea de una organización internacional va tomando cuerpo y se están poniendo las bases que llevan a la creación de la I Internacional. La primera Internacional nació como consecuencia natural del movimiento obrero autónomo al afianzarse en todos los ámbitos, y su mérito corresponde al mutuo interés que sienten, la una por la otra, las organizaciones obreras de Francia e Inglaterra.
Orígenes y constitución
Desde el viaje realizado en 1862 por una delegación de obreros franceses a Inglaterra se establecen los primeros contactos, que desembocan en la constitución en Londres, en 1864, de la Asociación Internacional de Trabajadores (AIT). El llamamiento de Marx y Engels —«¡Proletarios del mundo, uníos!»— dejaba de ser una aspiración y se convertía en realidad. La AIT se inauguró en un mitin celebrado en Saint Martin’s Hall el 28 de septiembre de 1864. A dicha reunión acudieron obreros ingleses, franceses, alemanes y emigrados políticos de varios países más, como blanquistas, trade-unionistas o mazzinianos.
Organización interna
Las organizaciones quedaban coordinadas en un Consejo General, cuyo órgano máximo era el Congreso, anual, en el cual se debatía, proponía y definía las tácticas a seguir para alcanzar los objetivos perseguidos por los obreros. La expansión e implantación de la AIT en Europa transitó por Suiza, Francia y Alemania, al menos a juzgar por el número de secciones representadas en el primer congreso de Ginebra (1866). Otros países donde la Asociación Internacional de Trabajadores tuvo relativa importancia fueron Bélgica y España, a los cuales no llegó hasta 1868.
Composición social y difusión
Los afiliados de la AIT eran principalmente artesanos y trabajadores de oficios tradicionales, campesinos y obreros industriales. También hay que señalar que la AIT tuvo mucha más difusión en la ciudad que en el campo.
Expansión y actividad (1868–1870)
Entre 1868 y 1870 la AIT adquirió gran impulso: por un lado, en los países donde estaba implantada la organización tomó una acción y una amplitud sin precedentes; por otro, se extendió a otros países europeos. Además, se celebraron una serie de Congresos que son muestra de su actividad y vitalidad:
- Bruselas, 1868
- Basilea, 1869
- Ginebra, 1866 (primer congreso)
Reivindicaciones y reacción gubernamental
Las reivindicaciones de la AIT incluían, entre otras:
- Jornada laboral no superior a ocho horas.
- Supresión del trabajo infantil.
- Mejora de las condiciones laborales de las mujeres.
- Desaparición del ejército permanente.
- Huelga como medio de acción eficaz para conseguir objetivos.
La actitud de los Gobiernos fue primero de reserva y prudencia, pero luego, a partir de 1871, de abierta hostilidad, debido a la naturaleza de estas reivindicaciones.
Conflictos internos y desaparición (1870–1872)
Surgen entonces los problemas que llevarán a la caída y desaparición de la AIT entre 1870 y 1872: las diferencias entre Marx y Bakunin. Bakunin fundó la Alianza Internacional de la Democracia Socialista, lo que llevó al enfrentamiento y a la escisión entre socialistas y anarquistas. La rivalidad entre Marx y Bakunin tenía una base personal, pero predominaban las diferencias ideológicas.
La discrepancia fundamental residía en la diferente idea del Estado y en los objetivos para desarticular las instituciones burguesas y a la propia burguesía. Para los anarquistas, la posición fue de oposición al Estado; para los marxistas, el Estado es una institución mediante la cual una clase explota a otra, por lo que resulta favorable que los trabajadores lo tomen para acabar con la burguesía.
Legado
La experiencia de la AIT marcó el mapa del movimiento obrero europeo del siglo XIX: impulsó la cooperación internacional de los trabajadores, definió reivindicaciones laborales que luego serían centrales para las organizaciones sindicales y políticas, y dejó lecciones sobre las tensiones entre corriente estatistas y antiestatistas dentro del movimiento obrero.