Humanización y hominización: lenguaje, inteligencia y capacidad simbólica en los homínidos

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La humanización

La aparición de la cultura, entendida como el conjunto de informaciones adquiridas a través del aprendizaje social, es lo que significa la humanización, y su relación con la hominización fue simultánea y recíproca. Así, por ejemplo, el desarrollo del habla como hecho biológico posibilitó una mejor organización de la caza y de la vida social del grupo, y esto, a su vez, influyó en que se afianzara o consolidara el cambio biológico.

El proceso de humanización —que implica tanto las relaciones con el medio como la comunicación y las relaciones sociales por las que el hombre se adapta al entorno de una manera determinada— es complementario con el de hominización: ambos se producen de forma relacionada, influyéndose mutuamente y no de manera secuencial.

¿Qué diferencia a la inteligencia humana de la llamada “inteligencia animal”?

La inteligencia se refiere a la capacidad para solucionar problemas: inventar soluciones nuevas y resolver situaciones para las cuales ni el instinto, ni los reflejos ni los hábitos proporcionan respuestas adecuadas. Se suele distinguir entre inteligencia práctica e inteligencia lógico-abstracta.

La inteligencia práctica es el tipo de inteligencia encaminado a la manipulación y fabricación de utensilios para satisfacer necesidades vitales. Esta capacidad está presente en algunos animales. Por inteligencia específica entendemos la capacidad de realizar razonamientos basados en una experiencia conservada por la memoria, capaz de predecir y de desarrollar la simbolización, sobre todo a nivel del lenguaje inserto en un medio social.

El animal puede resolver un problema concreto, mientras que el Homo habilis, que inventó la talla de piedras, las utilizaba no sólo para resolver una situación concreta sino para cualquier situación semejante: capacidad de abstracción (separación de la situación concreta). Es capaz de generalizar, de adaptar una solución a un problema o de idear una nueva solución a partir de la combinación de informaciones anteriores.

Por ejemplo, después de un proceso de adiestramiento, el animal aprendió a apagar una llama que le impedía coger un plátano situado detrás de ella, usando un vaso para llenar de agua un pequeño depósito y así extinguir la llama. Los animales pueden trabajar con datos presentes, como comida o instrumentos que ven, y sus respuestas son mucho más exactas si el problema que se les presenta está relacionado con sus necesidades biológicas. Cuando no se cumplen estas condiciones, las respuestas suelen ser mucho menos "inteligentes". Por otro lado, se han realizado experimentos que demuestran que los animales son capaces de utilizar instrumentos o incluso de fabricarlos con sus manos.

El lenguaje y la capacidad simbólica

Una manifestación fundamental de la capacidad simbólica es el lenguaje articulado. Los animales, aunque pueden emitir y entender signos que expresan emociones básicas como dolor, alegría, temor, rechazo o atracción, no pueden expresar con la misma complejidad instrucciones, teorías, reglas o valoraciones. El lenguaje supone una diferencia cualitativa; es decir, un rasgo específicamente humano.

Se supone que el lenguaje articulado ha derivado de un primer lenguaje gestual. Entre las hipótesis que intentan explicar su aparición destacan:

  1. Mutación genética. Una mutación habría causado esta especialización. Habría sido múltiple y comportado un largo proceso, ya que habría requerido cambios en la organización del cerebro, el conducto vocal y el sistema auditivo.
  2. Aumento de la inteligencia general. Un incremento progresivo de la inteligencia favorecería la aparición y el crecimiento de la capacidad simbólica y lingüística.
  3. Combinación de señales gestuales y vocales. La generalización de señales gestuales de alarma o de aviso podría haber provocado que éstas se fueran combinando paulatinamente con señales vocales.

Es posible que las tres teorías sean complementarias (George A. Miller). Lo que sí está claro es que, para que apareciese el lenguaje en los homínidos, tuvieron que darse varias condiciones:

  • Una predisposición para comunicarse.
  • La capacidad de imitar sonidos.
  • La inteligencia necesaria para aprender a poner nombres y relacionar entre sí clases de objetos.

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